El jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy, se reunió, por separado, en la mañana del jueves con los defenestrados José Manuel García Margallo y Jorge Fernández Díaz para comunicarles su salida del Gobierno. A diferencia de los ministros que prosiguen en sus cargos y de aquellos que se incorporan por vez primera, que se enteraron de su destino vía telefónica, Rajoy quiso tener la deferencia de decírselo en persona, según ha podido saber El Independiente. Lo cierto es que tanto uno como otro estaban de salida. En el ex ministro de Asuntos Exteriores era muy evidente, sólo hacía falta verle con la soltura con que aludía, en tono muy crítico y en público a algunos compañeros de gabinete. Fernández Díaz, mucho más discreto, era consciente de que la reprobación de todos los grupos del Congreso iba a pesar en el ánimo de Rajoy, fundamentalmente por el mensaje de confrontación en que se hubiera interpretado su continuidad.

De hecho, fueron Margallo y Fernández Díaz de los primeros en enterarse de los planes que Rajoy tenía para ellos. En el PP creen que el presidente del Gobierno buscará algún acomodo para el ex ministro del Interior, al que le unen 30 años de historia política. De profundas convicciones religiosas, la embajada en el Vaticano siempre puede ser un buen destino. Más complicado lo tiene Margallo. La relación con Rajoy no parece pasar por el mejor de sus momentos. El que fuera el más mayor del gabinete, 72 años, acabó yendo por libre, creando problemas más que solucionarlos “y confundiendo las prioridades, es mucho más importante el destino de los 300.000 españoles que viven en el Reino Unido que Gibraltar”, arremeten fuentes populares.

También ha salido del Gobierno Pedro Morenés, pero, en su caso, fue a petición propia, lo que le permitió a Rajoy tener más margen de maniobra en la elección de sus nuevos ministros y no exigió de él un tacto especial para comunicarle que no continuaba.

El G-8 queda disuelto. Sólo Cospedal puede encabezar un sector crítico a Santamaría en el Gobierno

Más contenta estará, sin duda, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, una vez se ha desmantelado el llamado G-8, esto es, el sector de ministros que le eran críticos. Con Ana Pastor de presidenta del Congreso de los Diputados y sin Margallo, Fernandez Díaz y Miguel Arias Cañete, el grupo es historia. Otra cosa es que María Dolores de Cospedal capitanee un nuevo frente con ministros como Juan Ignacio Zoido, Isabel García Tejerina, Rafael Catalá e Íñigo Méndez de Vigo. De momento se desconoce la “adscripción” de Alfonso Dastis, Íñigo de la Serna y Dolors Montserrat, aunque esta última siempre ha estado enfrentada a los Fernández Díaz, esto es, Jorge y Alberto.

Al resto de los ministros Mariano Rajoy les reservó una llamada telefónica. Méndez de Vigo ha revelado que se enteró en la misma mañana del jueves. García Tejerina incluso por la tarde, treinta minutos antes de que Rajoy se reuniera con el Rey, a las 18 horas. El ministro de Exteriores también lo supo pocas horas antes, aunque cuesta pensar que no se les hubiera sondeado, sobre todo a los nuevos, para conocer su disponibilidad. No sería la primera vez que alguien rechaza la propuesta de entrar en el Gobierno. Lo hizo Cospedal cuando se le ofreció en junio de 2015 que sustituyera a José Ignacio Wert en Educación. También a José María Aznar le dieron calabazas. Fue la actual eurodiputada Pilar del Castillo. Aznar la quiso en su primer gobierno de titular de Medio Ambiente, que era, precisamente la especialidad de su esposo, Guilllermo Gortázar, dirigente el PP. Para evitar un cisma familiar rechazó el ofrecimiento. Lejos de cualquier tipo de represalia fue nombrada directora del CIS y terminó de ministra, también de Educación.

Conforme iban conociendo su continuidad o inclusión en el Consejo de ministros se encerraban en los despachos. Fuentes de Moncloa confirman que eso pasó con Sáenz de Santamaría y con Álvaro Nadal, nuevo ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, aunque es alérgico a Twitter. Paradojas de la vida.