La muerte de Rita Barberá ha puesto al PP y a Podemos frente a sus contradicciones. La ex alcaldesa de Valencia -68 años, 24 de ellos como alcaldesa- encarnaba un símbolo de corrupción que pesaba a los populares, deseosos de alejar del partido cualquier sombra de duda. En septiembre le invitaron a abandonar el partido por las causas que tenía pendientes en los tribunales, y Barberá se dio de baja. La senadora, en cambio, nunca renunció a su escaño y permaneció en primera línea hasta cinco días antes de su muerte, cuando acudió al último acto solemne en el Congreso, la apertura de Las Cortes, el pasado jueves, en un gesto que fue mal recibido por las mismas filas que ahora lamentan su marcha.

Podemos, que tiene por bandera la causa social y la regeneración democrática, ha abandonado la primera en pos de la segunda y ha rechazado asistir al minuto de silencio por su muerte en el Congreso -sí lo ha respetado, por contra, en el Senado-, donde se celebra este miércoles la primera sesión de control del Gobierno en la Cámara. A unos metros de allí está el hotel donde ha fallecido Barberá. Una muerte que, con el paso de las horas, también se ha revestido de política para marcar aún más la división entre ambas formaciones.

Iglesias reclama homenajes a las «víctimas de la corrupción»

«Un minuto de silencio es un homenaje póstumo, y nosotros no vamos a participar en un homenaje a una persona cuya trayectoria ha estado marcada por la corrupción», ha asegurado Pablo Iglesias después de que se diera a conocer la noticia y después de transmitir sus condolencias a la familia y amigos de Barberá. El resto de partidos han afeado la ausencia y han reducido el homenaje a «gesto de humanidad y solidaridad».

En compensación, y frente a las críticas, Iglesias ha sacado a relucir otra pata social con una alusión a las «víctimas de la pobreza energética» o «de la corrupción», y replicaba que «quizá tendría más sentido» dedicarles a ellos un homenaje, en lugar de a la senadora, a la vez que se ha recordado la pregunta sobre la pobreza energética que iba a lanzar en la sesión de control.

Nos da asco hacer cola con Barberá», defendió Iglesias el jueves

La ex alcaldesa, imputada por el Tribunal Supremo, también fue el motivo que Iglesias dio el pasado jueves para no acudir a los actos solemnes: «No vamos al besamanos porque nos da asco hacer cola con Barberá», mantuvo entonces. Las críticas han llegado desde PSOE, C’s y especialmente desde el PP. Su portavoz, Rafael Hernando, ha reprochado a Podemos su ausencia, puesto que otras formaciones como ERC y Compromís sí asistieron al acto. «Esto coloca a Podemos en la marginalidad», aseguró. En la cuenta oficial del partido, han querido reafirmarse y han agradecido a las formaciones que han mostrado sus condolencias «por encima de cualquier diferencia política», afeando así la decisión de Podemos.

En el Senado, la formación de Iglesias sí entró al hemiciclo en el minuto de silencio, no sin antes mantener un intenso debate en los pasillos sobre si acudir o no. El portavoz del grupo, Ramón Espinar, en un momento de la conversación, se ha preguntado: «Quién va a hacerle un homenaje a la tipa esta». Maribel Mora, portavoz adjunta del grupo, ha tenido la última palabra: «Todos adentro».

«La habéis condenado a muerte»

Si Podemos ha escenificado esta mañana su división, el PP ha protagonizado un punto de inflexión, y sus compañeros de filas, que hasta hoy esquivaban las alusiones a Barberá, han salido en su defensa póstuma. Un cambio de rumbo que ha sido denunciado por el ex presidente de Gobierno José María Aznar, que ha criticado que Barberá «haya muerto habiendo sido excluida del partido al que dedicó su vida», ha expuesto en un comunicado. Se refería así a las presiones que recibió la ex alcaldesa de Valencia para dejar el PP, algo que acabó haciendo en septiembre en una ‘dimisión a medias’, por la que dejaba el partido pero no renunció a su escaño en el Senado.

Pese las presiones de entonces, este miércoles al filo de las diez de la mañana acudían varios altos cargos del PP al hotel donde se alojaba la fallecida, frente al Congreso, la misma Cámara de la que la ex alcaldesa salió el pasado jueves en soledad, sin la compañía de nadie de su partido, y buscando el saludo de quienes no renegaban de ella. El día de su muerte, cinco días después, Mariano Rajoy, presidente de Gobierno, ha acudido a la sesión de control al mismo lugar visiblemente emocionado: «Se hace muy duro esto», lamentaba el líder del PP, que admitía estar «enormemente apenado».

La habéis condenado a muerte», espetaba Villabos a la prensa

El partido emitía casi un escueto comunicado de diez líneas en el que expresaba su «profundo dolor» y recordaba la dedicación de Barberá a los valencianos con «una obra que quedará en la memoria». Varios diputados populares se rasgaban las vestiduras tras la noticia y criticaban el «escarnio» al que se sometió a la senadora, sin que nadie llegara a cantar el mea culpa. Celia Villalobos, una de las pocas figuras que le defendieron en vida, ha sido la más contundente.

«La habéis condenado a muerte», ha  asegurado, dirigiéndose a la prensa durante una intervención en Espejo Público. «Me daba las gracias por defenderla, la última vez anteayer», relataba la diputada, que también ha señalado a la prensa. Villalobos ha asegurado que la senadora «estaba destrozada» por las acusaciones, y ha querido rebajar los cargos que se le atribuyen: «Han procesado a Rita Barberá por mil euros y ya no se podrá defender».

El ministro de Justicia, Rafael Catalá, también ha querido subrayar que “cada uno tendrá sobre su conciencia lo que ha hecho y ha dicho” de ella, “las barbaridades que se le han atribuido sin ninguna prueba y justificación”. Jesús Posada calificaba el último episodio de su vida de «cacería injustificada», en el mismo sentido que se ha pronunciado Xavier García Albiol, que ha destacado la «gran presión social» a la que se enfrentaba la senadora, a la que a su juicio han «machacado excesivamente». El líder de los populares catalanes ha llamado a la reflexión, dirigiéndose a los diputados de Podemos: «El ensañamiento político debe tener determinados límites».