No son solo los vicesecretarios los que han asistido con cierto estupor el discurrir de los acontecimientos desde el fallecimiento de Rita Barberá. Dándole al tema la importancia que tiene, existe un nuevo PP que se pregunta ahora «dónde estaban muchos» de los que han salido en defensa cerrada de la ex alcaldesa mientras se avanzaba en la investigación del «caso Taula». «Es cierto que se les ha podido quedar mal cuerpo a más de uno, porque está más claro que el agua que le hicieron el vacío», afirman fuentes regionales del partido que destacan cierto grado de «incoherencia» entre echarla de la formación y, al tiempo, poner un libro de condolencias en la sede nacional.

Otra fuente popular consultada se preguntan por qué no salieron en respaldo de la ex alcaldesa muchos de sus actuales defensores, por qué, incluso en algunos casos, respaldaron «la valentía» de los nuevos vicesecretarios a la hora de argumentar que lo mejor que podía hacer Barberá era dejar el partido para comparecer ante los tribunales ordinarios «y ahora, en cambio, arremeten contra ellos».

Creen que Génova debiera haber reivindicado su decisión de forzar la salida del partido

Entienden que, a pesar del dolor causado por la noticia, Génova debiera «haber reivindicado» la decisión de forzar la salida de Barberá del PP tras negarse a dejar el escaño como una medida de regeneración política que «no presuponía, en absoluto, su culpabilidad». En cambio se ha actuado ahora casi «de manera vergonzosa cuando todo el mundo sabe que no fueron ni Casado ni Maroto los que la obligaron a dejar el carné del partido, sino que esa es una decisión que corresponde a Rajoy y a Cospedal,por mucho que les costase,» y aunque fuera el vicesecretario de Organización, Fernando Martínez Maillo, al que le tocó tratar el asunto con la senadora hoy fallecida.

Precisamente, las críticas del ex presidente José María Aznar y de la ahora portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid, Esperanza Aguirre, no se dirigen a los vicesecretarios sino a instancias más altas, las que tuvieron la última palabra en ese proceso.

Defiende uno de los vicesecretarios que era perfectamente «entendible» exigirle explicaciones y responsabilidades políticas, y que, de haberlas asumido a tiempo «se hubiera evitado muchos disgustos». Y aunque puede compartir la existencia de una cacería y de la llamada «pena de telediario», coincide con muchos otros en discrepar del ataque indiscriminado contra la prensa, un error estratégico, una «reacción exagerada», que ayer tuvo su máxima expresión en el portavoz del Grupo Parlamentario Popular del Congreso, Rafael Hernando, al aseverar que Barberá fue apartada para protegerla «pero las hienas siguieron mordiéndola». Se convirtió, agregó, en «un pimpampum al que golpear permanente».

Malestar por la campaña indiscriminada contra la prensa

Conceden que el partido está en estado de shock, pero temen un retroceso a la hora de reclamar responsabilidades políticas cuando ya se había abierto una vía. Creen que alguna de las críticas «han sido muy injustas» y que se ha utilizado el fallecimiento de Barberá ante un nuevo PP mucho más exigente, consciente de que hay que romper determinados comportamientos del pasado y que carece de vínculos emocionales con muchos miembros de la vieja guardia.

La nueva dirección del PP valenciano también fue muy crítico con la carismática ex alcaldesa y prefirió no sumarse a la misa funeral que se ofició en el tanatorio de la ciudad y a la que asistieron Rajoy y Cospedal acompañados de la presidenta del Congreso, Ana Pastor; de las parlamentarias Celia Vilallobos y Luisa Fernanda Rudi, o la ex ministra Ana Mato, además de otros miembros de la vieja guarida regional que como Francisco Camps o Juan Cotino también se les dejó caer por sospechas de corrupción.

Rajoy dijo en el tanatorio que «fue un honor» ser amigo de Barberá a la que calificó de «generosa, afable y luchadora». «Y estoy hoy aquí como muchos otros militantes de mi partido», agregó ha añadido el presidente. Mientras, el cuñado de Barberá dijo a todo el que quería escucharle que la también senadora había muerto «de pena» por el trato de su partido.

El PP se divide así entre los que afirman que tiene que haber un rearme por el que el partido «salga en defensa de los suyos» y que este caso marca «un punto de inflexión» y los que esperan que las aguas vuelvan a un cauce de cierta normalidad, «sin que nadie lave su buena o mala conciencia con compañeros de partido» que apuestan por una regeneración en profundidad.