Pablo Iglesias se está encargando de dejar pocas dudas sobre sus intenciones respecto al próximo congreso del partido, conocido como Vistalegre 2, que se celebrará a principios de año. Sus continuos ataques a su número 2, Íñigo Errejón, en declaraciones públicas y redes sociales hace pensar a los críticos que le empujará a un enfrentamiento abierto, dada la resistencia del secretario político a aceptar el viraje a la izquierda decretado por Iglesias.

«A veces es una buena noticia ponerse de acuerdo en los documentos, pero a veces puede ser una mejor noticia incluso que diferentes propuestas, no dos, sino cuatro, cinco o seis, permitan a los inscritos decidir», advirtió la semana pasada Iglesias, que se declaró «partidario de los acuerdos», pero no «precocinados por arriba». Respondía así a la intención declarada de Errejón de «dar la batalla de las ideas», pero no la de las personas.

Iglesias puede vincular la votación de documentos con la del secretario general

En el entorno del secretario político aumenta la convicción de que esa opción no será posible. Aún se desconoce el modelo de congreso que impondrá Iglesias, pero el ‘errejonismo’ ya se prepara para lo peor. Temen que el secretario general convierta la asamblea en un plebiscito sobre su persona, como ya hizo en su primera convocatoria. Una de las fórmulas es vincular la aprobación de los documentos programáticos con la candidatura a secretario general y a la del Consejo Ciudadano, como se ha hecho en las primarias andaluzas. Se uniría así el debate de las ideas con el de las personas, obligando a Errejón a presentar candidatura o a renunciar a la batalla ideológica.

Por este motivo, el entorno del secretario político valora si aceptar el reto. Se analizan los pros y los contras de presentar candidatura, y de perder, así como de no hacerlo. En ese caso, Errejón se situaría en un posición de debilidad interna que le pasaría factura tras el congreso, en favor del nuevo movimiento emergente vinculado a la izquierda. Los anticapitalistas, con Miguel Urban y Ramón Espinar a la cabeza, junto a Alberto Garzón, serían los más beneficiados por la caída en desgracia de Errejón.

«Todo o nada, blanco o negro»

«Es un error para los intereses de Podemos lo que hace Pablo. Lo que quiere es un pebliscito sobre su persona como en Vistalegre 1, a todo o nada, a blanco o negro. Está forzando la máquina para que sea inevitable la confrontación», lamentan en Podemos.

En la primera Asamblea Ciudadana Estatal, Iglesias ya ligó su continuidad con la elección de su proyecto y en aquel caso primero se votaron los documentos y después las listas. La candidatura crítica de entonces, formada por Pablo Echenique y Teresa Rodríguez, que se llamaba Sumando Podemos, se retiró como protesta porque Iglesias presentó una ‘lista plancha’ para votar a todo el equipo o a ninguno. Echenique lo denunció en su día y lo acusó de falta de pluralidad, por lo que el nuevo secretario de Organización tendría difícil justificar una postura menos democrática ahora.

Iglesias recupera símbolos como la hoz y el martillo y el puño en alto

En este contexto se avivan los enfrentamientos personales, siempre iniciados por Iglesias y frenados por Errejón, que da orden de no caer en la provocación. El secretario general avanza en su deriva izquierdista, con símbolos como la hoz y el martillo y el puño en alto, y con la defensa de la ‘obrerización’ de Podemos, frente a sus tesis fundacionales, que huían de estereotipos ideológicos y apostaban por seducir a una mayoría social.

Por su parte, el secretario político aboga por recuperar el sentido original del proyecto, como hizo este lunes con un artículo que definía su visión transversal de un Podemos ganador. El éxito del escrito, que se convirtió en Trending Topic con etiqueta propia, soliviantó al líder del partido, que pidió a su número 2 que no hiciera propaganda con las reflexiones.

Clave sucesoria

En el fondo del enfrentamiento subyace la convicción de Iglesias de que no podrá volver a presentarse como candidato a presidente del Gobierno, dado el rechazo que genera su figura entre los votantes. Hasta un 47% declara que nunca le daría su apoyo. Ante la posibilidad de que Errejón recoja ese testigo, Iglesias ha iniciado un viraje interno hacia las posiciones de izquierdas para conseguir el respaldo de anticapitalistas y militantes más radicalizados. Gracias a ellos recuperará el control de la parte del partido que sigue en manos de Errejón para poder gestionarlo en clave sucesoria. Su delfín más destacado es el coordinador general de IU, Alberto Garzón, uno de los candidatos mejor valorados.

Sólo en esa clave interna se puede interpretar algunas de las decisiones más controvertidas de Iglesias, como dar un plante al Rey en el Congreso o salirse del Hemiciclo durante el minuto de silencio por el fallecimiento de Rita Barberá. De cara a la sociedad, esos gestos no se entienden. De cara a los dirigentes y militantes más radicales supone ganar apoyos frente a Errejón.