Durante los próximos tres días, empezando el domingo, Podemos vota en un referéndum técnico tras el que se esconden sus tres almas. Oficialmente, se decide el sistema de votación con el que se articulará la Asamblea Ciudadana Estatal, a principios de 2017. Tras ello, sin embargo, emerge el centro argumental: se miden las fuerzas de las corrientes internas que actualmente dividen al partido. Oficialistas, errejonistas y anticapitalistas acuden a esta primera vuelta de Vistalegre II con propuestas divergentes que pueden alterar drásticamente su peso orgánico dentro de la organización durante el próximo ciclo.

Un peso que, actualmente, está marcado por cómo organizó Podemos el Vistalegre original, donde el oficialismo, encabezado por Pablo Iglesias pero controlado por Iñigo Errejón a través del entonces secretario de Organización, Sergio Pascual, monopolizó el poder dentro del aparato del partido, sustentado en dos pilares. Por un lado, que la oposición sólo la representaba la rama anticapitalista, entonces liderada por unos recién aparecidos como Pablo Echenique y Teresa Rodríguez. Por otro, un sistema poco proporcional que, como el hoy secretario de Organización admite, «planchaba y aplastaba a las minorías».

Echenique, convertido al oficialismo, abandera el sistema DesBorda que respaldan, entre otros, Pablo Iglesias, Carolina Bescansa o Irene Montero

Con esa percha, Echenique, convertido al oficialismo, abandera el sistema DesBorda que respaldan, entre otros, Pablo Iglesias, Carolina Bescansa o Irene Montero, el poder mediático del partido y el círculo más próximo al secretario general, que aspirará en 2017 a repetir sin competencia. De los que concurren al referéndum que comienza este domingo, es el sistema más sencillo: se vota hasta a 62 candidatos del Consejo Ciudadano Estatal, de la misma lista o de listas diferentes, por orden de preferencia. El primero recibe 80 puntos, el segundo 79, el tercero 78 y así sucesivamente. Como en Eurovisión o en el Balón de Oro. Posteriormente, todos los puntos se suman y resultan elegidos los 62 candidatos con mayor puntuación.

Es el sistema que Podemos utiliza en la mayoría de sus procesos, aunque Echenique ha impulsado dos correcciones: una de sexo, que comparte con el resto de candidaturas para asegurar la paridad, y otra que favorece a las minorías: cualquier lista que supere el 5% de los votos deberá recibir al menos dos asientos en el CCE, aunque el orden original no se los conceda.

La propuesta anticapitalista es similar, aunque cambia la asignación de puntos a cada voto (1 punto completo al primer elegido, y de ahí en orden descendente: medio punto, un tercio, un cuarto, un quinto…), lo que refleja ya de inicio la cercanía entre ambas corrientes, escenificada en las primarias de Podemos en la Comunidad de Madrid, donde Ramón Espinar, apoyado por Iglesias y aliado con la candidatura anticapi, terminó imponiéndose a la lista encabezada por Rita Maestre y Tania Sánchez.

El sistema de votación que proponen ‘pablistas’ y anticapitalistas favorece a las caras conocidas y amenaza el poder orgánico de Errejón

Ambos sistemas perjudicarían significativamente al sector errejonista, que actualmente domina los órganos internos del partido gracias a las listas plancha arrastradas desde 2014. Así, pese a que los cercanos al secretario político hayan ido perdiendo poder autonómico durante los últimos procesos, aún conservan el aparato central del partido. Por eso Iglesias recurre a un referéndum para que sea la militancia, y no precisamente el aparato, quien decida el sistema de votación en Vistalegre. Si este martes se anunciara el triunfo del sistema oficialista, anticapitalista, o la suma de ambos, el poder orgánico de Errejón estaría en riesgo.

¿Por qué? Al poder votar a miembros de listas diferentes y otorgar a cada voto un valor distinto, ordenando los resultados por personas y no por listas, resultan beneficiadas las caras conocidas, de las que Errejón está menos rodeado aunque su proyecto Recuperar la ilusión se presente firmado por Rita Maestre, Tania Sánchez y otros 32 miembros del partido, entre ellos los diputados Juan Pedro Yllanes, Pablo Bustinduy o Miguel Vila.

Para contrarrestar esa amenaza, el sector errejonista plantea una propuesta tan compleja como matemáticamente original: los votos totales se dividen entre los puestos a repartir, generando un cociente; los votos a cada lista se dividen entre ese cociente y a cada lista se le conceden los asientos correspondientes al número entero que resulte de realizar esa operación. El resto de asientos se repartirían siguiendo el orden de los decimales sobrantes.

Un galimatías numérico que pretende potenciar el valor de las listas en su conjunto y restarle importancia a los nombres concretos, aunque esto entre en contradicción con la batalla principal y verdaderamente central: votar proyectos y nombres de forma conjunta o hacerlo por separado.

La batalla central está en el orden de las votaciones: los errejonistas temen que hacerlo de modo conjunto convierta Vistalegre en un plebiscito sobre Iglesias

«La votación de los documentos ético, organizativo y político se llevará a cabo al mismo tiempo que las votaciones de las listas al Consejo Ciudadano Estatal y la Secretaría General», defiende el proyecto presentado por el sector oficialista, en contraste con la propuesta de los afines a Iñigo Errejón, que la considera una «fórmula del pasado» y aboga por una votación en dos fases. «En la primera se votarán los documentos», detalla, y en la segunda «se discutirán y elegirán las personas que compondrán los órganos de dirección: Secretaría General, Consejo Ciudadano Estatal y Comisión de Garantías».

Con esa separación, el actual secretario político busca dividir los debates para no tener que competir cara a cara con Iglesias, en una confrontación de la que tendría pocas opciones de salir victorioso. Con votaciones segmentadas, podría suceder lo mismo que ocurrió en las primarias de Madrid: Ramón Espinar se impuso, pero las votaciones de documentos favorecieron mayoritariamente a la candidatura de Rita Maestre y Tania Sánchez.

De suceder así, los errejonistas podrían ceder la batalla por la secretaría general si a cambio controlan el rumbo político del partido, para el que respaldan una hoja de ruta transversal y una oposición seria desde el Congreso y el resto de instituciones, frente a la conflictividad social y la movilización que desde hace unos meses defiende especialmente Iglesias. Un giro que ha sido precisamente el que le ha acercado a las posiciones de los anticapitalistas, encabezados por el eurodiputado Miguel Urban y la secretaria general de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, que se presentó al Vistalegre I como una de las principales voces críticas del partido, y llega al II como uno de los bastiones en los que se apoyará el secretario general para extender su liderazgo.