“Es el mejor ministro posible. Tiene una gran capacidad, pero necesita un asidero que le dé seguridad”. Con este matiz le recomendó Felipe González a José Luis Rodríguez Zapatero que contara con Alfredo Pérez Rubalcaba en su primer Gobierno. El ex presidente le sugería así que diera la máxima confianza a su ex ministro para que pudiera prestarle el mejor servicio posible en el Ejecutivo. Zapatero siguió sus consejos y Rubalcaba se mantuvo como pieza clave en sus Ejecutivos, como antes lo hizo en los de González.

Desde esas atalayas, Rubalcaba se ha mantenido durante tres décadas como uno de los factótum del PSOE; un hombre al que todos escuchan y que sigue moviendo muchos hilos en la sombra, según asegura buena parte de la dirigencia socialista. A pocos se les escapó el lapsus de Felipe González durante la entrevista en la Cadena Ser que dio el pistoletazo de salida para el derribo de Pedro Sánchez. “Como dice Ruba…”, aseguró el ex presidente el 28 de septiembre, horas antes de que la mitad de la Ejecutiva del PSOE dimitiera para forzar la salida del secretario general.

Estoy detrás de todo, incluso del asesinato de Prim», bromea Rubalcaba

Otro lapsus, también en la Cadena Ser este jueves, alimenta esa leyenda: “Los medios de comunicación que creemos en la democracia”, respondió Rubalcaba a Pepa Bueno. El socialista podría haberse referido así a su participación en el Consejo Editorial de El País y, por extensión, a sus buenas relaciones con el grupo Prisa, al que Pedro Sánchez acusó de haber contribuido a su derribo durante su entrevista en La Sexta tras dimitir.

En cualquier caso, Rubalcaba -que ha ocupado cargos en el Gobierno desde 1986 hasta llegar a la vicepresidencia en 2010 y a la Secretaría General del PSOE en 2012- se muestra entre divertido y escandalizado cada vez que se advierte su sombra en las principales operaciones internas del PSOE. «Estoy detrás de todo, incluso del asesinato de Prim», ironizó durante la entrevista.

“El día que crea que tengo que decir si apoyo a alguien o no lo diré, porque nunca me he callado lo que tengo que decir», aseguró, mostrando su reconocimiento por igual a dos de los aspirantes a la Secretaría General del PSOE, Susana Díaz y Patxi López. Con la presidenta andaluza coincidirá el próximo fin de semana en el aniversario de la agrupación de Alcalá de los Gazules (Cádiz); con el ex lehendakari le une el «cariño» y la experiencia de haber terminado con el terrorismo de ETA.

Con Susana, pero detrás de Patxi

A pesar de su sintonía con López, en el PSOE se ha instalado la opinión de que Rubalcaba está detrás de la candidatura de Susana Díaz. Numerosos dirigentes de todas las corrientes lo aseguran así desde hace meses, cuando aún se fraguaba la rebelión contra Pedro Sánchez. Su foto paseando del brazo por Madrid con la presidenta andaluza sorprendió a propios y extraños tras las tormentosas relaciones políticas que mantuvieron cuando él estaba en Ferraz y ella era la número 2 del PSOE-A.

El conflicto procedía del congreso socialista de 2012, cuando Rubalcaba ganó contra pronóstico y por 22 votos a la candidatura de Carmen Chacón que Susana Díaz había sustentado. Dos años después, el PSOE-A forzó la dimisión de Rubalcaba como secretario general tras su fracaso en las elecciones europeas. El plan era que Susana Díaz le sustituyera.

Entonces, para frenar el paso a la baronesa, Rubalcaba lanzó la candidatura de Eduardo Madina y un sistema de primarias que desestabilizaba su posición como presidenta de la Junta de Andalucía si perdía. En respuesta, Díaz aupó a Pedro Sánchez a la Secretaría General. Y éste recuperó al equipo inicial de José Blanco del que había formado parte, y que luego había acogido Rubalcaba como secretario general, liderado por Antonio Hernando y Óscar López. Es decir, durante la etapa de Sánchez, Díaz y Rubalcababa acabaron en tablas.

El PSOE-A desconfía del apoyo tan explícito de Rubalcaba

Dos años después, Díaz y Rubalcaba compartían la opinión de que la opción Sánchez había sido un error. Ambos querían dejar gobernar a Mariano Rajoy y evitar unas terceras elecciones, contra el criterio del secretario general, instalado en el no es no. De esa coincidencia nacía un apoyo explícito y entusiasta del asturiano a la sevillana que generó  inquietud en el PSOE andaluz desde el primer momento. Así lo admitían sus dirigentes el 23 de noviembre, tras la presentación del libro del hijo de Guillermo Fernández Vara en Madrid, en un acto en el que Rubalcaba y Díaz se dejaban ver en público por primera vez tras el derribo de Sánchez.

«Lo verdaderamente complicado, lo complicadísimo, es irse”, aseguró entonces el socialista, en una reflexión teóricamente dedicada al ex secretario general, pero que los andaluces consideraron propia: “Ni se va a ir ni va a dejar el partido en manos de Susana”, entendieron.

Dos antiguos enemigos

Desde entonces, el entorno de la presidenta teme una operación que algunos le advertían desde antes de la caída de Sánchez: que la utilizara para matar al secretario general achicharrándola por el camino. De esta manera, se libraría de los dos máximos dirigentes del partido que, además, le profesaban auténtica animadversión. Con un líder alternativo, como Patxi López, lograría acabar con ambos y recuperar su posición preponderante dentro del PSOE.

Tanto si López gana las primarias como si alcanza un acuerdo con la presidenta andaluza para una candidatura de unidad, Rubalcaba gana. Esa integración de ambas opciones pondría coto al poder de la sevillana en la Ejecutiva federal, y se reeditaría así un pacto del Betis con el eje Sevilla-Bilbao, como tantas veces han advertido los sanchistas.

Aunque en la entrevista de la Ser, Rubalcaba aseguró que llevaba meses sin hablar con Patxi López, sí admitió que su candidatura la han fraguado personas de su equipo. Desde Óscar López, que fue su secretario de Organización, hasta Rodolfo Ares, su hombre en el País Vasco y uno de sus negociadores con la banda terrorista. “Donde esté Ares está Rubalcaba”, aseguran veteranos del partido.

Donde esté Ares está Rubalcaba», aseguran veteranos del partido

Con ellos, Rubalcaba aumentaría una cuota de poder dentro del partido que ya ostenta desde la caída de Sánchez, ya que la Gestora ha recuperado a su equipo de confianza: Elena Valenciano, Soraya Rodríguez, José Blanco, Antonio Hernando y Ramón Jáuregui.

Precisamente este último mostró el viernes su «deseo» de que haya un acuerdo para una «única candidatura» a la Secretaría General del partido con el fin de evitar «divisiones internas».

«Mi criterio es que un acuerdo que llevara al partido a una única candidatura sería mejor», explicó Jáuregui en una entrevista con Efe. «Todas (las candidaturas) son bienvenidas y todas ejercen su propio derecho, pero creo que el partido está más necesitado de una solución unitaria que de un gran debate interno que divida más a la organización», expuso el nuevo portavoz del PSOE en el Parlamento Europeo (PE). Por ello, Jáuregui ha considerado que «todos tienen que hacer un esfuerzo por pactar en el caso de que haya dos candidaturas o tres».

Esa tercera candidatura en liza, la de Pedro Sánchez, puede hacer peligrar toda esa estrategia si, finalmente, el ex diputado madrileño da el paso. Por ese motivo, la vieja guardia socialista intenta frenarle y hasta tantea la posibilidad de ofrecerle un empleo para que se olvide de presentarse a las primarias.