«Le expliqué a Pedro Sánchez que España necesitaba un Gobierno sólido y dejamos de hablar. Bueno, me dejó de hablar”. Alfredo Pérez Rubalcaba ha reaparecido este miércoles para contar cómo rompió relaciones con el entonces secretario general del PSOE en febrero.

Tras la reaparición de Pedro Sánchez con dos actos multitudinarios y la constitución de más de 30 plataformas del PSOE críticas con la Gestora, los nervios empiezan a aflorar entre los autores del derribo del secretario general. Los barones y referentes como Rubalcaba temen que Sánchez pueda ‘resucitar’ de manos de la militancia, muy enfadada con la abstención en la investidura de Mariano Rajoy y la resistencia de la Gestora a convocar el congreso federal.

Los que derribaron a Sánchez intentan que no ‘resucite’ de manos de la militancia

Pedro Sánchez está políticamente muerto, pero la corriente interna juega a su favor. Para que desista de volver a plantar batalla, los que mandan ahora en el PSOE intentan terminar de desanimarle. A la decepción personal con dirigentes de su confianza, como Antonio Hernando o César Luena, se suma la asunción de errores como haber dejado el escaño, aconsejado, precisamente, por ambos diputados. Además, los dirigentes socialistas han abandonado la estrategia inicial de ningunear a Pedro Sánchez y ya empiezan a denostarle en declaraciones públicas como las de Rubalcaba o las de Mario Jiménez, que le ha vaticinado menos de 137 días de historia.

Por si fuera poco, al debilitado ánimo del ex secretario general se suma el factor Patxi López, al que hizo presidente del Congreso en la anterior legislatura. El ex lehendakari ya no niega que esté en la pugna por la Secretaría General y su nombre, respaldado por Rubalcaba, no sólo sirve para desalentar a Sánchez, sino también para frenar a Susana Díaz.

Fin de la «UTE Rubalcaba-Díaz»

Muchos dirigentes socialistas sostienen que ése era el fin último de la operación Rubalcaba: derribar a Sánchez y achicharrar en el camino a la presidenta andaluza, de la que se vengaría así por obligarle a dimitir como secretario general en mayo de 2014, tras su fracaso en las elecciones europeas.

La «UTE» (unión temporal de empresas) -como lo denominan varios dirigentes- entre Rubalcaba y Díaz tenía fecha de caducidad, la constitución de la comisión Gestora en el PSOE, y ahora sólo les une un interés común: ‘rematar’ a Sánchez. A partir de ahí, todas las posibilidades están abiertas, y Patxi López juega un papel fundamental.

«A Pedro le sería muy difícil ir contra Patxi. Se replantearía todo», asegura un destacado sanchista, que explica así las enigmáticas palabras de Sánchez a los periodistas tras su reaparición, cuando aseguró que «donde estuviese él estaría Patxi» y viceversa.

Un nuevo eje Bilbao-Sevilla

Pero ahí no acaba la versatilidad de la opción López, el único que tiene escaño en el Congreso de los Diputados de los tres aspirantes en liza. Rubalcaba no se fía de Susana Díaz y considera peligroso que se haga con el control del PSOE sin limitaciones. La baronesa andaluza no quiere tener rivales en las primarias, sino ganar por aclamación. Cualquier candidatura alternativa, por tanto, vuelve a amenazar su hoja de ruta. La posibilidad de que López diera el paso abre una vía de negociación entre ambos que restaría su poder como secretaria general, dejando importantes áreas del partido en manos de la federación vasca. Se reeditaría así un nuevo pacto del Betis, según los sanchistas.

Aunque Díaz no es la opción favorita de la vieja guardia socialista, la prefieren a la vuelta de Sánchez, por lo que podrían acabar apoyándola con salvaguardas como la inclusión de López en su candidatura. En este sentido, los referentes conocen las limitaciones de la presidenta andaluza, sobre todo en valoración de la militancia y de los votantes fuera de su comunidad.

La vieja guardia aboga ahora por una candidatura única de consenso

En cualquier caso, los dirigentes históricos prefieren una candidatura de consenso que evite la reedición de la guerra abierta entre Sánchez y Díaz. Si los dos terminaran enfrentándose en el congreso federal, el partido volvería a romperse por la mitad. Daría igual cuál de los dos gane si el porcentaje del vencedor no pasa de un 60%, ya que tendría que integrar en la dirección del partido a los perdedores, una opción imposible entre Sánchez y Díaz, dado el nivel de su enfrentamiento.

Para evitarlo, destacados rubalcabistas como Ramón Jáuregui ya defienden una candidatura única. El ex ministro y portavoz en el Parlamento Europeo ha abogado por evitar que una «tensión personal» prorrogue la división. «Yo creo que eso es posible, es mi deseo personal, que quien vaya a ofrecerse como candidato» logre previamente vertebrarlo y «a poder ser, presentar una única candidatura. Para mi sería lo ideal», ha señalado.