Pedro Sánchez sigue asimilando su caída de la cúpula del PSOE, el cambio radical en su ritmo de vida y las traiciones personales sufridas. Quizás, éste último punto es el que más le cuesta. El ex secretario general no consigue entender que personas de su círculo más cercano, como Antonio Hernando, con los que compartió estrategias y complicidades durante dos años, se hayan pasado al bando enemigo desde el primer minuto.

El propio portavoz parlamentario ha reconocido en una entrevista que su afecto por Sánchez era tan «enorme» que había decidido que fuera el padrino de su hija de tres meses en su «bautizo civil». Ese aprecio no se ha traducido en lealtad y Hernando aceptó enseguida mantener el puesto cuando la Gestora se lo propuso, a pesar del riesgo de achicharrarse políticamente al pasar del «no a Rajoy» a defender la abstención.

El afecto de Hernando por Sánchez era tan «enorme» que había decidido que fuera el padrino de su hija

Fuentes de la dirección socialista niegan que Hernando haya cambiado de bando a cambio de la promesa de un puesto político futuro. «Le va la marcha», explican, admitiendo la ascendencia sobre él de Alfredo Pérez Rubalcaba, que sigue defendiéndole a capa y espada. «Es un portavoz muy bueno», asegura, restándole responsabilidad en fiascos como el cambio de postura del PSOE sobre el nombramiento como presidente de una comisión del ex ministro Jorge Fernández Díaz.

Al caso de Hernando se suma ahora otra decepción personal para Pedro Sánchez: César Luena. El que fuera su número 2, azote del PSOE andaluz, también le ha dado la espalda y trabaja en otras opciones para dirigir el PSOE como la de Patxi López.

Ya en sus últimas semanas juntos en Ferraz se difundió la especie de que cada uno hacía su propia guerra, y los barones acusaban al comando Luena de pertrecharse a toda costa, incluso poniendo en riesgo la continuidad de su jefe como secretario general.

El resultado de la estrategia fue la caída de Sánchez y su posterior dimisión como diputado, alentado, entre otras personas, por el propio Luena, que consideraba inviable que desobedeciera al Comité Federal y votara «no» en la investidura de Rajoy si pretendía recuperar el puesto en el PSOE.

De hecho, el propio Luena y sus diputados de confianza acataron la orden de la Gestora y se abstuvieron. Por su parte, Sánchez renunció a su escaño, quedándose sin plataforma política, sin empleo y, lo más significativo, cumpliendo a rajatabla la hoja de ruta de Susana Díaz, que conseguía expulsarlo también del Congreso.

El tercer compañero de Sánchez que le ha dado la espalda es el senador Óscar López

El tercer compañero de Sánchez que le ha dado la espalda es el senador Óscar López. Designado por su comunidad autónoma, Castilla y León, López abandonó el puesto de portavoz en la Cámara Alta precisamente para que no lo removieran del escaño. A partir de ahí, se ha alejado de la escena pública, pero ha seguido trabajando discretamente codo con codo con su amigo Antonio Hernando, que le busca así un nuevo espacio político bajo el manto de la Gestora.

La complicidad entre ambos se evidencia en algunos gestos. Por ejemplo, el 23 de noviembre, López publicó en El País una tribuna titulada Un pacto de estado por RTVE, donde defendía que el Parlamento aprovechara la debilidad del PP para cambiar el modelo de la radio televisión pública.

El día 30, Antonio Hernando elegía la situación de la RTVE como pregunta parlamentaria al presidente en la segunda sesión de control al Gobierno. Muchos diputados socialistas no entendieron esta elección y consideraron que el PSOE ponía una «alfombra roja» a Mariano Rajoy con una cuestión tan poco relevante y tan cómoda.

Nadie en el grupo parlamentario conoce con qué criterio elige Hernando el tema de sus intervenciones, pero sospechan que responda más a intereses particulares que generales del PSOE. En el caso de la RTVE, a la complicidad con López. Y en su propuesta para cambiar la Ley Electoral que lanzó al PP durante su discurso de investidura, a la obsesión de Susana Díaz por no sufrir un bloqueo similar al que ha padecido Rajoy durante un año si se presenta a las elecciones generales. «Lo consulto con quien lo tengo que consultar», ha zanjado Hernando.