Pedro Sánchez está muerto y Susana Díaz achicharrada. Ni uno ni otro». A esta conclusión llegaron varios barones y referentes del PSOE durante la guerra abierta por ambos en el Comité Federal del 1 de octubre. «Ni uno ni otro, hay que buscar una tercera vía», reflexionaban en Ferraz, mientras otros dirigentes recelaban de una conclusión que consideran inducida por Alfredo Pérez Rubalcaba, uno de los impulsores de la operación.

«Rubalcaba es el que ha estado y sigue estando en la sala de máquinas. No es fácil encontrar a alguien que sea capaz de implicar desde a Felipe González hasta a José Luis Rodríguez Zapatero, pasando por importantes medios de comunicación. Rubalcaba se fue herido del partido y no sabemos qué tiene ahora en la cabeza. Lo cierto es que no improvisa, es de los que planifica bien. Y está claro que ahora se ha desquitado de ese resquemor que él y su equipo rezumaban desde 2014», explica un dirigente del partido que ha vivido en primera persona la maniobra contra Pedro Sánchez.

Rubalcaba no improvisa, lo planifica todo muy bien»

Rubalcaba dimitió como secretario general del PSOE el 26 de mayo de 2014, tras las elecciones europeas en las que el partido había obtenido el peor resultado de su historia, un 23% de los votos. La noche anterior, Susana Díaz le había exigido su marcha. Ambos mantenían una tensión soterrada desde hacía dos años, cuando se enfrentaron por la Secretaría General en el Congreso de Sevilla. Susana Díaz fue la principal impulsora de la candidatura de Carmen Chacón para dirigir el partido. Rubalcaba las derrotó contra pronóstico por 22 votos. A pesar de su victoria, el entonces secretario general nunca se atrevió a actuar contra la entonces secretaria de Organización andaluza. Una vez que Díaz se hizo con todo el poder orgánico e institucional, forzó la marcha de Rubalcaba, como había hecho antes con la de José Antonio Griñán.

Morir matando

Rubalcaba accedió a marcharse, pero cortó el paso a la presidenta andaluza. Anunció un Congreso Extraordinario y lanzó la candidatura de Eduardo Madina, que se apresuró a pedir primarias en la elección del secretario general. Susana Díaz, recién nombrada presidenta sin haber pasado por las urnas, no podía asumir el riesgo de perder. Rubalcaba, consciente de la dificultad de ganar a la sevillana por el sistema tradicional de delegados, se sacó de la manga unas primarias que entonces no se celebraban para elegir al líder del partido. Ante esa primera derrota, la baronesa andaluza tampoco se cruzó de brazos. Eligió a un tercero en discordia, Pedro Sánchez, y lo catapultó hasta la Secretaría General gracias al apabullante apoyo del aparato del PSOE andaluz.

Pedro «muerto», Susana «achicharrada»

Dos años después, Pedro Sánchez está políticamente muerto. Y la imagen de Susana Díaz ha quedado muy deteriorada ante la militancia que debe elegir al nuevo líder del partido. Por su parte, Eduardo Madina espera a buen resguardo a que las aguas del partido se calmen. Paralelamente, el equipo de confianza de Rubalcaba toma posiciones en la nueva dirección del partido, empezando por Elena Valenciano, su mano derecha, a la que quisieron incluir en la Gestora. ¿Se trata de una vendetta perfecta? Muchos en el PSOE lo creen así.

El que mata al César no puede suceder al César»

«El que mata al César no puede suceder al César», advierte un dirigente del partido. ¿Pero quién mató a Pedro Sánchez? Aunque fue una operación coordinada entre barones territoriales y ex dirigentes socialistas, la federación andaluza adquirió un relevante protagonismo.

Mientras Emiliano García Page y Guillermo Fernández Vara ocuparon un discreto segundo lugar, Susana Díaz no dudó en exhibir su poderío. Fue ella quien envió a dos emisarios sevillanos a intentar tomar Ferraz: el diputado Antonio Pradas, que salió de allí al borde de las lágrimas, y la secretaria general de Sevilla, Verónica Pérez, que se autoproclamó «máxima autoridad» del PSOE y hoy día padece la repercusión pública de esas palabras. Además, el onubense Mario Jiménez se ha convertido en el responsable de Organización de la Gestora y en su rostro visible como portavoz, en detrimento del propio presidente del órgano, Javier Fernández.

Una alianza sorprendente

Rubalcaba conoce bien esa naturaleza política de Susana Díaz y sólo tenía que utilizarla contra Pedro Sánchez. Quizás también contra ella misma. Durante sus años de enfrentamiento, el equipo de Rubalcaba no ahorraba descalificativos para la sevillana. «Apparatchik» o «killer» eran los más suaves. Por ese motivo, su alianza ahora frente a Pedro Sánchez resulta sorprendente.

«Ambos son unos pragmáticos, unos pactistas. Y el fin justifica los medios», apunta un antiguo colaborador de Rubalcaba. «Él sabe tender puentes en función de su hoja de ruta», explica otra persona que perteneció a su órbita, pero que advierte: «Pedro Sánchez se lo ha puesto fácil a todos, no ha parado de darles excusas».

Si el PSOE decide finalmente abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy, su siguiente hito será elegir al nuevo secretario general. Los leales a Pedro Sánchez trabajan en su vuelta para rentabilizar su imagen de mártir ante la militancia en unas primarias. Por su parte, el PSOE-A prepara el desembarco de Susana Díaz, a ser posible sin adversarios ni primarias, y no antes de seis meses. Otros diputados y barones, desde Eduardo Madina a Patxi López, pasando por García Page, aguardan el desenlace para valorar si tienen opciones como tercera vía de consenso. Y la hoja de ruta de Rubalcaba aún está por completar.