El móvil de la filtración de las conversaciones del ex titular del Interior fue muy posiblemente la venganza. El comisario Martín-Blas nunca perdonó que el ministro y el ex Director Adjunto Operativo (DAO) de la Policía Nacional Eugenio Pino se posicionaran a favor del comisario ya jubilado José Manuel Villarejo, con el que el primero mantenía una «enemistad manifiesta» después de que ambos se embarcaran en las investigaciones vinculadas a la operación Cataluña. En concreto, el origen de ese desencuentro fue el intento de Martín-Blas de involucrar al hijo de Villarejo en la trama liderada por el ciudadano chino Gao Ping en el marco del conocido como caso Emperador.

Lejos de limar diferencias, las pesquisas sobre los Pujol avivaron el enfrentamiento entre ambos comisarios. En unas notas reservadas fechadas entre julio de 2014 y enero de 2015, y que el ex presidente de Banca Privada de Andorra (BPA) Higini Cierco ha adjuntado a la querella interpuesta contra Martín-Blas y el agregado de Interior en la Embajada de España en Andorra por chantaje y coacciones, Villarejo acusa al ex jefe de la Unidad de Asuntos Internos de la Policía de ignorar importantes líneas de investigación «gracias al apoyo del DGP [en alusión a Cosidó] y sin duda a la pasividad del Director Adjunto Operativo (DAO) [entonces Eugenio Pino] que posiblemente por su probada lealtad institucional lo permitió”.

En la instrucción de la pieza separada del caso del pequeño Nicolás en la que se investiga la reunión de mandos policiales con agentes del CNI, Martín-Blas –al frente de la comisión judicial desde abril de 2015, semanas después de su destitución como responsable de Asuntos Internos de la Policía- llegó a acusar a Villarejo de ser la persona que efectuó y filtró la cinta del citado encuentro. La respuesta de Villarejo no se hizo esperar. Cuando compareció en calidad de investigado ante el juez Arturo Zamarriego, calificó a su antiguo compañero de «delincuente».

Martín-Blas tenía motivos para vengarse de Fernández Díaz, que se posicionó junto a su gran enemigo, el comisario Villarejo

Martín-Blas tenía más motivos para vengarse del anterior titular de Interior. En marzo de 2015, Jorge Fernández Díaz destacó públicamente los «relevantes servicios» que José Manuel Villarejo -un veterano policía que actuó desde 1993 como agente encubierto- había prestado al Estado en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado. Las declaraciones del ministro se producían días después de encargar a la Policía un informe que determinaba la compatibilidad entre la actuación policial de Villarejo y la actividad de sus empresas privadas, después de que El País desvelara que el comisario estaba vinculado a 12 sociedades que sumaban 16 millones de capital.

La realización de aquel informe se encargó al inspector Jose Ángel Fuentes Gago, la persona que conminó a Daniel de Alfonso a desplazarse a Madrid para reunirse con el ministro e intercambiar información sobre Cataluña y quien descartó que hubiera existido irregularidad en la actuación del mando policial.

El comisario Martín-Blas ha encontrado una gran protección por parte del juez que investiga el caso del pequeño Nicolás, Arturo Zamarriego, quien lo mantiene al frente de la comisión judicial a pesar de que el fiscal ha pedido en tres ocasiones que lo aparte por falta de apariencia de imparcialidad. La supuesta víctima de un delito -el mando policial asistió a la reunión con el CNI cuyo contenido se difundió- no puede ser quien lo investigue, como ocurre en este caso.

Legalidad de los ‘pinchazos’

El representante del Ministerio Público también ha puesto en duda la legalidad de muchos de los pinchazos telefónicos que se llevaron a cabo en el marco de esta investigación, lo que en un futuro podría dar lugar a nulidades de actuaciones. Por todo ello, el fiscal Alfonso San Román ha recurrido directamente en apelación ante la Audiencia de Madrid, que aún no ha resuelto.

Fuentes policiales aseguran que Martín-Blas, que se jubila en marzo al cumplir los 65 años, ha comentado en su círculo de confianza que se retirará haciendo ruido, lo que lleva a pensar que podría filtrar otras conversaciones comprometedoras.

Precisamente el nombramiento del hasta ahora comisario de Seguridad Ciudadana como nuevo DAO de la Policía, Florentino Villabona, que se jubilará el próximo mes de noviembre, busca llevar a cabo una limpieza en el seno del cuerpo para acabar con la guerra entre mandos que han puesto en riesgo investigaciones judiciales y que han deteriorado la imagen de la Policía.