Se cumplió el guión. Mariano Rajoy ha vuelto a poner en manos de María Dolores de Cospedal la secretaría general del PP para los próximos cuatro años. La también ministra de Defensa afianza su poder frente a los críticos que defendían para ese cargo a alguien con dedicación exclusiva. Pero Rajoy ha preferido volver a terreno seguro y, ya de paso, cercenar cualquier especulación sobre delfinatos.

Manteniendo todo como está no da lugar a dobles o terceras lecturas, aunque es indudable que el ascendente de Cospedal se acrecienta. El equilibrio de poder entre ella y la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, se sustanciaba en la frontera Gobierno-partido, Moncloa-Génova. Pero a diferencia de la anterior legislatura, la castellanomanchega es ministra y posee además un sector propio entre titulares de otras carteras, como el andaluz Juan Ignacio Zoido, de Interior, o Dolors Montserrat, de Sanidad.

Ni siquiera la apretadísima votación de Estatutos respecto a la acumulación de cargos, ha hecho mella en la todopoderosa Cospedal, que, tras el cambio de estatutos, está llamada a permanecer en su despacho de la planta séptima otros cuatro años, que es el periodo que debe mediar entre congreso y congreso, siendo anteriormente de tres años.

La apretada votación de Estatutos no ha hecho mella en la todopoderosa Cospedal

Otra de las incógnitas a despejar era el papel de Fernando Martínez-Maíllo, ascendido a coordinador general con las competencias de Organización y Electoral. Será, en realidad, el que lleve el peso del día a día de la organización, papel que, por otro lado, ya venía ejerciendo.

Los vicesecretarios siguen sus en sus puestos, lo que incluye a Javier Arenas, el más veterano de todos y el único coetáneo del propio Rajoy. Con la entrada en Génova de Martínez-Maíllo, Pablo Casado, Javier Maroto y Andrea Levy se consideró lo suficientemente renovado el partido. Rajoy ha explicado durante la intervención de defensa de su candidatura que «son los que había, lo han hecho bien y no se cambia lo que funciona».

Cospedal conserva a Vicente Tirado, hombre de su estricta confianza y secretario general del PP regional, y los castellano-manchegos Agustín Conde, Antonio Román, Remedios Gordo, María Jesús Bonilla, entre otros, aunque deja el comité ejecutivo José Ignacio Echániz.

Especial importancia tenían los dos sorayistas en una ejecutiva donde la vicepresidenta del Gobierno carece de poder real. El ministro de Energía, Álvaro Nadal, se ha salvado, no así el secretario de Estado de Agenda Digital, José María Lassalle, que se ha visto desplazado de la dirección, pero, a cambio, entra la mano derecha de la vicepresidenta del Gobierno, José Luis Ayllón, secretario de Estado de Relaciones con las Cortes. El otro secretario de Estado que depende de Soraya Sáenz de Santamaría, el de Administraciones Territoriales, Roberto Bermúdez de Castro, ya formaba parte de este órgano y repite.

La secretaria general estará, así, cuatro años más en la séptima planta de Génova

También ha salido el ex ministro Federico Trillo. Sentenciado tras el cambio de estrategia respecto al Yak protagonizado precisamente por Cospedal,  ya no tenía sitio entre los elegidos. Entre los que no repiten están además el que fuera coordinador de Electoral, José María Beneyto, y la que fuera secretaria ejecutiva Susana Camarero, aunque entre la valenciana Eva Durán, mano derecha de Isabel Bonig.

Muchos de los cambios tienen que ver con el reparto territorial. La salida del comité ejecutivo de Ana Botella, Ignacio González y Lucía Figar ha abierto las puertas a Cifuentes para poder incorporar a gente de su confianza como, Ángel Garrido, su portavoz del gobierno autonómico, así como el ex alcalde Jaime González Taboada.

Los vascos pierden al actual presidente del PP alavés, Iñaki Oyárzabal, que llevaba el área de Justicia y Libertades Públicas, al que sustituye María del Mar Blanco. En cambio, entra el presidente del PP en Guipúzcoa, Borja Semper.