Amanece una nueva era en Podemos con un hiperliderazgo reforzado y un proyecto que huye de la transversalidad derrotada en Vistalegre II. El viraje a la izquierda, la desconfianza en las instituciones y la apuesta por la tensión social son las principales características de este nuevo Podemos post-Errejón, según el documento aprobado en el congreso, ‘Plan 2020, ganar al PP, gobernar España’, presentado por Pablo Iglesias.

Tras siete procesos electorales en sólo tres años de vida, Podemos se enfrenta ahora al abismo de la normalidad. Sin la excepcionalidad de la crisis que generó el 15-M, el partido se encuentra en gobiernos locales y autonómicos y en la oposición a un Gobierno en una legislatura que acaba de arrancar y se augura larga. Entra de lleno en una «lógica institucional» de la que abomina el sector ganador en Vistalegre.

El documento político abomina de la «lógica institucional»

“Si nos subordinamos a la lógica institucional, nos disolveremos; y si, por el contrario, nos limitamos a lo conocido y ya transitado, nos autoexcluiremos”, concluye el documento político, que llega a la siguiente solución: “Trasladar a las instituciones las iniciativas de los movimientos sociales”.

La exclusión de Íñigo Errejón de la toma de decisiones inclinará al partido hacia ese activismo frente a la integración en el sistema que defendía el todavía secretario político, que abogaba por demostrar ya en las instituciones la utilidad de los cinco millones de votos recibidos. La experiencia parlamentaria que ha acumulado en este último año negociando con el resto de portavoces parlamentarios puede irse por el sumidero si es relevado.

Las élites siempre quieren parlamentizar los conflictos», advierte el texto

Con Alberto Garzón y Juan Carlos Monederos en lugar preeminente, Podemos vuelve a optar por construir un «bloque popular» en el Congreso. «Las élites siempre quieren parlamentarizar los conflictos como una manera de desactivarlos, mientras que si el pueblo está, habla, debate y participa, se consiguen los cambios. Sociedad civil y Parlamento son dos caras de la misma moneda», establece el documento.

Diputados, «no políticos»

Según la guía política del nuevo Podemos, el proyecto «requiere de un esfuerzo militante cotidiano que se extienda desde las instituciones hasta nuestros barrios y pueblos, donde debemos huir de la politiquería partidista de las medallas para centrarnos en la consecución de victorias en las que la gente conforma un bloque popular del que nosotros formamos parte pero no somos el todo. Nuestros representantes en las instituciones no pueden convertirse en políticos, sino que deben seguir siendo militantes y cumplir una tarea al servicio del interés colectivo».

El documento señala que ese camino institucional se debe andar «sin caer en el tacticismo parlamentario ni en el oportunismo partidista, y mantener la coherencia programática, demostrando que Podemos es el instrumento parlamentario del bloque social y popular de cambio».

País plurinacional

El nuevo Podemos apuesta por un país plurinacional y la celebración de referéndums soberanistas como el que plantea la Generalitat catalana. «La España del siglo XXI vive con normalidad y fraternidad que el nuestro sea un país plurinacional y no teme ni a los referéndums (que son siempre un indicador de salud democrática), ni a las formas de democracia directa, ni a una participación más democrática en los partidos políticos», asegura.

Por ese motivo, el documento político mantiene el sistema de confluencias con otras organizaciones políticas, que está llevando a territorios como Andalucía a constituirse en partido autónomo para tener la misma autonomía que esos socios electorales.

Uno de ellos, IU, ha sido caballo de batalla en la Asamblea Ciudadana. La victoria de Iglesias garantiza un lugar privilegiado para la organización en el futuro de Podemos. El documento político aprobado apuesta por profundizar en esa colaboración.

“Las confluencias, las uniones voluntarias de gente que viene de diferentes sitios, son la garantía para poder articular una red amplia. En el siglo XXI la forma partido clásica está prácticamente agotada”, asegura el texto, en el que sentencia que los partidos “deben experimentar una mayor flexibilidad —como hizo el 15M— y empezar a entenderse como partes de algo más amplio”.