El errejonismo ha pasado de aspirar a liderar Podemos a desaparecer sin dejar rastro. El malestar empieza a crecer entre los afines al ex número dos de la formación, Iñigo Errejón. Consideran que el empeño puesto por alzar a su líder en Vistalegre 2 no sólo no ha sido recompensado, sino que están sufriendo las consecuencias de haberle apoyado sin que el actual secretario de Análisis Estratégico pueda ofrecerles nada a cambio.

La corriente errejonista se ha definido por la defensa de la transversalidad, consistente en que Podemos tenía que rechazar la tradición de izquierdas y buscar la centralidad del tablero político para aspirar a la construcción de nuevas mayorías. Una tesis que Iñigo Errejón defendió en la Asamblea Ciudadana Estatal de febrero y que obtuvo más del 30% de los votos. Los apoyos obtenidos entonces no han tenido una traducción orgánica, y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, cumplió sus advertencias en la campaña: no habría familias ni corrientes internas en el partido.

Los trabajadores de Podemos afines a Errejón han sido sustituidos por partidarios de Iglesias

Siete semanas después del cónclave, el pablismo ha tomado posiciones en la formación y quienes defendieron la postura de Errejón han sido descabalgados de sus puestos. El líder del errejonismo tenía control sobre el aparato del partido, y la nueva dirección ha forzado la salida de una treintena de personas en las últimas semanas. Los despidos se han producido en dos remesas, una el 1 de marzo y otra el 15, y las responsabilidades que ocupaban han sido distribuidas entre afines a Iglesias.

Su pérdida completa de poder orgánico no ha obtenido respuesta por parte de Errejón, que acordó con Iglesias ser el candidato de Podemos en las elecciones de la Comunidad de Madrid a cambio de mantener a los suyos a raya y no hacer ruido mediático. Así, la masa errejonista ha sido expulsada del partido sin que le fuera permitida ningún tipo de protesta. La gestión del post-Vistalegre de Iñigo Errejón recibe críticas entre los afines que quedan en el partido, que son en su mayoría cargos públicos que preservan su puesto.

Iglesias asumió el desgaste por defender a los suyos; en el caso de Errejón, ha ocurrido la revés

Consideran que los seguidores de Iñigo Errejón se han «sacrificado» por su líder y que éste no ha hecho demasiado por salir en su ayuda. El planteamiento plebiscitario de Iglesias en Vistalegre con su máxima de «si pierdo, me voy» supuso un desgaste para la figura del líder de Podemos, que estuvo dispuesto a asumir con tal de defender a su equipo. En cambio, los errejonistas de Podemos creen que el planteamiento de Errejón fue el contrario, preservando a su referente por encima de todo: «Hemos intentado siempre salvarlo, que no se desgastara, y si alguien se quemaba, éramos nosotros».  Una circunstancia que estaban dispuestos a asumir, pero que ha contribuido al hartazgo entre parte de sus seguidores.

El silencio impuesto por Errejón entre los suyos va encaminado a preservar el acuerdo con Iglesias para postularse como candidato a la Comunidad de Madrid en 2019. El ex número dos del partido tiene la intención de configurar a su equipo en el ámbito regional en 2019 y rescatar a algunos de quienes han sido expulsados del partido. Mientras tanto, y a la espera de que llegue ese momento, Errejón se pone de perfil en todo lo concerniente a los suyos con el objetivo de preservar el pacto. «No baja al barro», aseguran representantes regionales de Podemos, descontentos con la resignación de Errejón, que ha bajado los brazos a la hora de proteger a los suyos.

El otrora líder de la corriente errejonista ha renunciado también a dar la batalla en las asambleas regionales y deja a su suerte a los afines que quieran presentarse a nivel autonómico, a sabiendas de que el rumbo marcado por Vistalegre 2 y la victoria de Iglesias determinará en gran medida el resultado de los cónclaves inferiores.  Errejón quiere emprender un camino a Madrid sin apartar la vista de su objetivo.

El errejonismo no tiene plan, ha muerto, no quedan errejonistas», señalan sus afines

Si, en Vistalegre II, los errejonistas dieron la batalla para consolidarse como una alternativa, las consecuencias han sido justo las contrarias. «Hemos pasado de ser una corriente interna a ser Iñigo [Errejón] y 18 liberados». Los liberados -trabajadores contratados por el partido y con dedicación exclusiva- eran parte de la masa errejonista que habitaba en Podemos. Con la salida de la mayoría de los trabajadores afines al secretario de Análisis Estratégico, es un reducido grupo quien vela por sus intereses. «El errejonismo no tiene plan», destacan diputados nacionales, «el errejonismo ha muerto, no quedan errejonistas».

Un sector del errejonismo no ve claro que vaya a cumplirse el acuerdo entre Iglesias y Errejón. Aunque consideran que éste último ha cumplido su parte apaciguando los ánimos de los suyos, evitando estridencias y cumpliendo un nuevo perfil bajo, no tienen claro que los partidarios de Iglesias vayan a poner el camino fácil. «Iñigo lo tiene muy claro porque confía mucho en la palabra de Pablo Iglesias», reseñan fuentes cercanas. Por lo pronto, el líder de Podemos ya ha conseguido su parte del trato: mantener bajo su control al partido y evitar más  polémica interna. Faltan dos años para que Errejón vea cumplida la promesa de su líder.

Los partidarios de Errejón temen que el secretario general de Podemos en la Comunidad de Madrid, el pablista Ramón Espinar, trate de impedir que Errejón cumpla su meta, puesto que supone verse desplazado sólo meses después de recibir el apoyo de los inscritos. Así, creen que los pablistas tratarán de boicotear el acuerdo. ¿Cómo? A base de provocaciones a nivel autonómico con el objetivo de hacer saltar a los errejonistas, que estos rompan el pacto de silencio y así se dé también por roto el acuerdo.