El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no intervendrá en el debate de la moción de censura que ha anunciado Pablo Iglesias si es verdad que acaba fructificando. De este modo hurtará al líder de Podemos un «cara a cara» si eso es lo que busca en un órdago parlamentario sin posibilidades aparente de que salga adelante, pero del que la formación morada quiere salir coronada como la auténtica oposición al PP.

Dada la naturaleza constructiva de las mociones de censura de nuestro país, el que se «examina» no es el censurado sino el candidato a sustituirle, obligado, además a presentar un programa de Gobierno. Por ello, ni la Constitución ni el Reglamento de la cámara obligan a intervenir al jefe del Ejecutivo. Basta con que lo haga un diputado en nombre del PP, que tampoco tiene que ser necesariamente el portavoz parlamentario popular, Rafa Hernando, para explicar el sentido del voto de su Grupo Parlamentario.

La moción servirá para visualizar «que no hay una alternativa de izquierdas viable», dicen en el PP

Incluso, en este punto, algunos dirigentes se inclinan por hacer poco menos que «una faena de aliño»,  una breve intervención con la que rebajar la maniobra de Iglesias echando mano de un instrumento parlamentario legítimo que hasta ahora se ha saldado con resultados diametralmente opuestos. Entendida la moción por parte de Moncloa como un «acto de propaganda» similar al del ya desaparecido tramabús, está por debatirse qué rango se da a este debate si es que, finalmente, la moción va adelante, porque los populares también tienen sus dudas.

Hoy por hoy tampoco se conoce si Iglesias encabezará esa moción en calidad de candidato a la presidencia o, si en un nuevo giro argumental «propondrá a un independiente o al propio Pedro Sánchez». Todo son incógnitas. Por lo pronto, parecen dispuestos a retrasar la moción hasta que el PSOE aclare su liderazgo, conforme han reclamado otros miembros del Grupo como el catalán Xavier Domenech.

En Moncloa y en el PP están los que creen que tras esa fallida moción»Iglesias se debería ir a su casa» y otros que, sin llegar a tanto, tienen construido el discurso postvotación, esto es, «la ausencia de una alternativa viable», lo que, a su juicio, consolida la posición del PP como la única opción creíble de Gobierno. Defienden que el debate servirá para visualizar que la izquierda está lejos de conseguir el objetivo de alcanzar el poder, aún en el caso de que el PSOE se sumara a esa estrategia que, hoy por hoy, han rechazado Susana Díaz y Patxi López, pero a la que se ha abierto tímidamente Pedro Sánchez al afirmar en distintos que él no descarta ningún escenario.

Moncloa cree que con Sánchez, muchos diputados del PSOE apelarán a su libertad de voto

Incluso si ganara las primarias Pedro Sánchez para erigirse de nuevo en secretario general del PSOE, lo previsible es que no todo el Grupo Socialista le siguiera en la aventura de sumarse a la moción de Podemos. De hecho, Sánchez tendría una convivencia casi imposible con algunos de sus diputados, que se sentirían, como lo fueron los suyos en la investidura de Rajoy, libres de romper la disciplina de voto. Por ello, incluso en el peor de los escenarios para el PP, esto es que gane Sánchez las primarias, no creen que pudiera gobernar a la totalidad de los parlamentarios socialistas.