Theresa May se busca en el espejo y quiere ver a Margaret Thatcher. Aquella primer ministra que “no se contradecía” (the lady is not for turning, era el lema de la Dama de Hierro). Sin embargo, a May sus contrincantes la describen como “la reina de los giros de 180 grados”. Defendió la permanencia en la UE y ahora abandera el Brexit, aseguró que no habría elecciones anticipadas pero cambió de idea en abril y convocó a votar este 8 de junio, y en campaña ha corregido el programa conservador sobre la marcha. Sus vaivenes han hecho que su rival, el cuestionado líder laborista, Jeremy Corbyn, resucite y aparezca como un contrincante creíble en la batalla por el 10 de Downing Street, lo que ponían en duda hasta sus correligionarios.

May (Eastbourne, 1956) sucedió como primera ministra a David Cameron, cuando se vio obligado a dimitir tras la victoria de los partidarios del Brexit en el referéndum del 23 de junio de 2016. No había sido legitimada en las urnas pero durante nueve meses aseguró que no habría elecciones anticipadas. De forma sorprendente, el 18 de abril convocó a los británicos a votar con el argumento de que necesitaba su apoyo para negociar de forma contundente con la Unión Europea.

La primera ministra ha planteado las legislativas como si fueran unas elecciones presidenciales en las que se presenta al electorado como la líder sólida para pilotar el Brexit frente al, a su juicio, inconsistente Jeremy Corbyn (Chippenham, 1949). Asegura que la alternativa a su gobierno sería una “coalición del caos”, en la que participarían nacionalistas escoceses y liberaldemócratas.

“Necesitaba las elecciones porque no tiene mandato, ni legal ni moral, para la estrategia sobre el Brexit que propone, que supone una ruptura con el mercado único, y la amenaza de que no haya acuerdo si los términos no son buenos para el Reino Unido. Los otros partidos, salvo el UKIP, plantean una acuerdo similar al de Noruega o Suiza. Como las encuestas le favorecían, dio el paso y parecía una buena idea. Pero cometió un error al personalizar el mensaje: ‘Confía en mí sobre el Brexit‘. Los votantes están hartos de siete años de austeridad y quieren respuestas en el ámbito doméstico”, señala Paul Mason, periodista británico autor de Postcapitalismo, hacia un nuevo futuro

Según Jeremy Cliffe, actual corresponsal de The Economist en Berlín y hasta abril columnista sobre política británica en este semanario, “May ha lanzado una campaña presidencialista pidiendo un mandato directo sobre el Brexit, aunque el sistema británico es parlamentario. Parece la campaña del equipo de Theresa May, más que la del Partido Conservador. Aunque gane, su credibilidad y su capacidad de liderazgo están cuestionadas. Su índice de aprobación está en caída libre, al contrario que Corbyn que resulta reforzado”.

The Economist salvaba en un artículo reciente a la Theresa gestora de la crisis tras el atentado de Manchester por personificar “el mantener la calma y seguir adelante”.  Los ataques de la noche del sábado en Londres, en los que han muerto al menos siete personas y 48 han resultado heridas, vuelven a poner a prueba a la primera ministra.

Aunque gane, la credibilidad de May y su capacidad de liderazgo están cuestionadas, y su índice de aprobación, en caída libre”

La ventaja en los sondeos en abril sobrepasaba los 20 puntos. Los laboristas parecían más hundidos que nunca. A ello se suma que no presentaban un discurso alternativo claro sobre el Brexit, así que la batalla parecía ganada de antemano. En los últimos días las encuestas muestran que se acortan las distancias a la mitad, unos ocho o 10 puntos de promedio. YouGov apuntaba a mitad de semana que los laboristas pueden situarse tres o cuatro puntos por debajo de los conservadores. La proyección en escaños prevé la posibilidad de un parlamento sin mayoría (hung parliament) con los conservadores en torno a los 308 escaños, muy por debajo de los actuales 331 diputados.

Otra encuesta que se publica el domingo, de Survation, reduce la diferencia a un solo punto: los conservadores tendrían un 40% de apoyos y los laboristas un 39%, lo que supondría que los tories habrían perdido 11 puntos en apenas dos semanas y podrían perder la mayoría. El fundador de Survation, Damian Lyons Low, reconocía a Reuters, que “el riesgo de que May pierda la mayoría ha aumentado significativamente”.

Sin embargo, muchos expertos desconfían de este pronóstico y siguen manteniendo que los conservadores mantendrán o ampliarán su mayoría. Por ejemplo, la encuesta de la Asociación de Estudios Políticos británicos, de Stephen Fisher, Chris Hanretty y Will Jennings, señala que los conservadores tendrán un 43% de apoyos, frente al 29% de los laboristas. La participación, que será clave, en este caso sería de un 63%. Es el otro extremo a lo que anticipan YouGov y Survation.

Después de las inesperadas victorias de Trump en EEUU y del Brexit, los sondeos parecen más que nunca cargados por el diablo. Queda por ver además el impacto del atentado de Londres del sábado por la noche.

“Es posible que los laboristas mejoren los resultados de 2015, pero May contará con una mayoría cómoda. La razón es que los británicos no confían en los laboristas en economía, también hay que tener en cuenta que las encuestas sobrevaloran el apoyo a este partido y los votantes laboristas (muchos jóvenes y estudiantes) muchas veces terminan absteniéndose. Además, parece que aumenta el respaldo a Corbyn en lugares donde ya estaban consolidados, como en las grandes ciudades”, señala el periodista Jeremy Cliffe.

Otra cuestión relevante es que el sistema electoral de circunscripción única hace difícil predecir las proyecciones en escaños. El ganador en cada una de las 650 circunscripciones se queda con el escaño. En los sondeos a veces resulta difícil dilucidar ese voto táctico de quien apoya a un candidato determinado por sus políticas concretas pero se declara de otro partido.

“La tendencia apunta que los laboristas se recuperan con respecto al arranque que era desastroso y es cierto que la campaña de May sufre contratiempos. Pero hay que ser cautelosos porque ya en 2015 las encuestas fallaron con Cameron, que logró una clara victoria. May se presenta como la persona más fiable para gestionar el Brexit. Como May ha tenido algunos resbalones, ahora no se le percibe tan fiable. Las elecciones, al fin y al cabo, se juegan en clave nacional y los laboristas han puesto el énfasis en la justicia social”, afirma Pol Morillas, investigador del CIDOB de Barcelona.

Las elecciones se juegan en clave nacional y los laboristas han puesto el énfasis en la justicia social y no en el Brexit”

May, que centra su campaña en ese “mejor Brexit” y en el recorte de la inmigración, si bien no está claro que esta reducción sea beneficiosa para la economía, tuvo que rectificar una de las medidas del manifiesto conservador, la llamada dementia tax. Es una forma de copago de los mayores, cuya familia habría de responsabilizarse de los costes de su atención médica salvo un límite de patrimonio de 100.000 libras, incluida la casa. Dado el revuelo que se armó al dar el dato, se mantiene la medida pero no se ha fijado la cantidad. Grava más a los ancianos más longevos y a sus familias.

En términos generales, la campaña de May ha sido “de las peores de los últimos años”, en palabras de Jeremy Cliffe. Ha despreciado, por ejemplo, asistir a los encuentros televisivos cara a cara y fue la gran ausente en el debate a siete de la BBC. “Intentó mostrarse como la líder fuerte y estable frente a Corbyn pero se ha visto su fragilidad, por ejemplo al no ir a ese debate”, afirma Salvador Llaudes, investigador en el Real Instituto Elcano.

Por el contrario, Corbyn está venciendo su reputación de quisquilloso y malhumorado. “Su programa, al contrario que el de May, está bien trabajado. Pero también se beneficia de las bajas expectativas iniciales y de lo mal que lo ha hecho May”, añade Cliffe, que sigue sin ver a Corbyn como una “alternativa real” para ocupar el 10 de Downing Street.

El lema de Corbyn es “un país para muchos, no para unos pocos”. El programa laborista aboga por un amplio plan de gasto público y la renacionalización de correos, ferrocarriles y compañías de suministro de agua. También se elevará el salario mínimo a 10 libras la hora en 2020. Queda poco claro cómo se financia pero se elevarán los impuestos a los más ricos (quienes ganen más de 80.000 libras al año) y a las empresas.

La justicia social interesa a la población de la quinta economía mundial, debido al empobrecimiento de un sector creciente de la población y el deterioro de los servicios públicos, sobre todo el servicio nacional de salud (NHS). Hay en el Reino Unido cuatro millones de niños que viven bajo el umbral de pobreza. Los laboristas piden que se distribuyan desayunos gratis en las escuelas.

Según Mason, “es el programa más izquierdista de toda la socialdemocracia europea. Representa una clara ruptura con el neoliberalismo y ofrece a la gente cantidades reales de dinero, revierte los recortes en los presupuestos de los colegios, y promete la gratuidad de la enseñanza universitaria, lo que puede incrementar el voto de los jóvenes entre 18 y 24 años”. El periodista Paul Mason alienta al líder socialista Pedro Sánchez “a que deje de rivalizar con Podemos y ofrezca una alternativa al capitalismo de libremercado”.

La brecha generacional es especialmente significativa en el Reino Unido. Es uno de los factores de los que depende la mejora de los resultados de los laboristas. Si los jóvenes acuden a votar, Corbyn se verá consolidado. Ignacio Jurado, politólogo de la Universidad de York y consultor político en Quantio, destaca cómo Corbyn es un líder que representa el laborismo de los 70, que sin embargo triunfa entre los que tienen entre 18 y 24 años (hasta un 75% de apoyo).

“Hay una segmentación cultural en la sociedad británica: los jóvenes son universalistas y los mayores más proteccionistas. Ya se vio con el Brexit. Los jóvenes querían quedarse, los mayores apoyaron la salida. Por eso el proceso seguirá ahí durante años. Las nuevas generaciones podrían plantearse en el futuro qué hacer”, añade Jurado.

May ha intentado desde el principio que el tema de la campaña sea el Brexit y su competencia para afrontarlo. Sin embargo, se niega a dar detalles sobre cuánto pagará el Reino Unido por la salida y se limita a repetir su mantra: “Mejor que no haya acuerdo a un mal acuerdo”. Sin embargo, los laboristas no dan la batalla sobre el Brexit. Corbyn acepta que siga adelante sin un nuevo referéndum, como reclaman los liberaldemócratas que lidera Tim Farron. Ahora el líder laborista sí que replica a May con lo nefasto que resultaría que no hubiera acuerdo.

“Aunque hubo un 48% de británicos contra el Brexit, hoy dos tercios de la población han asumido que se marcharán de la UE, estén o no de acuerdo con la decisión. Eso explica que la propuesta de un nuevo reférendum no sea muy popular. Mientras no sientan las desventajas de la salida, no se plantearán revertirlo”, afirma Salvador Llaudes.

Llama la atención que los liberaldemócratas, firmes defensores de un segundo referéndum, corran riesgo de ser un partido marginal, según los sondeos. Es cierto que estas elecciones se han planteado en clave bipartidista y que el sistema electoral británico perjudica a los pequeños partidos. “Están pagando ahora su paso por el gobierno en 2010, cuando tuvieron que renunciar a cuestiones clave como la subida de las tasas universitarias, por ejemplo”, apunta Morillas. A ello se une “la falta de un liderazgo fuerte, la pérdida de visibilidad y el voto útil en esta campaña marcada por el bipartidismo”, dice el politólogo Ignacio Jurado.

Lo que es un hecho es cómo el Brexit ha marcado la política británica. El UKIP, defensor de la salida del Reino Unido de la UE, puede quedarse fuera de Westminster pero “ha ganado la batalla ideológica al señalar el camino del Brexit duro” a Theresa May, en palabras de Pol Morillas.

Al público británico le están mintiendo sobre las consecuencias del Brexit. Las condiciones serán peores cuando dejen el club”

Cameron quiso contrarrestar al UKIP con la convocatoria del referéndum y fracasó. Ahora May sigue la misma línea. Es lo que llama David Sarias, profesor de Teoría Política en el CEU, “el efecto devastador” del Brexit. “Con el Brexit se introdujo un elemento de imprevisibilidad. El sistema parlamentario británico lleva mal estos arrebatos populistas. Cameron detectó la ola populista y quiso neutralizarla pero le salió mal. Ahora el público británico está engañado. Le están mintiendo sobre las consecuencias del Brexit, y Corbyn no entra en ese juego porque en realidad no es europeísta. Apoyan la moción conservadora de que todo está decidido. Las condiciones serán peores cuando dejen el club. Es un hecho y lo están ocultando”, concluye Sarias.

Quizá por eso la canción de Captain Ska donde May queda retratada como “una mentirosa” es un éxito. Vencerá, es probable, pero difícilmente convencerá.