Segunda fase en la toma de poder de Pedro Sánchez en el PSOE. Tras laminar a los barones socialitas de la Ejecutiva, la nueva dirección federal lanza su ofensiva en los territorios. Ferraz ha impulsado la candidatura del alcalde de Burjassot, Rafael García, para disputar la secretaría general del PSOE valenciano al también presidente de la Comunidad, Ximo Puig. Paralelamente, Ferraz busca un candidato alternativo al secretario general y presidente de Aragón, Javier Lambán, otro de los grandes defensores de Susana Díaz en las primarias, a la que calificó de “diosa socialista”.

Falta por definir la estrategia en Castilla La Mancha, cuyo barón, Emiliano García-Page, vinculó su futuro político a la victoria de Susana Díaz, en una especie de plebiscito que perdió en su comunidad. Tras la derrota, García-Page enfría ese anuncio. Durante el cónclave socialista explicó a los periodistas que lo que ocurre en Madrid “vincula y condiciona” los procesos congresuales en el resto del país. “Me va a llevar a hacer mi propio proceso de reflexión cuando acabe este congreso”, añadió.

El alcalde de Burjassot ha sido uno de los apoyos de Pedro Sánchez en la Comunidad Valenciana durante las primarias y le organizó un acto multitudinario en este municipio el 26 de marzo, el mismo día que la presidenta andaluza presentaba en Madrid su candidatura rodeada del establishment del partido. El alcalde valenciano ha visto recompensada esa dedicación con el nombramiento de secretario de actas de la mesa del 39 Congreso Federal.

Estas intenciones y la falta de integración de los perdedores de las primarias han llevado a los barones a quejarse de la actitud del nuevo secretario general. El propio Ximo Puig ha mostrado su desconcierto por el lanzamiento de una candidatura alternativa que, a su juicio, pone en riesgo la cohesión interna lograda bajo su mandato y la estabilidad de la Generalitat valenciana.

Muy diferente es la situación del PSOE andaluz, donde Ferraz no prevé impulsar ninguna candidatura. Susana Díaz es la gran perdedora de las primarias y una contienda interna en su federación la reforzaría con una nueva victoria. Consciente de la situación, la presidenta ha abierto hoy el proceso de presentación de candidaturas para el congreso andaluz que se celebrará el 29 de julio. Centrada en esa labor, su repliegue es táctico. Su entorno explica que Díaz podría volver a la carga si Sánchez logra otra debacle electoral. “No va a alcanzar ni siquiera los resultados de Rubalcaba, los más bajos de la historia antes de los suyos”, vaticinan en el PSOE-A.

Con ese horizonte en la hoja de ruta, la federación andaluza se repliega. No quiere participar en esta Ejecutiva ni sentirse corresponsable de sus decisiones. Es como si constituyeran una corriente interna crítica con el sanchismo. De hecho, el susanismo ni siquiera ha participado en el congreso federal. Tras la inauguración, la presidenta y su cohorte abandonaron el Palacio de Congresos de Madrid y sólo volvieron para votar al día siguiente, saltándose el debate en el plenario y la votación de las enmiendas. “Hay cosas que se comentan por sí solas y no merecen ninguna valoración”, ha asegurado el flamante portavoz dela Ejecutiva, Óscar Puente. “Lo importante no son las ausencias sino la presencia de más de 8.000 militantes que por primera vez van a disfrutar de un cierre de congreso, algo que hasta ahora parecía una cosa muy cerrada para la cúpula del partido”, ha asegurado.

El 39 Congreso Federal respaldó el domingo con un 70,5% la Ejecutiva propuesta por el secretario general, Pedro Sánchez, que presentó como el reflejo de la militancia. Si bien ha aumentado el margen con el que ganó las primarias, un 50% de los votos, se ha convertido en la dirección con menor apoyo en 20 años, similar al respaldo del equipo diseñado por Joaquín Almunia en 1997..

El propio Sánchez hace tres años tras derrotar a Eduardo Madina en las primarias, vio como el Congreso aprobaba su dirección con un altísimo 86,19% de los votos. Es una cifra similar a la registrada en 2000, cuando José Luis Rodríguez Zapatero obtuvo un abrumador 90 por ciento de respaldo, mientras que en 2012, el 38 Congreso celebrado en Sevilla aprobó el equipo de Alfredo Pérez Rubalcaba con un 80,42%.