“Esa persona de la que usted me habla”, Luis Bárcenas, comparece este lunes en la comisión de investigación sobre las finanzas del PP, pero en esta ocasión no hay dudas de que no tirará de la manta porque no piensa abrir la boca más allá de las explicaciones que ofrezca sobre los motivos de su silencio, que no son otros que estar inmerso en dos procesos judiciales, el caso Gürtel y los papeles de Bárcenas.

El que durante casi tres décadas ocupó la gerencia popular, -salvo el paréntesis de Antonio Hernández Mancha, que le echó-, y más tarde se alzó a la tesorería del PP, ha recurrido a distintas estrategias desde que en junio del 2009 la fiscalía solicitara al entonces juez Baltasar Garzón que pidiera al Tribunal Supremo que investigara las actividades del ex mando popular en la red de corrupción que dirigía Francisco Correa. Hasta ese momento había reinado en la planta sexta del cuartel general de los populares y hasta tenía acta de senador del Reino.

Unos días después, el 8 de julio, Bárcenas inició su particular descenso a los infiernos al dimitir como tesorero del PP, aunque mantuvo su relación con este partido hasta el 2013 porque el suyo fue un “despido en diferido”, tal y como argumentó la secretaria general, María Dolores de Cospedal, en unas desafortunadas declaraciones que la persiguieron durante mucho tiempo. Era difícil de explicar por qué se le mantuvo coche, despacho y hasta sueldo con cotización a la Seguridad Social. La “número dos” popular hubo de tragarse el sapo de justificar lo injustificable y, sobre todo ella, partidaria de la cirugía de raíz, de haberle echado, de verdad, en cuanto comenzaron las primeras sombra de sospecha.

Y eso Bárcenas no se lo perdonará en la vida. Cospedal es su Némesis, el objetivo a abatir. Quiso que la imputaran en el caso del borrado del disco duro de sus ordenadores e implicarla en un delito de malversación y prevaricación por un supuesto contrato ilegal de basuras en Toledo con comisión de por medio, sin conseguirlo. Es más, la también ministra de Defensa hasta le ganó el pleito por vulneración de su honor cuando le llevó a los tribunales por afirmar que le había entregado dinero en efectivo. El ex tesorero llegó a acusarla de estar detrás de las filtraciones a la prensa, aunque más tarde culpabilizó a su entonces gerente, Cristóbal Páez, al que llegó a lanzar a la cabeza un cenicero durante una discusión en la sede de partido. Todo muy edificante de alguien que ya había perdido el control. Tras dejar la tesorería, unos meses más tarde, en abril del 2010, dimitió como senador.

Dos años de calma antes del via crucis

Durante el 2011 y el 2012 las sospechas sobre su gestión en el PP se suavizaron después de que el juez Antonio Pedreira del Tribunal Superior de Justicia de Madrid archivara su caso, pero al perder la condición de aforado la investigación volvió a la Audiencia Nacional. Unos meses más tarde, en enero del 2013, Suiza informó de que Bárcenas acumulaba más de 22 millones de euros en bancos de este país que luego elevó hasta los 42. La información se publica el 16 de enero. Tan sólo dos días después, el 18, se produce el que es uno de los momentos más controvertidos de este caso, el afamado “Luis, sé fuerte”, que el mismísimo Rajoy le envía a su móvil vía sms y que éste atesora por lo que pueda pasar. Aquel escándalo acabó obligando al presidente del Gobierno a dar explicaciones en el Parlamento. “Me equivoqué en mantener la confianza en Bárcenas”, dijo por todo argumento.

A partir de este momento, el ex tesorero pasó a ser el apestado, pero lejos de arredrarse recuperó el paso cuando se publicaron sus llamados papeles. Unas anotaciones en las que recogía los donativos de los empresarios y los pagos que había realizado a sus antiguos compañeros a los que había pagado desde sobresueldos, hasta obras en sus viviendas o trajes.

Durante unos meses se desmarcó de estos papeles y por negar negó que la letra fuera suya, pero un mes después de ingresar en prisión, en junio del 2013, volvió a cambiar de opinión y en una entrevista en El Mundo donde dijo digo dijo diego y asumió la veracidad de estas anotaciones. Esta asunción de responsabilidades y su nula colaboración con la justicia le llevaron a permanecer en la cárcel durante 19 meses.

Sus quince minutos de fama o 16 horas de declaración

Su momento de gloria llegó el pasado 16 de enero cuando se sentó en el banquillo de los acusados en el juicio del caso Gürtel para dar su versión sobre su fortuna en Suiza, el cobro de comisiones y la contabilidad opaca del PP.

Su declaración defraudó porque en las 16 horas que empleó para defenderse se presentó como “un hombre estigmatizado” por haber sido capaz de acumular una fortuna en Suiza de 48 millones de euros, y como un simple empleado en el partido conservador porque sus cargos de gerente, tesorero y senador “le hacían pintar poco”. Poco “pintaría”, pero Génova era su cortijo. No le bastaba controlar la planta sexta del cuartel general de los populares, donde estaba su despacho, sino que utilizaba el garaje del partido de trastero. Con aficiones caras, muy caras, como la caza o el heliesqui, guardaba en un cuarto adyacente a la plaza de aparcamiento sendas cabezas de ciervo y de alce, esquís y trineos. Cuando, ya fuera del partido, envió a un mensajero a que recogiera sus cosas, nadie daba crédito.

Sin embargo, aprovechó sus quince minutos de fama para venderse como un excelente gestor de inversiones. Y es que su olfato le llevó a comprar, por ejemplo, acciones de Endesa que le reportaron siete millones de euros porque era “una sociedad opable” o sus ganancias en negocios tan variopintos como el del limón y la soja en Argentina, el aserradero en Costa Rica o el girasol en Ucrania. Asimismo, dedicó minutos a desmentir a Francisco Correa, que le acusó en esta vista de ser su compinche en el reparto de comisiones a empresarios. “Correa cambia su versión en una noche, entre sueño y sueño”, apostilló.

Las perlas de su declaración

Además, en su extensa declaración dejó caer otras perlas como: “Lo reconozco, evidentemente. En el PP había una contabilidad extracontable”; “Yo no tengo gastos. Las comidas y las cenas las soportaba el PP”; “La causa real de que el PP dejara de trabajar con las empresas de Correa es que este se dedicaba a la intermediación utilizando el nombre del partido”.

A partir de este momento, ha mantenido un perfil bajo e incluso ha dejado de acudir a las sesiones del juicio al igual que su mujer, Rosalía Iglesias. Sus últimas declaraciones las ha empleado para echar un cable al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, al criticar la decisión del tribunal de llamarle a declarar como testigo el próximo 26 de julio. “Me parece un despróposito”, sentenció.

Si hay dos objetivos en su estrategia, uno es lavar la cara del dinero acumulado en sus cuentas en el extranjero y, el otro, librar a su esposa, también imputada, de que pase por  prisión. Aunque sólo un milagro puede salvarle de la condena y ya ha perdido a todos sus amigos del PP, -como lo fue en su día Javier Arenas, lo que no impidió que éste, en calidad de secretario general, prescindiera de los servicios de Francisco Correa-, el otrora poderoso Bárcenas ha rebajado considerablemente el tono con el partido donde tanto ascendió  tanto acumuló.

La vista del caso Gürtel está previsto que termine a finales de este año. Luego Bárcenas volverá al banquillo de los acusados por la caja b del partido desde la que se pagaron las obras de rehabilitación de la sede nacional del PP, pero entonces ya conocerá su veredicto y de presunto inocente lo más probable es que pase a un condenado a la espera de que su sentencia sea firme.