Iñigo Errejón intentará hacerse con el bastión de Podemos en la capital, pero lo hará con las manos atadas. El que fuera número dos del partido se presentará a unas primarias para enfrentarse a Cristina Cifuentes como candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid en las autonómicas de 2019, pero tendrá que suavizar su desembarco en el escenario madrileño mediante acuerdos con la dirección actual, dirigida por Ramón Espinar y conformada por pablistas y anticapislistas, que resultó elegida hace menos de un año. Errejón tendrá también que aceptar ciertas condiciones y asumir el marco político del partido en la capital, donde no se contempla la opción de formar gobierno con el PSOE, según los documentos salidos de primarias.

El ex secretario político de Podemos se someterá al voto de la militancia para ser el candidato oficial de Podemos, aunque el pacto sellado con Pablo Iglesias tras su derrota en la Asamblea Ciudadana Estatal le asegura el apoyo del aparato oficial; un respaldo que sumado a su proyección nacional le dará una victoria prácticamente asegurada. Desde la dirección confían en que el dirigente tratará de llegar a acuerdos con las fuerzas existentes antes de las primarias, aunque abren la puerta a que haya competencia y avanzan que habrá que «normalizar la existencia de varios candidatos». Este intento de «normalizar» las diferentes opciones dentro del partidos buscan evitar que se produzca la confrontación vivida en Vistalegre II y construir un «proyecto colectivo de integración» en el que quepan todas las corrientes.

La dirección madrileña quiere terminar con la dinámica del «todo o nada» que imperó en Vistalegre II

La integración fue, precisamente, uno de los estandartes que defendió Iñigo Errejón en el Congreso estatal de febrero. Sin embargo, la victoria de Iglesias supuso una depuración de responsabilidades dentro del partido, donde el errejonismo ha perdido importantes cuotas de poder interno. Desde la dirección madrileña quieren terminar con la dinámica de «o todo o nada» que hasta ahora ha prevalecido en Podemos y creen que el futuro candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid tendrá que poner sus propuestas de integración sobre la mesa.

A ello se le suman dos obstáculos añadidos: en esta ocasión no tendrá el control orgánico del partido -no está en la dirección madrileña- y tampoco tendrá escaño en la Asamblea de Madrid. La dirección de Espinar está controlada por pablistas y tendrá buscar el entendimiento para lograr uno de los objetivos con los que se lanzó a la plaza madrileña: protagonizar un repliegue territorial en el que poner sobre el terreno su proyecto político. Un proyecto basado en la transversalidad que concebía al PSOE como un aliado necesario y que tendrá que limitarse a la hoja de ruta preexistente en el partido.

Errejón tendrá ahora que ir a contracorriente y buscar el respaldo del aparato de partido madrileño, donde apenas tiene poder orgánico. En cada paso de su desembarco a la Comunidad de Madrid, Errejón tendrá que contar con el visto bueno de la cúpula madrileña y del grupo parlamentario. Los corsés que se encontrará a su llegada rompen con las expectativas del dirigente, que tenía esperanzas puestas en recuperar a su equipo en su llegada a Madrid, después de que Iglesias acometiera una reestructuración que dejó fuera del partido a decenas de afines a Errejón. El objetivo de esta petición de diálogo, señalan miembros de la dirección madrileña, es evitar que la «bicefalia» entre el candidato de Podemos a las elecciones y su secretario general sea destructivo y genere una situación de conflicto que acabe por confrontar a las corrientes del partido, tal como ocurrió en Vistalegre II, donde la formación morada sufrió un fuerte proceso de desgaste.

El camino hacia la confluencia

No es la única condición que Errejón tendrá que aceptar. El documento político de Podemos en la Comunidad de Madrid [consultar aquí] impediría a Errejón formar gobierno con los socialistas en caso de que tuvieran opción de hacerlo tras las elecciones de 2019. «A la hora de abordar alianzas y pactos de gobierno, apostamos por un modelo que, tanto en el Ayuntamiento de Madrid como en la Comunidad y el resto de municipios, evite la constitución de gobiernos mixtos con el PSOE», apunta el escrito. «En el caso de no conseguir el apoyo de esa mayoría, apostamos por favorecer la investidura desde la oposición sin entrar en el gobierno, a condición de un acuerdo programático basado en medidas concretas».

Esto, según el documento, «queda supeditado al resultado de las consultas a los inscritos/as sobre los posibles pactos preelectorales (alianzas y confluencias) o poselectorales (acuerdos de gobierno)», aunque desde la dirección madrileña consideran que el futuro candidato de Podemos tendrá que respetar la «esencia» de la hoja de ruta política. Esta restricción se opone frontalmente a las líneas estratégicas de Podemos a nivel estatal, que ha vuelto a la transversalidad con un discurso de mano tendida a los socialistas. El objetivo es sumar mayorías alternativas para desbancar al PP del Gobierno, aunque hasta el momento Iglesias ha defendido que el acuerdo entre el PSOE de Pedro Sánchez y Podemos sería para formar un Gobierno conjunto. La situación dejará algo de paradógico: mientras Iglesias, que acusó a su número dos de «querer parecerse» al Partido Socialista, busca ahora alianzas con este partido, Errejón tendrá que limitar su relación a acuerdos programáticos o de investidura. La opción de llegar a alianzas de gobierno mediante una consulta ciudadana, sin embargo, abriría la puerta a la posibilidad, aunque requeriría de un acuerdo previo con el aparato madrileño del partido.

Podemos Comunidad de Madrid también contempla el camino hacia una confluencia con más fuerzas políticas, reproduciendo la fórmula que conquistó el Consistorio madrileño y su documento fija el objetivo de «ser capaces de aunar las fuerzas del cambio para la construcción de una mayoría política como se consiguió con la candidatura de Ahora Madrid». En los últimos meses, la dirección madrileña ya ha dado pasos en este sentido y ha establecido encuentros con fuerzas como IU o Equo para acercar esta confluencia. Errejón, que ni siquiera ha anunciado oficialmente su intención de presentarse como candidato, se enfrentará en su llegada a Madrid con el resultado de un proceso que no ha pilotado. Aunque el diputado ha hecho de los llamados «ayuntamientos del cambio» una referencia habitual en sus discursos, siempre ha recelado de la relación con IU ante el riesgo de que la marca Podemos se desdibujara en la coalición. A falta de dos años de las elecciones, y sin que todavía haya llegado el respaldo oficial de Pablo Iglesias a su opción como candidato, el dirigente madrileño se mantiene prudente antes de entrar en una carrera que se presenta llena de obstáculos.