La unidad vuelve a Podemos. La unidad teórica, al menos. La caída en desgracia de Íñigo Errejón no impidió que sus tesis renacieran en el debate de la moción de censura, donde Pablo Iglesias rectificó los postulados que defendió en Vistalegre II tendiendo la mano al PSOE. La línea política que ganó entonces la Asamblea General no es la que ha salido a relucir esta semana en el Congreso de los Diputados; el viraje del PSOE ha obligado a Iglesias a volver sobre sus pasos para adoptar un papel más posibilista -respaldado por Errejón- frente a la línea más dura que él mismo defendió en febrero. En un argumentario interno a final de mayo, Podemos ya recuperaba las tesis errejonistas para evitar la fuga de votos al PSOE. Un volantazo estratégico que esta semana se ha puesto en evidencia.

Iglesias abogó en su discurso por uno de los ejes discursivos de Errejón, y repitió hasta en tres ocasiones el concepto de “transversalidad” defendido por el ahora secretario de Análisis Estratégico de Podemos, y tendió la mano a los socialistas para conformar una «mayoría alternativa» al PP sumando fuerzas con el PSOE y con los partidos nacionalistas. Iglesias empleó un tono amable con los socialistas, en un intento por seducir al partido, una de las expresiones también acuñadas por Errejón, que alertaba del riesgo de asustar al electorado y ocupar un espacio de resistencia en la oposición en lugar de llegar a acuerdos.

Los llamados pablistas defendían la idea de un “Gobierno fuerte”, apoyado en el concepto de la “triple alianza” formada por PP, Ciudadanos y PSOE, al que calificaban en su documento político de Vistalegre II como “un partido del régimen del 78”. En el mismo escrito, Iglesias defendía mantener la independencia de Podemos respecto al resto de formaciones y mantenerse enfrente de los socialistas: “Tenemos la enorme responsabilidad de proponer una política diferenciada, en todos y cada uno de los ámbitos, a la actuación del actual Gobierno y sus socios (declarados y virtuales)”, señalaba a principios de año el líder de Podemos, en referencia a Cs y PSOE. El escrito de Podemos Para Todas, la candidatura de Iglesias en Vistalegre II, también señalaba la dificultad de que el PSOE “vuelva a ser lo que fue y que pueda hegemonizar la oposición del PP”.

Por entonces, Errejón se marcaba una postura frontalmente distinta a la del líder. “El PSOE no entiende que está condenado a entenderse con nosotros”, señalaba en una entrevista en enero. “El Podemos ganador es el que obligaba al PSOE a discutir sobre lo que hacía Podemos”, abogaba el entonces número dos. En su documento político, Errejón defendía abiertamente la utilidad del entendimiento con los socialistas y la amenaza de convertirse en una fuerza de resistencia. «Abordar la relación con el PSOE de manera inteligente y laica ha sido siempre mucho más productivo para Podemos que la negación obsesiva y el choque frontal», señalaba el escrito. Estas tesis provocaron las críticas del sector pablista de Podemos, que le acusó de moderación y de intentar “parecerse» a otras fuerzas como el PSOE.

Una vez despojado de la Secretaría Política, de la portavocía parlamentaria, sin contar con su equipo de cabecera y de enfrentarse a la extinción de su corriente interna para recluirse en la Comunidad de Madrid, Errejón ve ahora cómo sus tesis reflotan tras la refriega interna. El día después del debate, el grupo parlamentario de Podemos se reunió para valorarlo y, señalan fuentes de la nueva dirección, afín a Iglesias, se escenificó una «sensación de comunión» de todo el partido. Una imagen imposible hace cuatro meses. La sintonía entre Iglesias y Errejón ha mejorado y quienes se mantuvieron del lado del secretario político celebran el cambio de estrategia.

Errejón apostaba por que Podemos tenía que llevar la iniciativa y obligar al resto de partidos a moverse en torno a sus movimientos. Y eso fue exactamente lo que ocurrió esta semana en el Congreso de los Diputados. Iglesias lanzó una oferta a los socialistas y los socialistas recogieron el guante. Este debate sobre la relación con el PSOE ya se hizo presente en el partido tras las elecciones de 2015. Errejón defendió entonces permitir  un gobierno liderado por Pedro Sánchez para sacar al PP de La Moncloa, mientras que Iglesias apostó por rechazar esta opción ante el optimismo que inspiraban las encuestas. El resultado fue un batacazo electoral por el que perdieron más de un millón de votos.

Otra de las grandes diferencias entre Iglesias y Errejón fue la importancia que le dieron a su representación en la calle y en las instituciones. Mientras el líder de Podemos defendía que había que apoyarse en mayor medida en los ejes sociales, el entonces secretario Político abogaba por plantear iniciativas en el parlamento y negociar con el resto de fuerzas para forzar cambios y «ser útiles desde ya».

Cuando Iglesias anunció la moción de censura en el Congreso de los Diputados, todos en Podemos fueron a una. Mientras la dirección pablista lanzaba la propuesta sin siquiera avisar a sus diputados, los seguidores de Errejón se sintieron reflejados y cómodos por la apuesta, que conllevaba emprender una de las medidas parlamentarias más importantes de la Constitución.

La duda ahora es si esta actitud del nuevo Pablo Iglesias es un paso táctico para poner a los socialistas frente a sus contradicciones

La duda ahora es si esta actitud del nuevo Pablo Iglesias -con un tono moderado, abierto a pactos con el PSOE y centrado en las instituciones- se trata de un paso puramente táctico para poner a los socialistas frente a sus contradicciones o si es una estrategia encaminada realmente a descabalgar al PP del Gobierno. La postura que afronte Iglesias en los próximos meses será determinante para la conformación o el fracaso de la mayoría alternativa a la que apela. La medida en que el partido morado sea flexible a acuerdos dejará ver los verdaderos objetivos de estos movimientos.

Pero una vez que se ha hecho evidente la errejonización de Iglesias, algunos se preguntan por el sentido de Vistalegre II, donde confrontación se llevó al límite y dejó a un partido traumatizado por el enfrentamiento. Son, en su mayoría, personalidades de la órbita de Errejón, como es el caso de Fernando Broncano, catedrático de Filosofía en la Universidad Carlos III, que reflexionaba este jueves sobre el proceso vivido en Podemos los últimos meses y sobre el final del camino que ha resultado ser, al final, compartido: «Para esto no hacía falta haber sometido a una tensión tan grande al partido. Para terminar dando la razón en la práctica a todos los que defendimos la dignidad de lo parlamentario, de la crítica cuidadosa y el rigor de los programas, no hacía falta causar tanto daño psicológico y moral».