“Ahora empieza una nueva fase. En mi opinión, consiste en ver con cuántas fuerzas cuentan los de arriba para restaurar un orden tocado o para intentar contener un cambio que nosotros vamos a protagonizar y, por tanto, cuánto van a gobernar los tiempos”. Con esta reflexión de Íñigo Errejón tras las elecciones del 20-D cierra León de Aranoa su documental sobre Podemos, Política, Manual de Instrucciones. Tras la aprobación de los presupuestos para 2017 y del techo de gasto para 2018, el horizonte electoral se sitúa en 2019, cuando tocan elecciones municipales y autonómicas, a las que podrían sumarse las generales. Errejón se prepara para esa fase.

Después de un tiempo apartado de la primera línea -desde que perdió el congreso de Vistalegre 2 en febrero- Íñigo Errejón vuelve a la carga con los ojos puestos en la Comunidad de Madrid, que aspira a gobernar. Aunque habrá primarias para esa candidatura, Errejón ya trabaja en la construcción de su perfil como candidato y en convencer a Manuela Carmena para que se vuelva a presentar y formen juntos un ticket electoral para la Alcaldía y la Comunidad: un cartel de juventud, experiencia moderación y colaboración institucional.

El fin de su silencio se produce cuando sus tesis se han impuesto de facto en su partido. Pablo Iglesias -que culpó del mal resultado electoral del 26-J a la estrategia errejonista de mano tendida al PSOE- ahora abraza esa opción. Se trata de una especie de “errejonismo sin Errejón”, como se ha bautizado en el PSOE.

El sábado pasado, Errejón volvía a poner voz a la convicción de que Podemos debe colaborar con el PSOE para atraerlo a sus posiciones. En la universidad de verano del partido, celebrada en Cádiz, defendió que Podemos sea “un motor” de influencia para atraer a otras fuerzas políticas hacia medidas que “nunca hubieran defendido solas”.

Esta definición de Podemos como “motor que empuja a otras fuerzas a ir un poquito más allá de lo que habrían ido solas” se enmarcaría en una “competición virtuosa” entre los dos partidos. “Una fuerza política de futuro no es necesariamente siempre la que gana los votos, también es la que gana influencia intelectual sobre otras”, aseguró, explicando que en la “subasta” política, Podemos debe llevar la iniciativa y “ser más atrevido con las propuestas”.

Estas tesis no son novedosas, ya que Errejón incluso defendió la abstención de Podemos en la investidura fallida de Pedro Sánchez para permitir que el PSOE tuviera un Gobierno en minoría en manos de Podemos. Ahora, Pablo Iglesias asume esa lectura de la realidad e invita a Pedro Sánchez a ser presidente a través de una moción de censura a Mariano Rajoy que ambos partidos podrían concretar en el próximo curso político.

En este sentido, la entrada de Podemos en el Gobierno de Castilla-La Mancha abre un escenario muy halagüeño para Errejón. Hasta ahora, la directriz era apoyar a gobiernos socialistas pero sin entrar en ellos. Esa línea oficial condenaba al dirigente prácticamente al ostracismo nacional, al recluirle durante cuatro años en la oposición autonómica. Ese escenario cambia desde el momento en que Errejón podría entrar en un gobierno conjunto con el PSOE en Madrid que permitiera a su sector aprender a gestionar como segunda fuerza del Ejecutivo.

En la actualidad, Ciudadanos sostiene el Gobierno de Cifuentes con 65 votos en la Asamblea, (48 del PP y 17 de C´s) frente a los 64 que suman PSOE (37) y Podemos (27). Sólo un voto podría decantar la balanza a favor de las fuerzas de la izquierda. Por ese motivo, Errejón ha elevado el tono en su oposición política. El pasado miércoles, el diputado convocó a los periodistas en el patio del Congreso para arremeter con dureza contra Cristina Cifuentes, en la línea dura contra la corrupción de Pablo Iglesias. “La Púnica sigue gobernando Madrid y su principal objetivo es destruir pruebas y proteger a corruptos”. “El cerco se estrecha sobre Cifuentes”, aseguró.