La clave para evitar los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils estuvo durante meses en el chalet de Alcanar en el que los 12 terroristas de la célula de Ripoll preparaban la masacre. Una vivienda propiedad del Banco Popular, en una urbanización algo remota, ocupada por un grupo de veinteañeros de aspecto árabe, nadie sabe desde hace cuanto. Las fechas son confusas. Dependen del vecino al que se le pregunte. En El País, uno declaraba que los inquilinos llevaban en el inmueble “muchos meses”. El New York Times concretaba que la actividad se inició en diciembre. En La Vanguardiasin embargo, otro apuntaba al mes de junio, el mismo en el que desapareció el imán de Ripoll salafista, Abdelbaki Es Satty.

Al margen de la fecha exacta, lo que describen todos los vecinos es un ir y venir constante. Entradas y salidas de personas y, lo más relevante, habituales descargas de bombonas de gas que entraban a la casa pero nunca volvían a salir. Los terroristas llegaron a acumular 106 en el interior del chalet. Algunas de ellas contenían triperóxido de triacetona (TATP), un explosivo casero de fabricación sencilla aunque peligrosa que el Estado Islámico ya había utilizado en Bruselas y Londres. El resto, la mayoría, eran simples bombonas de butano destinadas a explotar junto a las demás por efecto dominó.

La explosión de Alcanar se escuchó en varios kilómetros a la redonda y dejó la casa reducida a escombros entre los que afloraban las bombonas

Esto, que los terroristas pretendían que sucediera dentro de un camión de gran capacidad en algún punto turístico de Barcelona, finalmente sucedió en el propio chalet de Alcanar, la madrugada del miércoles, mientras la mayoría de los vecinos veían por la televisión la vuelta de la Supercopa de España que disputaban el Real Madrid y el Barcelona. La explosión fue demoledora, mató a por lo menos dos terroristas en el interior de la casa, hirió a otros siete vecinos, diseminó cascotes de gran tamaño por toda la urbanización y se escuchó en varios kilómetros a la redonda. La vivienda quedó reducida a escombros y entre ellos afloraban las bombonas, por todas partes.

Estado en el que quedó el chalet de Alcanar (Tarragona) tras la explosión ocurrida el miércoles. EFE

El error en la manipulación de los explosivos por parte de una célula casi adolescente precipitó la acción del resto del grupo apenas 18 horas después. Por un lado, Younes Abouyaaqoub recorrió Las Ramblas atropellando a viandantes a bordo de una furgoneta blanca durante casi 600 metros. Por otro, el grupo de Moussa Oukabir se dirigía a Cambrils con la firme intención de acuchillar a turistas en el paseo marítimo. La sospechosa explosión sin embargo no precipitó la acción policial, que hasta el mismo momento del ataque permaneció ajena a la existencia de la numerosa célula.

La primera hipótesis fue el contrabando de bombonas para turistas y la segunda un laboratorio de droga

La propia deflagración fue tratada en un inicio como una explosión de gas, un suceso sin especial relevancia. La primera hipótesis apuntó a que los ocupantes de la vivienda almacenaban y manipulaban bombonas de butano para vendérselas después a los turistas que llegaban a los campings de la zona. La siguiente fue que se podría tratar de un laboratorio de drogas.

Mohamed Houli Chemlal: un día sin ser interrogado

La conexión con la célula terrorista no llegó hasta después de producida la masacre, cuando en una de las furgonetas se encontró la documentación de Mohamed Houli Chemlal, el joven que resultó herido en la explosión de Alcanar, y que había permanecido durante casi 24 horas en el hospital Verge de la Cinta de Tortosa, en libertad y sin ser sometido a un interrogatorio que finalmente se produjo en la noche del jueves al viernes y a la mañana siguiente, tras su traslado a comisaría, ya fuera de peligro por sus lesiones.

El organigrama de la célula distribuido por los Mossos dice de él: “Detenido y herido el 16.08.2017. Posible manipulación de explosivos”. Pese a que la redacción pueda inducir a pensar que la explosión y la detención se produjeron el mismo día, lo cierto es que su pase a disposición policial se produjo el 17, tras los atropellos. Y en ese decalaje podría haber estado la clave.

Al día siguiente, poco antes de los atentados, se produjo una segunda explosión que hirió a otras nueve personas

Máxime, cuando la explosión no fue aislada: al día siguiente, cuando una retroexcavadora trabajaba retirando escombros, lo que se achacó a “una bolsa de gas activada por una chispa de la pala” provocó una segunda explosión que hirió a seis agentes de los Mossos, dos bomberos y el propio operario de la máquina. Tampoco entonces se interrogó a Chemlal, que según el propio alcalde de la localidad, Alfons Montserrat, evolucionaba favorablemente en el hospital, a la espera de ser cuestionado por los agentes. “Puede ser crucial para indicar cuánta gente había y qué se estaba haciendo, para no seguir buscando a ciegas”, dijo el regidor.

“En el 11-M pasó lo mismo, descubrimos quienes eran una vez producida la masacre. Si se hubiese investigado de verdad lo habríamos evitado, prueba de ello es que todos eran conocidos”, ejemplifica un veterano comisario de la lucha antiterrorista en España, en conversación con El Independiente. “En Cataluña igual, pero con el preaviso de la explosión en el chalet”.

Un imán con conexiones yihadistas desde 2003

En el caso de la célula yihadista que atentó en Barcelona y Cambrils, la mayoría de sus 12 miembros contaban con un historial limpio de antecedentes policiales, a excepción del que los Mossos sitúan ahora como teórico líder intelectual y agente radicalizador. El imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, presenta conexiones con el yihadismo que se remontan al año 2003, cuando compartía piso en Vilanova i la Geltrú con Belgacem Bellil, un argelino que posteriormente se inmoló en Irak matando a 28 personas.

Su documentación también fue encontrada en el año 2006 en el domicilio de Mohamed Mrabet Fhasi, presunto reclutador de Bellil, condenado por la Audiencia Nacional aunque absuelto años más tarde por el Tribunal Supremo por “insuficiencia” en las pruebas presentadas contra él.

El imán de Ripoll apareció en la operación Chacal en 2006 y tuvo contacto en prisión con yihadistas

Tras todo esto, Es Satty entró en prisión por tráfico de drogas y abandonó la cárcel en 2014. Mientras tanto, entabló contacto en la penitenciaria de Castellón con Rachid Aglif, condenado a 18 años por su participación en el 11-M. Según fuentes policiales, el imán completó su radicalización en Bélgica, donde viajaba frecuentemente, y a donde trasladaba a parte de sus fieles que tenía intención de mudarse. Este domingo, el alcalde de la localidad de Vilvoorde, Hans Bonte, confirmó que el imán permaneció allí entre enero y marzo de 2016. Vilvoorde es una ciudad colindante con Bruselas, enclavada exactamente entre el turístico monumento Atomium y el aeropuerto de la capital belga.

La investigación se centra ahora en determinar si el imán está entre los fallecidos en el chalet de Alcanar y en pintar un retrato preciso sobre cómo radicalizó paulatinamente a once jóvenes a los que sus vecinos de Ripoll describen como plenamente integrados en la sociedad local. Iban al instituto, aprobaban, jugaban en los equipos de fútbol sala de la localidad y tenían relación con otros chicos de la ciudad. Sus perfiles en redes sociales, además, no se salen especialmente de la normalidad.

Sin vigilancia

Las explicaciones, sin embargo, deberán extenderse también a cómo un imán relacionado con una operación antiyihadista en el año 2006, con pasado en prisión y contacto en la cárcel con terroristas, pudo operar libremente durante dos años en la región de España con mayor riesgo de radicalización, e incluso trasladarse a Bélgica durante meses para después regresar sin ofrecer explicaciones.

Pese a sus antecedentes, los agentes no vigilaron a Es Setty y este pudo ejercer y viajar libremente durante años

La mezquita de Ripoll es de la Unión de Comunidades Islámicas de España (Ucide). Son gente que avisa cuando ven algo raro”, detallan las fuentes antiterroristas consultadas por El Independiente, que detallan sin embargo que durante mucho tiempo ha faltado coordinación entre los diferentes cuerpos de seguridad -los Mossos no han formado parte del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizaco (CITCO) hasta esta primavera- y se ha priorizado por encima de otras la figura del “yihadista virtual”.

Este domingo, los agentes de la policía autonómica visitaron por segunda vez desde la comisión de los atentados la mezquita de Ripoll en la que Abdelbaki Es Setty trabajaba desde 2015 y desde la que, presuntamente, inició la captación del grupo de jóvenes que acabó con la vida de 15 personas e hirió a otros 130 el pasado jueves en Barcelona y Cambrils. Los fieles de la comunidad insisten en describir a una persona reservada y algo aislada, que nunca transmitió ningún mensaje radical en la mezquita y que, pese a llegar para poner paz en el primer templo musulmán de Ripoll, se marchó dejando un reguero de sangre.