96 horas han transcurrido entre el atentado de Barcelona, en el que una camioneta arrolló a más de un centenar de personas y dejó 14 muertos, y la localización y actuación contra Younes Abouyaaqoub, presunto autor de la matanza.Menos de cien horas en las que el autor del ataque había robado un coche, asesinado a su conductor y se había dado a la huida.

En ese tiempo la actuación ciudadana ha sido clave para la investigación. El teléfono gratuito facilitado por las autoridades ha marcado los compases de la investigación, en una persecución que ha implicado a todos los niveles del Estado y que crecía en gravedad conforme se abrían las peores hipótesis: que el autor material de la matanza pudiera estar preparando otro atentado.

El Ministerio de Interior y los Mossos d’Esquadra lanzaron un dispositivo de búsqueda conjunto para dar alcance al presunto terrorista. El ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, ha sostenido la imagen de Abouyaaqoub durante su comparecencia posterior a la reunión del Pacto Antiyihadista.

El llamamiento a la ciudadanía dio sus frutos desde el primer minuto. Desde el pasado jueves, día del ataque terrorista, se han recibido más de trescientas llamadas alertando sobre posibles casos de radicalización o sobre conductas sospechosas, según ha informado el titular de Interior este lunes. Pero en concreto han sido dos llamadas telefónicas las que han estrechado el cerco para dar con el principal sospechoso del ataque, Younes Abouyaaqou. Los dos interlocutores han recibido protección por parte de los cuerpos policiales, que les han mantenido en el más absoluto anonimato.

Una de las llamadas se produjo este fin de semana. Según ha podido saber El Independiente, un ex compañero de trabajo del que en ese momento era el hombre más buscado del país se puso en contacto con los Mossos d’Esquadra. Este individuo facilitó un dato clave para la investigación: el teléfono móvil del presunto terrorista. Una información con la que la policía autonómica no contaba hasta ese momento. De inmediato se comprobó que el número coincidía con el del terminal de Abouyaaqoub. La localización por radar podría haber sido un factor importante a la hora de reforzar los controles.

Sin embargo, fue otra alerta telefónica la que puso sobre la pista definitiva a los Mossos. Según ha explicado el Mayor de la policía autonómica, Josep Lluís Trapero, hacia las tres y media de la tarde del 21 de agosto se han producido dos llamadas casi simultáneas: un testigo decía haber visto al fugitivo en San Sadurní d’Anoia; otro, y esta fue la llamada determinante, se expresó en el “mismo sentido, pero precisando aún más”.

En este último caso la llamada fue realizada por una mujer que aseguró haber visto “sin ninguna duda” al presunto terrorista en la misma zona. “Nos ha dicho que tenía conocimientos de fisionomía y que no tenía dudas de que era la persona que se buscaba. Nos ha dado un detalle importante: que no cuadraba la ropa que llevaba con la temperatura que hacía, porque hacía calor y llevaba manga larga”, ha precisado.

A partir de este momento, los Mossos d’Esquadra han cercado el perímetro y dos agentes locales que estaban de guardia encontraron a una persona escondida en los viñedos. Al pedirle identificación, el terrorista ha dejado ver unos supuestos explosivos adheridos al cuerpo, ha gritado “Alá es grande”, momento en el que “los agentes han tenido que hacer uso de su arma reglamentaria”, ha resumido Trapero. Una vez abatido, ha sido reconocido mediante huella dactilar.