El intento de Podemos por crear una tercera vía en Cataluña vivirá su prueba de fuego a partir del referéndum del 1-O. Hasta el momento el partido de Pablo Iglesias ha tratado de consolidar su apuesta por un referéndum pactado con el Estado y con garantías y en contemplar la jornada del domingo como un acto de «movilización», una tesis que ha sido liderada por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Esta postura le ha llevado a quedar en una difícil posición, entre los partidos considerados constitucionalistas y las fuerzas soberanistas.

Podemos se ha alineado con estos segundos en los últimos días a la hora de condenar la actuación del Gobierno, pedir la liberación de los «presos políticos» o pedir un acuerdo in extremis antes de la fecha señalada. Pero a partir del 1-O se abre una nueva fase en la que se desmarcarán claramente de los partidos independentistas. El comienzo de esta fase pasa por el nulo reconocimiento de los resultados del referéndum del domingo, según reconocen fuentes de la Ejecutiva.

El núcleo duro del partido tiene como consigna «no adelantar ningún escenario» en Cataluña, dado lo imprevisible de los acontecimientos en la jornada del domingo, pero sí lanzan un mensaje claro: los resultados que salgan del referéndum convocado por Carles Puigdemont en ningún caso serán reconocidos por Podemos, puesto que «no son vinculantes al no tener las garantías democráticas» necesarias para ello.

Podemos cree que el referéndum tendrá un «valor político inmenso» que habrá que interpretar

Esta falta de garantías, señalan, hace más necesario que la formación morada mantenga su petición de una consulta acordada y con todas las de la Ley. Para Podemos el resultado del referéndum, en caso de ser afirmativo, «no justificaría en ningún caso» una hipotética Declaración Unilateral de Independencia por parte del Gobierno de la Generalitat, aunque la cúpula de Podemos apela a la prudencia y evita posicionarse claramente ante esta posibilidad. «Pueden pasar muchas cosas», aducen. El silencio respecto al próximo paso del Govern también responde a la estrategia del partido, que aboga por no pronunciarse sobre hipótesis para no alimentar el «frentismo» existente -señalan- «entre quienes quieren proclamar la república y quienes intervienen la autonomía de Cataluña».

Más allá de la invalidez jurídica que otorgan al 1-O, en Podemos no desdeñan en ningún caso la convocatoria. El partido de Iglesias ha interpretado el referéndum como una jornada de «movilización política» por el derecho a decidir, y en este sentido su núcleo duro tiene claro que, aunque los resultados del domingo no justifiquen una ruptura unilateral, sí son tienen un «valor político inmenso» en el escenario político nacional, en la medida en que serán un «termómetro o indicador» que tome el pulso a las «aspiraciones democráticas» en las calles de Cataluña.

Más que en los resultados, el partido morado se detiene en «el éxito o el fracaso de la convocatoria». Una «señal que habrá que saber interpretar a partir del lunes», apuntan. En este sentido, entienden que en el caso de que se produzca «una movilización masiva», el Gobierno se verá «obligado» a abrir una senda de diálogo, acercando así posturas con las tesis moradas.