“Unidos en la diversidad”. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha invocado esta semana la divisa de la Unión Europea ante el president de la Generalitat, Carles Puigdemont, para evitar in extremis la declaración de independencia de Cataluña. “La diversidad no debería conllevar conflictos cuyas consecuencias serían obviamente muy malas para Cataluña, para España y para toda Europa”. Estas palabras de Tusk llevaron a Puigdemont a suspender la declaración unilateral de independencia (DUI) y sentenciar: “Cataluña es un asunto europeo”. Europa ha marcado distancias y ha frenado a los independentistas.

El sueño europeo es una quimera a la que se aferran los separatistas catalanes, que invocan a Europa bien para una mediación, e incluso para formar parte del club, un objetivo surrealista en caso de una independencia unilateral. Cataluña no es un Estado miembro de la UE, “y si no lo eres, no eres nadie en la UE”, como reconocía en un alegato independentista el diputado de Esquerra Republicana Josep Huguet i Biosca. Es decir, los Estados miembros van a defender la integridad territorial y el Estado de derecho, como lo han hecho esta semana desde las principales capitales europeas.

La cuestión catalana es “un asunto interno” que concierne al Gobierno de España. “El Tratado de Lisboa de 2009 no permite que la UE se inmiscuya. Pero entre bambalinas, puede intentar ayudar. En Inglaterra decimos que la Reina puede advertir, animar y aconsejar, y eso es lo que puede hacer la UE”, señala Matt Qvortrup, catedrático de Relaciones Internacionales en la Universidad de Coventry.

En este sentido, actuó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, quien también aconsejó al jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy, que optara por “la fuerza de los argumentos” siempre mejor que “el argumento de la fuerza”. Es más que probable que Tusk coordinara su intervención con la canciller alemana, Angela Merkel; el presidente francés, Emmanuel Macron, y otros líderes europeos. Tras este paso, Rajoy ha dado tiempo a Puigdemont para que confirme si se ha declarado o no la independencia de Cataluña. En este pulso, la UE está del lado de España: está en juego la cohesión del club comunitario.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha sido quien ha llevado la voz cantante sobre la cuestión catalana, y quien más claro ha expuesto la posición, que comparte el resto de los jefes de Estado y de gobierno comunitarios. En un reciente encuentro con el político franco-germano Daniel Cohn-Bendit, Macron dijo: “¿Por qué Europa, Francia o Alemania no intervienen en el tema catalán? Porque Europa está hecha de Estados soberanos. Es una realidad política histórica. Si yo interviniese en el tema catalán, me inmiscuiría en los temas políticos españoles. Y es intolerable tanto para el presidente como para el monarca español”.

 

Tanto Macron como la canciller alemana, Angela Merkel, o el ministro italiano de Exteriores, Angelino Alfano, y la Comisión Europea, han remarcado que la declaración unilateral de independencia “contraviene todas las normas del Estado de Derecho”. A su vez han descartado cualquier mediación, porque le corresponde a España “gestionar” la cuestión. La declaración unilateral de independencia supone una violación de la integridad territorial de un Estado miembro, como recogen los artículos 4 y 49 del Tratado de la Unión.

Como afirma The Economist en su último número, “aunque sea difícil tragarlo para los soñadores, la existencia de la UE es la mejor garantía de la integridad territorial de sus miembros. Para los separatistas, que contemplaban la UE como una red que garantizaría su seguridad en su camino hacia la libertad, el club comunitario se ha convertido en su jaula”. El texto se titula La UE no ayudará a la causa de los independentistas catalanes. Y punto.

“No tiene sentido una mediación internacional”, ha remarcado esta semana la portavoz del Gobierno de Berlín. Un mensaje que se repite machaconamente en todas las cancillerías y en las instituciones europeas. Tantas veces como lo reclaman desde Barcelona. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, también lo ha dejado claro de nuevo este viernes en una declaración. “Si la Comisión, el presidente Tusk, o el Consejo Europeo, actuara en esa dirección (mediación), cuando solo un parte lo pide, esto causaría un grave daño a la UE. Y por ello ni podemos hacerlo ni lo haremos”, ha sentenciado. Sólo mediaría si España lo demandara.

También ha señalado que si Cataluña se independizara se abriría la caja de Pandora y otros podrían sentirse tentados de seguir ese camino: “Si lo permitiéramos, y no lo haremos, otros lo harían también… No me gustaría que en 15 años la UE tuviera 98 Estados. Ya es difícil con 28,  no lo es menos con 27, así que imagino que con 98 es imposible”.

Este aislamiento sabe a fracaso en Cataluña, que ha destinado decenas de millones de euros en los últimos años a una labor intensa de lobby internacional con un despliegue de embajadas en las principales capitales del mundo. “El mejor apoyo al gobierno español es esa petición a Puigdemont para que no declare la DUI y negarse a mediar en un asunto que ha de solventar un Estado soberano, democrático y que respeta las leyes como es España… Sin apoyos en el exterior, Cataluña está abocada a un suicidio económico y político” en caso de seguir por la senda independentista, explica Miguel Ángel Benedicto, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Madrid.

El gobierno catalán no tiene defensores potentes. Está en una posición más débil que Osetia del Sur o Chipre”, dice Qvortrup

Según Qvortrup, autor de Referendums around the world, “el riesgo de una Cataluña independiente es mínimo. No lo es porque no hay un 100 por cien de catalanes que quieran la independencia. Es como Quebec en 1995. La UE y Madrid ganarán tiempo. El gobierno catalán no tiene opciones porque no tiene ni dinero ni defensores potentes. Cataluña está en una posición más débil que el norte de Chipre, que cuenta con Turquía, o Osetia del Sur, a quien avala Rusia. La UE se lo tomará con calma”.

Qvortrup señala que la oferta de una reforma constitucional que hay ahora sobre la mesa “es la única opción y elimina el argumento del gobierno catalán de que Madrid se opone a negociar. Supone concesiones y es una propuesta acorde a la ley”.

Para la eurodiputada española Beatriz Becerra, del grupo ALDE (Alianza de Liberales y Demócratas por Europa), “la UE es una comunidad de valores y un marco legal. Cualquier ataque a esos dos pilares en un Estado miembro es un ataque frontal a la UE”. Por eso se pregunta por qué el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, no ha actuado antes.

“¿Por qué no se posicionó claramente cuando se preparaba el falso referéndum del 1-0?… He vuelto a pedir al presidente Tusk, como lo llevo haciendo sin éxito desde junio, que confirme si el Consejo va a apoyar todas las medidas que adopte e implemente el Gobierno de España para restablecer el orden constitucional, la vigencia del Estado de Derecho y preservar su integridad territorial tras la declaración de independencia de Puigdemont”, explica la eurodiputada.

Becerra, vicepresidenta de la subcomisión de Derechos Humanos en el Parlamento Europeo, advierte de que “la presión europea ha hecho que Puigdemont disfrace su declaración unilateral de independencia para que parezca abierto al diálogo, pero las instituciones europeas no pueden dejarse engañar: la declaración se ha producido y los poderes del Estado no pueden tolerarlo. Sólo hay diálogo en el marco de la ley. Cualquier otra cosa es puro y simple chantaje”.

Las instituciones europeas no pueden dejarse engañar: la declaración se ha producido y los poderes del Estado no pueden tolerarlo”, dice Becerra

La cuestión catalana es un asunto europeo, efectivamente, pero en términos diferentes a los que pretenden los independentistas. Como el Brexit y el auge de los movimientos populistas, supone una amenaza para esa “unidad en la diversidad” que representa la Unión Europea. Becerra apunta en este sentido que “el proceso independentista catalán es una cuestión europea, tanto o más que el Brexit, con el que comparte el uso sistemático de mentiras colosales, una ideología xenófoba y excluyente, y el uso de las instituciones democráticas de la UE para destruirla”.

Entre los más ardientes defensores de los independentistas catalanes en Europa se encuentran el ex líder del UKIP Nigel Farage, el ultraderechista holandés Geert Wilders, a los que se suman los anarquistas griegos y el estrambótico fundador de WikiLeaks, Julian Assange.

Según Álvaro Lario, analista de CC/Europa, el nacionalismo catalán, “aunque se presenta envuelto en una retórica europeísta, no dista mucho de otros nacionalismos a los que la UE hace frente en los últimos años, que amenazan los cimientos del proyecto común y chocan con los principios que la UE lleva por bandera como la solidaridad interterritorial”.

Cataluña independiente vs. España constitucional

Si bien las instituciones y cancillerías europeas, y más allá salvo la excepción venezolana, han apoyado sin fisuras al gobierno español, la batalla de la opinión pública internacional ha atravesado diversas fases. La marca Cataluña independiente ha contado con un marketing mucho más sofisticado que la marca España constitucional.

Los independentistas catalanes han preparado el proceso con campañas de imagen en el exterior. Desde el anuncio del referéndum ilegal del 1-0 han intensificado su actividad en los medios con el mensaje del “derecho a decidir” antes que el debate sobre la legalidad de la consulta, y las imágenes de violencia de esa jornada focalizaron la atención del mundo y ayudaron a reforzar su mensaje de víctimas. A partir de ahí, el gobierno de Rajoy ha tratado de recuperar el terreno perdido.

“La Generalitat de Cataluña se ha promocionado en el exterior y su labor ha dado sus frutos pues han logrado que muchos medios encuadren la cuestión catalana desde otra perspectiva. A eso se suma que la atención a los medios no es una de las fortalezas de Rajoy”, señala Juan Pablo Bellido, autor de la revista de prensa No son Horas de Onda Cero.

Bellido, que recopila en su Twitter las portadas internacionales cada día, también destaca que resultó “contraproducente esa imagen de la jornada del 1-O que mostraba cómo un país miembro de la UE ordenaba la represión de una convocatoria ciudadana, sin reparar en que el referéndum era ilegal”.

Coincide con esta visión Didac Gutiérrez-Peris, investigador del instituto ViaVoice de París, quien señala que ese momento fue crítico pues “en algunos países el debate sobre la credibilidad y validez de la votación se convirtió en un debate sobre la intransigencia y el conflicto político entre el gobierno central y los separatistas”. En esa escalada del enfrentamiento entiende Gutiérrez-Peris la intervención del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, quien “se sale del guión para evitar también el efecto contagio en el resto de las opiniones públicas europeas”.

Al gobierno español le ha faltado un relato y, sobre todo, un portavoz claro. Mientras los independentistas se prodigaban en los medios internacionales, con los que interactúan en varios idiomas, la mayoría de los miembros del gabinete de Rajoy eran inaccesibles. Llama la atención cómo en este despliegue mediático se refuerza la figura del ex president Artur Mas.

El gobierno debería encomendar a Borrell que explique el problema catalán en el exterior”, sugiere Benedicto

El bloque constitucionalista ha comenzado a recuperar el escenario con la manifestación del domingo 8 en Barcelona. El discurso del ex presidente del Parlamento europeo Josep Borrell ante cientos de miles de personas fue un ejemplo de la poderosa fuerza de los argumentos a favor de una Cataluña en España y en Europa. “Las fronteras son las cicatrices que la Historia ha dejado grabadas en la piel de la tierra. No levantemos más”, dijo Borrell. Hay quienes como el profesor Benedicto sugieren al gobierno que “encomiende a Borrell que explique el problema catalán en el exterior”. El propio Borrell ha reconocido: “Ellos tienen un relato y España no lo tiene”.

Según Lario, del colectivo CC/Europa, “la estrategia del gobierno ha consistido en minimizar el conflicto político y abordarlo con una visión excesivamente jurídica. España no tiene quien la escriba, ha dicho Borrell. En la manifestación Borrell hizo todo lo que el gobierno español ha dejado en manos del gobierno catalán: la comunicación con los actores internacionales, la llamada a una salida dialogada dentro de la ley y la reconstrucción de los afectos”.

Quienes están cubriendo el desafío catalán desde hace años, como Mathieu de Taillac, corresponsal del diario francés Le Figaro, reconocen que los políticos catalanes están siempre más dispuestos a hacer declaraciones y entrevistas con los medios extranjeros que los ministros del gobierno de Rajoy. “A partir de las cargas policiales hay un cambio del relato. Se han dado cuenta de que tenían que reaccionar”, afirma el cronista.

El último movimiento de Rajoy de lanzar la pelota a los independentistas tras su declaración suspendida de independencia demuestra astucia”

Reconoce también que, bajo esa cercanía, los independentistas no pueden ocultar que sus posiciones, aparentemente dialogantes, obedecen a condiciones rígidas. Le Figaro es de los medios que en sus editoriales ha dejado claro que el pueblo catalán dista mucho de ser un pueblo oprimido. Para De Taillac, “el último movimiento de Rajoy de lanzar la pelota a los independentistas tras su declaración suspendida de independencia demuestra astucia, porque a gallego no le gana nadie”.

Otros medios como The Washington Post también han insistido en que la independencia es una opción que suscribe menos de la mitad de los catalanes, en el artículo The myth of massive support for Independence in Catalonia, que firma Eric Guntermann.

En los últimos días, el medio que ha sido más duro con los independentistas ha sido sorprendentemente el semanario satírico Charlie Hebdo. Bajo el titular Idiotez o muerte”, decía esta publicación: “Independencia, detrás de esta palabra brillante se esconcen preocupaciones a veces menos nobles… Raramente las regiones pobres bajan a la calle para pedir la independencia”. Y con su clásica sorna apuntalaba sus argumentos: “Ya que hay unas 200 lenguas en Europa, ¿por qué no crear 200 nuevos países? ¿Y por qué no proclamar tantas declaraciones de  independencia como quesos y vinos hay en Europa?”.