Política

Cómo ve el mundo a Carles Puigdemont, ahora en el laberinto belga

Puigdemont, en su primera rueda de prensa tras establecerse en Bélgica.

Carles Puigdemont, presidente depuesto de la Generalitat, en su primera rueda de prensa tras su marcha a Bruselas. EFE

Al comenzar 2017 Politico hacía una relación de las 12 personas que (probablemente) arruinarían el año. No las obvias, aclaraba, como Donald Trump, Kim Jong-un o Vladimir Putin. Con sentido del humor, esta prestigiosa web señalaba «quiénes son esas personas que te pueden dar un susto inesperado que hará que prefieras quedarte en la cama”. Entre ellas incluían al líder ultraderechista holandés Geert Wilders, al populista italiano Beppe Grillo… y al entonces president de la Generalitat Carles Puigdemont. Sus méritos: “Su lucha por la autodeterminación, como dicen los separatistas, llevará a Madrid y Barcelona a una colisión tan espectacular como una final entre el Real Madrid y el Barcelona”.

La profecía se ha cumplido en el caso de Puigdemont, que en la última semana ha dejado de ser jefe del gobierno catalán, en virtud de la aplicación 155 y se ha trasladado a Bélgica, donde es reclamado por la justicia española por delitos de rebelión, sedición, malversación, prevaricación y desobediencia. El drama hispano catalán se convirtió en su primera aparición en Bruselas en una especie de vodevil.

“El circo catalán de Puigdemont llega a Bruselas”, titulaba su artículo en Politico Ryan Heath, autor de la prestigiosa newsletter de la publicación. En tono jocoso Heath retrataba la escenificación de Puigdemont en Bruselas, así elegida como destino por ser “la capital de Europa”, en un intento infructuoso de evitar problemas al gobierno belga. Los nacionalistas flamencos del NV-A aseguraron no haberle invitado, pero no esconden sus simpatías por el independentismo catalán y su líder.

¿Es un equilibrista, un escupefuegos, un domador de leones o el director del circo?», se pregunta el diario holandés Trouw

También se refirieron al “circo” otros medios europeos, entre ellos Trouw holandés, que destacaba “el caos” de la puesta en escena y se preguntaba si el depuesto presidente era “un equilibrista, un escupefuegos, un domador de leones o el director del circo”.

En una nota publicada en Clarín, titulada Carles Puigdemont, en su laberinto, Idafe Martín escribía: “El italiano Bettino Craxi decía que el poder desgasta, sobre todo a quien no lo tiene. Carles Puigdemont es hoy un muñeco roto sin poder y aislado. Su conferencia de prensa fue una tragicomedia. Un esperpento, incomprensible, una comedia bufa”. Y ya al final del texto destaca sus contradicciones: “Pide resistencia a los funcionarios pero él huye a Bélgica. En su laberinto dialéctico parece decir que sí, que declaró la independencia, pero que como no ha hecho nada al respecto no entiende que se lo persiga judicialmente”.

Fueron decenas los periodistas y observadores que expresaron su estupefacción. Uno de los más duros sobre ese show en Bruselas fue el analista griego Yannis Koutsumitis, quien en un tuit decía: “Después de la tragicomedia de Bruselas, Puigdemont es historia. No vale la pena perder el tiempo en escuchar lo que dice. Adiós, perdedor”.

Su imagen de mártir por la causa independentista de alguna manera se quebró en ese estreno europeo tras su salida repentina de Barcelona. En los grandes medios internacionales generó primero desconcierto, así habla el New York Times de su “impredecibilidad”, y luego otras publicaciones, como el Financial Times, le han retratado con cierta sorna.

El Financial Times ha publicado el viernes 3 una opinión de Roberto Shrimsley, jefe editorial, en la que se refiere irónicamente a Puigdemont como el “mártir de Bruselas”, que busca equipararse a Gandhi o Mandela, mientras busca piso en la capital de la Unión Europea. El artículo se titula «Cataluña reclama al líder del gobierno en el exilio».

El texto reproduce un diálogo imaginario de Puigdemont con un colaborador. Cuando le pregunta por sus compañeros de gobierno encarcelados desde el jueves por la noche por decisión de la juez Lamela, responde: “Diles que sean valientes. Coratge als meus amics. Estoy con ellos en espíritu”. Insiste en que «necesita garantías» para volver y su asesor le replica: «¿Tenía Gandhi garantías?».

Y en otro momento del artículo el Puigdemont imaginario reconoce: “Lo de héroe y líder me gusta. Estoy preparado para eso. Pero lo de mártir poco… Están hablando de penas de 30 años. Ya os dije que pasaría esto y que a Madrid no le gustaría. Me llamabais traidor. Ahora les encerrarán y tirarán la llave… ¿Por qué insististeis en declarar la independencia?”.

Lo de héroe y líder me gusta. Estoy preparado para eso. Pero lo de mártir… Son penas de 30 años», diría Puigdemont según FT

Con evocación literaria escribe Rosa Townsend en El Nuevo Herald: “Se acabó el cuento en Cataluña… De momento el único papel que protagoniza el ex president Puigdemont es el de fugitivo… Exiliado está, pero del planeta de la razón, como un quijote con su independencia fantasma a cuestas”.

Sin embargo, sorprende la marcha a Bruselas a quienes han seguido su trayectoria en cierta manera porque a la mayoría siempre les dio a entender que estaba dispuesto a sacrificarse hasta el final, incluida la cárcel, por sus ideas. Hay quienes ven temor a la pena, pero quizá haya más táctica de lo que parece en principio. Independentista hasta la médula, posiblemente cree que haciéndose altavoz en Bruselas de su causa encontrará el añorado eco en Europa, más que si acepta las medidas judiciales en Madrid.

“Cuando le entrevisté no me pareció un oportunista político, sino un independentista muy convencido”, explica Claus Hecking, corresponsal de Spiegel Online, quien ha publicado un artículo titulado Carles, go home!, en el que insta a Puigdemont a volver a España a defender aquello en lo que cree.

“Su huida de Cataluña parece un acto de cobardía. Da la impresión de que un político que ha movilizado a cientos de miles de personas por un proyecto ha de ir hasta las últimas consecuencias, comprometerse y asumir los riesgos por grandes que sean… Puigdemont ha dejado al pueblo solo: sobre todo a los ciudadanos que votaron en el referéndum y asumieron la presión por él… Debería volver y asumir su responsabilidad ante la justicia. Así podría incluso usar el proceso para denunciar el comportamiento de España. Y, sobre todo, podría seguir su defensa de la independencia de Cataluña. En la que realmente cree”, dice Hecking en el texto.

Su huida de Cataluña parece un acto de cobardía… Debería volver y asumir su responsabilidad ante la justicia», dice el semanario Der Spiegel

Coincide Diego Torres, corresponsal de Politico, en considerar que “la huida a Bruselas no se entiende bien. Hay muchos bandazos en las últimas semanas y eso despista a la gente. No ayuda a establecer una narrativa sólida en el exterior, que era su gran baza. Parece improvisado pero quizá haya un plan maquiavélico detrás. Puede que crea que ayuda más a su causa, pero muchos en su entorno no lo han entendido así y que ha contribuido a encarcelar al resto”.

Ha sido uno de los argumentos de la juez Lamela, de hecho, para decretar el encarcelamiento de los consellers que se han presentado en la Audiencia. A su vez es lo que esgrimen los ausentes, incluido Puigdemont, para no acudir. En declaraciones a la televisión belga, Puigdemont incluso ha anunciado el viernes que tiene intención de presentarse a las elecciones del 21-D aún estando en Bélgica. Hay una orden internacional de busca y captura contra él pero asegura que colaborará con la justicia belga.

Para Mathieu de Taillac, corresponsal de Le Figaro, Puigdemont obra de acuerdo “con una estrategia jurídica, que intentan vestir de estrategia política”. A Puigdemont , a su juicio, “le han asesorado bien que es en Bélgica donde puede resistir más tiempo, y mejor sin pedir el asilo, que sería improbable. Primero había desconcierto entre los independentistas pero desde las decisiones judiciales del jueves, cambia el relato de nuevo a democracia contra autoritarismo. Quiere ganar tiempo y está claro que no desea ir a la cárcel. Hablamos de 30 años. Hay un factor humano”.

El experimentado corresponsal John Hooper, ahora en Italia pero con gran conocimiento de España, cree que «la huida de Puigdemont ha sido un evidente intento de internacionalizar el tema. Escoger Bélgica no ha sido casual. Es un país donde está la capital de Europa y además tiene un fuerte problema de unidad nacional».

A juicio de Hooper, autor de The New Spaniards, «por el momento esta estrategia no está teniendo éxito. En mi opinión, es sintomático de una ilusión de los nacionalistas catalanes que remonta a los 80. Se han tomado demasiado en serio la idea de la Europa de las Regiones».

El gobierno belga, en la cuerda floja

Ahora “el hombre que quería romper España”, según un titular de la BBC, se convierte en Bruselas en “la pesadilla del gobierno belga”, según Le Soir, por los posibles problemas diplomáticos con Madrid y porque puede hacer saltar por los aires el gabinete de Michel . La elección de Bélgica obedece a razones de estrategia jurídica porque su caso puede prolongarse semanas por la posibilidad de recursos, la decisión final será de un juez, una vez emitida la orden internacional de busca y caputra por la juez Lamela, pero además cuenta allí con unos aliados sólidos, los nacionalistas flamencos (N-VA, Nieuw-Vlaamse Alliantie), que fueron los vencedores de las pasadas elecciones. A eso se suma que Bruselas es la capital de la Unión Europea. Y Puigdemont ha insistido: «La crisis catalana es una crisis europea».

El laberinto catalán tendrá ahora una bifurcación en Bélgica. Hay ya un laberinto belga en construcción. Primero el secretario de Estado de Inmigración, Theo Franken, del N-VA, insinuó que Puigdemont podría exiliarse en Bélgica, y al día siguiente estaba ya allí. En el partido aseguraron no haberle invitado. El primer ministro, Charles Michel, liberal valón, intentó desentenderse y aseguró que recibiría el mismo trato que “cualquier otro ciudadano europeo”.

El N-VA, que aboga por la separación de Flandes, junto a Valonia y Bruselas una de las tres regiones administrativas de Bélgica, forma parte ahora de un gobierno de coalición, con el partido flamenco de centro derecha CD&V, los liberal flamencos de Open VLD, y el Movimiento Reformador, liberal y fracófono. Bélgica tardó en 2014 cinco meses en crear esta alianza llamada “kamikaze” por su gran riesgo.

Detener a cargos democráticamente elegidos es ir demasiado lejos», afirma el ministro presidente de Flandes

El primer ministro, Charles Michel, habría dado orden a sus ministros de no comentar el caso catalán, según informa Le Soir. Sin embargo, el ministro presidente de Flandes, Geert Bourgeois (del N-VA), se declaró “sorprendido” por la decisión de la Audiencia en Madrid sobre el encarcelamiento de los consellers depuestos y el ex vicepresidente catalán. “Detener a cargos democráticamente elegidos es ir demasiado lejos”, señaló. El presidente del N-VA, Bart de Weber, aseguró que “no dejarían caer a un amigo”.

Mientras, el opositor socialista Elio di Rupo llamaba la atención en un tuit a Bourgeois por criticar una decisión judicial en otro país. Si no se impone la ley del silencio, Michel tendrá que hacer más que equilibrismos para sobrevivir a los efectos del tsunami Puigdemont.

Con el humor como bandera, hay quienes se apresuraron a comparar a Puigdemont (periodista también) con Tintin (ídolo de la profesión). Sin embargo, el ex primer ministro belga Guy Verhofstadt, ahora líder de los liberales en el Parlamento Europeo (aliados del PdeCat), salió en defensa de Tintin como si cualquier símil con Puigdemont fuera una ofensa: “Tintin siempre encuentra soluciones a las aventuras que salen a su paso, mientras que Puigdemont dejó Cataluña en el caos y la devastación”. Ahora la aventura continúa en Bélgica.

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