Las urnas nos liberarán. Ese es el auténtico lema de campaña de Carles Puigdemont, querellado junto a su gobierno por los delitos de rebelión, sedición y malversación y huido a Bélgica desde hace 40 días. El eslogan de campaña «Puigdemont, nuestro presidente» ofrece pocas dudas sobre le objetivo de la campaña: convertir a JxCat en la lista más votada como aval de la declaración unilateral de independencia del 27 de octubre y hacer de ese apoyo su argumento para rechazar la acción de la justicia.

Una estrategia que, pese a las dudas iniciales, se ha demostrado ganadora a tenor de las últimas encuestas. Si el 28 de octubre, día en que Mariano Rajoy anunció la puesta en marcha del 155 y la convocatoria de elecciones, las encuestas más optimistas daban al PDCat 18 escaños, el CIS conocido esta semana elevaba las expectativas de JxCat a 25-26 diputados, y el último sondeo de Gesop para El Periódico ofrecía por fin el ansiado empate con ERC a 29-30 escaños y la posibilidad de recuperar la mayoría absoluta independentista en el Parlament.

Si hasta ahora el argumento de los ex convergentes era que Puigdemont era el president cesado por su defensa del 1-O, al que ERC prefería hacer oídos sordos, las encuestas les dan ahora un nuevo argumento para exigir la investidura de su cabeza de lista. Los republicanos se han limitado hasta ahora a mirar hacia otro lado ante las exigencias de JxCat, conscientes de que entrar en el cuerpo a cuerpo podía restarles apoyos, especialmente con Oriol Junqueras en prisión. Pero la ausencia de su líder, mientras Puigdemont hace campaña día sí día también desde Bruselas, está destrozando sus expectativas, que en septiembre los situaban por encima de los 50 diputados.

No son unas simples autonómicas

A ERC le está penalizando además una campaña planteada en términos de elecciones autonómicas. Por contradictorio que pueda parecer, la previsión y el trabajo previo que debía ser una baza para los republicanos se está convirtiendo en un inconveniente frente a una campaña, la de Puigdemont, hecha a salto de mata apelando a los sentimientos de frustración del votante independentista. A ERC «se le nota el cálculo en clave autonómica» señala un responsable de la campaña de JxCat, mientras la constante apelación de Puigdemont al agravio y la «represión» del Estado, junto a la aparente victoria conseguida esta semana frente a la justicia española han conseguido que el ex president esté recibiendo trasvase de voto no sólo de ERC, sino incluso de votantes de la CUP que lo ven como el voto útil para «defender la república».

Un argumentario del que la pieza esencial es la presentación de Puigdemont como único representante legítimo del Govern depuesto y su restitución como president como objetivo casi único de la campaña. Este es el eje argumental ideado por Puigdemont en Bruselas y ejecutado al pie del cañón por Elsa Artadi en Barcelona. La líder de facto de la candidatura en Cataluña -ocupa un discreto décimo puesto en la lista, pero su condición de directora de campaña la ha convertido en portavoz prácticamente única de la candidatura hasta la excarcelación de Josep Rull y Jordi Turull- no pierde oportunidad de recordarle a ERC que sólo Puigdemont puede ser investido president, y no sólo de forma simbólica, como propuso en un primer momento Marta Rovira.

Estas elecciones son para restaurar la democracia, no para elegir un nuevo presidente» afirma el programa de JxCat

Si se quiere restituir la integridad de la Generalitat y dar carpetazo a la aplicación del 155, Puigdemont debe ser investido president de nuevo, insisten desde JxCat. De hecho, así lo han dejado escrito en su programa, por si alguien tiene alguna duda: “Estas elecciones son para restaurar la democracia, no para elegir un nuevo presidente». «El Parlament escogió a Carles Puigdemont como president de Catalunya. Impulsar cualquier otro candidato es legitimar el artículo 155 y el ataque a la democracia», añaden.

En otras palabras, insisten en la ilusión de que siendo presidente, o sacando un buen resultado, «el Estado no se atreverá a encarcelarlo». La excarcelación de los ex consellers Josep Rull y Jordi Turull y su incorporación a la campaña de JxCat ha servido para reforzar el discurso. «Nos dejaremos la piel» para sacarlos de prisión a base de «llenar las urnas» aseguraban el martes en su primera comparecencia pública.

La misma en la que no supieron explicar cómo piensan traducir un resultado electoral, por bueno que sea, en armas jurídicas para librar a Puigdemont de un seguro ingreso en prisión si regresa para tomar posesión como president de nuevo. «He estado más de un mes en prisión, no me he podido leer el programa electoral», argumentaba Turull airado para esquivar la pregunta.

Tras ese discurso se escondía hasta este martes el cálculo de los plazos de la justicia belga, que permitía a Puigdemont confiar en no tener que volver a España hasta mediados de enero, con las elecciones superadas y, con un poco de suerte, un pacto de gobierno con él como president. Los abogados del ex president ya contaban con recurrir la decisión del tribunal belga que examinaba su extradición y llegar a la casación para posponer su regreso.

Eso se trunca con la decisión de Llarena de retirar la euroorden y la orden de captura internacional contra él y los cuatro consejeros huidos. A partir de ahora, si Puigdemont sigue «en el exilio» es por decisión exclusivamente suya, puesto que tiene libertad para volver a España, o moverse por Europa a su antojo. Aunque sus abogados le aconsejen no salir de Bélgica, ante el peligro de un eventual cambio de postura del Tribunal Supremo.