Es una máxima socorrida. Apela al paso del tiempo como el remedio para muchos males, incluso los más trágicos. En Euskadi ha sido como un bálsamo sanador tras décadas de dolor y desgarro. Seis años ha sido el tiempo que ha necesitado ETA, desde que abandonó la violencia, para trasladar su primer pésame a una de sus 825 víctimas mortales. Lo hizo el pasado miércoles en París ante un tribunal francés en el juicio por el asesinato al gendarme galo Jean Serge Nèrin, la última víctima de la banda. «Sabemos que no existen palabras que apacigüen ese dolor», llegaron a afirmar en un comunicado los asesinos del policía. La cuestión es si el gesto insólito responde a una estrategia para obtener contraprestaciones penitenciarias del Gobierno de Macron o si es el inicio de un largo camino de reparación que aún tienen pendiente la banda y su entorno.

Una petición de pésame que se suma a otras decisiones como el cese de su actividad decretado en 2011, el desarme escenificado en abril de ese año, la asunción de la política penitenciaria individualizada para sus presos y a la que aún le resta el anuncio de su disolución. En este tiempo, no sólo ETA ha cambiado, también lo ha hecho la sociedad que la ha sufrido en primera instancia: la vasca. El desinterés que su mundo provoca ya en amplios sectores de la sociedad es evidente. Mientras las instituciones y los colectivos de víctimas se empeñan en sellar bien el final, en blindar un relato justo de lo sucedido durante medio siglo de terrorismo en el País Vasco, cada vez un mayor número de ciudadanos ha optado por pasar página y dejar el pasado atrás.

El 31% de los vascos los define como «terroristas», un 6% como «asesinos». Crecen los que los ven como «fanáticos» o «patriotas»

El tiempo modula y el hastío actúa. Hace tiempo que se deja sentir en la actitud crítica de los vascos ante la banda. El paso del tiempo dicen que cura el dolor, y parece que también puede rebajar el odio y el rechazo. El dato lo aporta el último sondeo elaborado por la Universidad del País Vasco (UPV), el ‘Euskobarometro’, que constata que la beligerancia de la sociedad vasca hacia los etarras y su situación de otros tiempos se ha relajado. Sin justificar en ningún caso sus acciones y manteniendo la actitud mayoritaria de rechazo hacia lo que ha supuesto ETA, cada vez más vascos optan por consideraciones algo más complacientes o menos duras respeto a lo que ha supuesto la organización terrorista.

Reinserción «para todos» los etarras

Muestra de ello es que cada vez menos vascos tienen una imagen como “terroristas” de los miembros de ETA. Hoy menos de un tercio de los ciudadanos afirma ver así a los miembros de ETA, un 31%. El porcentaje representa seis puntos menos de los que los definían de este modo sólo seis meses atrás. También ha descendido, apenas un 6%, la parte de la sociedad vasca que ve a los etarras como “asesinos/delincuentes”. Entre las valoraciones más complacientes que ganan adeptos destaca la de unos “idealistas equivocados”. Así los considera el 28% de los ciudadanos encuestados, nueve puntos más que hace medio año. En un porcentaje similar crece la percepción de los etarras como unos “fanáticos”, que es el término elegido por el 15% de los consultados. Así mismo aumenta, en especial entre los votantes de EH Bildu, la población que ve a los miembros de ETA como unos “patriotas”, adjetivo con el que los define un 10%.

Con el paso del tiempo además de rebajar o modular la imagen negativa de los terroristas se eleva la disposición social a concederles medidas de gracia. En medio año, el porcentaje de vascos que apoyaría que se les otorgaran medidas para favorecer su reinserción “a todos sin exclusión” ha crecido un 10%, hasta el 45% de la población. Una reducción del nivel de exigencia que también se comprueba entre quienes defienden el cumplimiento íntegro de penas para los etarras, que desciende ocho puntos hasta el 25% de la sociedad vasca. Una limitación que decae en todas las sensibilidades políticas, desde el PSE hasta Podemos y el PNV y que sólo en el PP se ha incrementado.

Los partidarios de facilitar la reinserción de los etarras «sin exclusión» se eleva al 45% mientras el cumplimiento integro de penas cae al 25%

La imagen y el poso que la trayectoria criminal de ETA ha dejado también comienza a redefinirse levemente. En un año, la imagen “negativa” de lo que supuso ETA ha caído seis puntos en Euskadi según el sondeo de la UPV, pese a que sigue siendo muy mayoritaria, el 76%. Entre los nacionalistas esa percepción negativa desciende en 18 puntos y se sitúa en el 61%. En Euskadi aún hay una parte de la sociedad que valora “positivamente” la historia de ETA, -pese a ser minoría-, un 7%, que han crecido levemente en los últimos meses.

Este movimiento de la imagen social hacia lo que ha supuesto ETA y sus presos lo justifica el catedrático de la UPV, Francisco Llera, como una consecuencia del paso del tiempo desde que la banda dejó las acciones terroristas en octubre de 2011: “Es razonable pensar que desde el final del terrorismo en determinados sectores de su mundo, que rechazaban o descalificaban el terrorismo, ahora lo vean de otro modo”. Llera señala que el cambio de posición en ningún caso se ha producido entre la parte de la población que siempre se posicionó en contra sino entre quienes han mantenido “posiciones más contemporizadoras” en los últimos años.

Política penitenciaria y nuevas generaciones

Actualmente en Euskadi la reclamación de que se modifique la política penitenciaria que aplica el Gobierno de España a los presos de ETA cuenta con el respaldo de todos los partidos políticos, a excepción del PP. El Gobierno de Iñigo Urkullu ha reclamado en reiteradas ocasiones a Rajoy que dé por terminado el alejamiento de los etarras presos en cárceles de fuera del País Vasco. Actualmente la mayor parte de los alrededor de 300 etarras que continúan encarcelados lo hacen en prisiones de fuera de Euskadi. La cada vez mayor simpatía por un cambio de actitud en la política carcelaria que se aplica a los etarras ha llevado al PSE a defender, junto al PNV y EH Bildu el final de la dispersión de los militantes de ETA. Una reclamación que incluso ha llevado a algunos representantes de ambas formaciones a dejarse ver en marchas convocadas por el entorno de la izquierda abertzale para reclamar otra política carcelaria.

El tiempo ha rebajado la oposición a los actos de bienvenida a etarras. La mitad de los jóvenes desconoce quién fue Miguel Ángel Blanco o quién actuó en Hipercor

Otro de los síntomas del cambio de actitud social se refleja en el cada vez menor rechazo que suscitan los actos de bienvenida que se dan a los etarras que salen de prisión. Años atrás, este tipo de homenajes recibían duras críticas por parte de un buen número de formaciones políticas y colectivos sociales. El goteo de militantes de ETA que en los últimos meses han cumplido su pena y han sido recibidos con actos de bienvenida ha pasado desapercibido para la mayor parte de la sociedad vasca.

El paso del tiempo también es la razón que en gran medida ha provocado que las nuevas generaciones tengan una actitud muy distinta hacia ETA. Además de no haber vivido los años de violencia terrorista, los jóvenes vascos arrastran un profundo desconocimiento del impacto que ha tenido la acción de la banda terrorista. Un reciente estudio del Instituto de Derechos Humanos Pedro Arrupe de la Universidad de Deusto reveló que además de no estar muy interesados por la paz y la convivencia en el País Vasco desconocen algunos de los hitos clave de la historia de ETA. Casi la mitad de los consultados no sabía quién fue Miguel Ángel Blanco y el 56% desconocían quién cometió el atentado de Hipercor.