Para ellos no hubo homenajes. Tampoco ‘aurreskus’, ni pancartas, ni aplausos, ni abrazos, ni ‘bertsos’ para reconocer su trayectoria. Son los ‘apestados’ de ETA a los que nadie homenajeó a su salida de prisión. Algunos llegaron a convertirse en jefes de la organización terrorista, otros en nombres emblemáticos del terror por su currículum criminal o en ejemplo a seguir para nuevos militantes de la banda. Pero cometieron un error; se arrepintieron. La mayoría lo hicieron en prisión, los menos, dentro de ETA y alejándose de ella. A todos ellos la banda los expulsó y la izquierda abertzale los ignoró cuando recuperaron su libertad.

Nada que ver con la bienvenida brindada el pasado domingo a los dos ‘chivatos de ETA, Iñaki Igerategi e Ignacio Otaño –condenados por facilitar información para asesinar a Joseba Pagazaurtundua, entre otros delitos- recibidos por cientos de simpatizantes con flores, banderas y bailes de bienvenida en Andoain. Un homenaje que ha suscitado un gran revuelo en Euskadi y que ha agitado el escenario político después de que una delegación del PP vasco contraprogramará el acto en el que se honró a Igerategi y Otaño para denunciarlo y reivindicar la figura de las víctimas de ETA.

El Parlamento Vasco debate este jueves una iniciativa sobre los recibimientos apresos de ETA tras el revuelo suscitado por el registrado en Andoain

El PP vasco presentó una iniciativa en el Parlamento Vasco, que será debatida en Pleno este jueves para que la Cámara muestre su rechazo a los actos de homenaje a etarras y para que se refuercen los dispositivos legales y policiales para impedir este tipo de actos de reconocimiento a los miembros de ETA. El resto de partidos ultiman sus textos alternativos que, si bien en todos los casos excepto en el de EH Bildu, mostrarán su rechazo a los homenajes a presos de ETA, lo harán son sustanciales matices. Mientras el PNV y PSE trabajan en una enmienda que no cita a ETA ni los homenajes a etarras y apela a la necesidad de construir una memoria y a “deslegitimar el terrorismo”, Bildu llama a defender la “libertad de expresión” y a erradicar los delitos de “enaltecimiento y apología”. Sólo Podemos hace referencia de modo explícito a los homenajes a ex presos de ETA ante lo que insta a la Cámara vasca a mostrar su rechazo.

¿Homenaje o bienvenida?

La izquierda abertzale ha insistido esta semana en que los recibimientos que se vienen brindados a los presos de ETA que salen en libertad no son “homenajes” sino actos de “bienvenida” a personas que acumulan años de privación de libertad y que regresan a sus localidades de origen para reinsertarse en la sociedad. Por ello, cuestionan que se pueda hablar de reconocimiento a su trayectoria dentro de ETA e insisten en que en realidad son muestras de alegría por el regreso a casa.

En los últimos años los movimientos de apoyo a presos que promueven este tipo de actos, como ‘Etxerat’ o ‘Kalera Kalera’, han ido modificando el procedimiento para celebrar este tipo de actos. Si hasta hace unos años se llevaban a cabo en la mayoría de los casos dentro de las Herriko Tabernas o en actos internos, desde hace un tiempo se ha intensificado los actos celebrados en plena calle y divulgados a través de las redes sociales. Actos que suelen contar con los permisos pertinentes, en muchos casos solicitados para la celebración de eventos en apoyo a la amnistía o en contra de la dispersión de etarras pero que finalmente se convierten en bienvenidas a etarras. En ellos, es frecuente que se les reciba haciendo pasillos, con aplausos y vítores, antorchas, además de bailes y versos de recibimiento. También figura habitualmente una gran pancarta con su imagen dibujada, un ‘ongi etorri’ (Bienvenido) y el lema ‘Bat gutxiago’ (uno menos). Las fotografías con rostros de presos de ETA casi han desaparecido.

Este tipo de actos han contado además con la autorización de las autoridades judiciales que en los último años han evitado su prohibición. La jurisprudencia del Tribunal Supremo ha establecido que no se debe suspender un acto por la sola presunción de que en el se pueda cometer un delito de enaltecimiento del terrorismo o de humillación a las víctimas. Una posición que ha suscitado un profundo malestar entre los colectivos de víctimas del terrorismo.  Sólo el año pasado se contabilizaron medio centenar de recibimientos a presos de ETA. Desde 2010 casi 350 presos de ETA han salido en libertad en las cárceles españolas.

Desde el año 2010 alrededor de 350 presos de ETA han salido en libertad.

La actitud que desde la izquierda abertzale y todo su entorno se ha mantenido con los presos de ETA ha sido radicalmente diferente en función de la posición de los miembros de ETA que recuperaban la libertad. Así, en la mayoría de los casos de presos de ETA que se han arrepentido de su pertenencia a la banda terrorista o que han sido expulsados de la organización no se ha organizado ningún acto de bienvenida ni homenaje. Las salidas de históricos dirigentes de la banda, como Carmen Guisasola, José Luis Urrusolo Sistiaga, Idoia López de Riaño o Valentín Lasarte han sido discretas y sin aplausos por parte del entorno de la izquierda abertzale.

El elemento común de todos ellos es haberse acogido a la ‘Vía Nanclares’ impulsada por el Gobierno de Patxi López en 2009 y que permitió, previo arrepentimiento y reconocimiento del daño causado, el acercamiento a cárceles de Euskadi y poder acogerse a beneficios penitenciarios. En la lista de los ‘arrepentidos’ que no han merecido homenaje de la izquierda abertzale figura Carmen Guisasola. En libertad desde 2014, pasó 24 años en prisión. Fue entre rejas cuando tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco repudió de ETA. En estos cuatro años Guisasola se ha desmarcado de la izquierda abertzale y ha aparecido en actos públicos de apoyo a víctimas de ETA, como el que protagonizó junto a la viuda del Ertzaintza asesinado por ETA, Joseba Goikoetxea, Rosa Rodero.

Históricos de ETA expulsados y repudiados

Quien fuera su compañero sentimental, José Luis Urrusolo Sistiaga también salió de la cárcel sin que nadie le esperara para bailarle un ‘aurresku’ ni entregarle un ramo de flores. Se desmarcó de ETA en 1994, tras mostrar su rotundo rechazo al secuestro de José Antonio Ortega Lara y el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Urrusolo Sistiaga fue condenado a 449 años de prisión por 16 asesinatos y dos secuestros, de los que ha pedido perdón a las víctimas.

Valentín Lasarte es otro de los sanguinarios de ETA al que la izquierda abertzale ha ignorado. Salió en libertad en marzo de 2015, sin que se le organizara ‘bienvenidas’ en su pueblo. Condenado por asesinatos como el de Gregorio Ordóñez o Fernando Múgica, cumplió 19 años de prisión. En 2010 ETA lo expulsó de la organización por haber renegado a su pasado como miembro de ella y haberse arrepentido.

Ni Valentín Lasarte, ni López Riaño, ni Urrusolo Sistiaga han sido homenajeados por la izquierda abertzale. Los arrepentidos son olvidados.

A Iñaki Rekarte no sólo no le hicieron homenaje alguno sino que le boicotearon. Tras abandonar la cárcel tras dos décadas en ella, montó un bar en el municipio de Santesteban (Navarra) que la izquierda abertzale declaró ‘non grato’. No le han perdonado que saliera en televisión narrando su proceso de arrepentimiento y repudio a ETA y el haber criticado a la dirección de ETA y a la izquierda abertzale por “empujar” a muchos jóvenes a afiliarse en ETA.

La salida de prisión de Idoia López de Riaño también fue un síntoma claro de que el entorno abertzale más radical no aprecia a los arrepentidos. Oculta en su vehículo, aceleró para iniciar su nueva vida en libertad tras 23 años en la cárcel. Condenada a casi 2.000 años de prisión por decenas de muertos, participó en atentados como el de la República Dominicana en Madrid en el que fallecieron 12 guardias civiles. Desde que recuperó la libertad en junio del año pasado no se le ha vuelto a ver en ningún acto de la izquierda abertzale ni de los presos de ETA.

La lista la completa otro nombre histórico de ETA: José Luis Álvarez Santacristina, ‘Txelis’, quien tras haber alcanzado las mayores responsabilidades dentro de la organización terrorista, ya en prisión, sufrió una profunda transformación interior. A su conversión religiosa, Santacristina sumó un compromiso por contribuir a reparar el daño causado y colaborar en favor de la reconciliación.