Es un goteo incesante. La excarcelación de presos de ETA en los últimos tres años ha supuesto la salida de prisión de 165 miembros de ETA tras cumplir su condena. De los 465 militantes de la banda terrorista que cumplían pena en las cárceles españolas y francesas hace tres años, hoy la cifra de presos de la banda terrorista que siguen en prisión apenas ronda los 300. En algunos casos, quienes han sido puestos en libertad son históricos miembros de la organización que han cumplido abultadas penas de cerca de treinta años. Son los que fueron detenidos al final de la década más dura de la banda, los años 80. En casi todos los casos, a cada liberación le ha sucedido un acto de bienvenida, un homenaje o un recibimiento de familiares, amigos y simpatizantes de la izquierda abertzale, siempre entre vítores, honores y abrazos en su municipio.

La secuencia se ha repetido semanalmente durante todo el 2017. Hasta 43 actos de bienvenida u homenaje a etarras –además de 34 de apoyo a los presos- ha documentado el Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco en Euskadi y Navarra. Su celebración no sólo ha provocado el malestar entre las asociaciones de víctimas de ETA sino incluso en el seno de la delegación del Gobierno en el País Vasco, sorprendida por el cambio de criterio detectado en la Audiencia Nacional ante las denuncias presentadas para evitar su celebración por parte de diversos colectivos. En casi todos los casos el resultado ha sido el archivo de la denuncia y la autorización del homenaje al preso de ETA recién liberado.

De Andrés se reunió con el presidente y el teniente fiscal de la AN para conocer por qué se ha extendido el archivo de las causas»

El pasado 30 de noviembre el delegado del Gobierno en Euskadi, Javier De Andrés mantuvo un encuentro discreto y de carácter privado en Bilbao con el presidente de la Audiencia Nacional, José Ramón Navarro, y con el teniente Fiscal de la Audiencia, Miguel Ángel Carballo. En él interpeló a ambos magistrados  sobre los motivos que en los últimos meses están llevando a los jueces de la Audiencia Nacional a permitir la celebración de los actos de bienvenida de los presos de ETA que abandonan la cárcel, así como de otro tipo vinculados a presos de ETA, y que hasta hace poco solían ser prohibidos por los jueces. Las sucesivos archivos de la denuncias presentadas para intentar evitarlos ha llevado incluso a la Abogacía del Estado a frenar su presentación ante el evidente destino y final que la Audiencia Nacional viene decretando en sus resoluciones.

La semana pasada COVITE informó de que seis de las ocho denuncias que ha presentado este año para impedir actos de este tipo habían sido archivadas definitiva o provisionalmente. La asociación de víctimas se mostraba especialmente crítica con la Audiencia Nacional por haber cambiado de actitud y no impedir la celebración de actos para recibir a miembros de ETA. Recordaba incluso que los jueces vascos que han actuado por la vía administrativa siempre los han considerado “un homenaje a un etarra” pero que en cambio en la AN desde hace un tiempo “ve un acto de expresión familiar de alegría” o “una reivindicación legítima a favor de los terroristas encarcelados”.

Informar del «día a día» de los homenajes

En el encuentro mantenido entre De Andrés, Navarro y Carballo, el delegado del Gobierno también trasladó a los responsables de la Audiencia Nacional el sentir de las asociaciones de víctimas molestas con el archivo de las denuncias. De Andrés informó al presidente de la Audiencia de cómo están viviendo amplios sectores de la sociedad vasca este cambio de posición que ha permitido la proliferación de homenajes a miembros de ETA. El delegado detalló la realidad y el “día a día” con la que se celebran en muchas localidades vascas y el impacto que en estas tiene, en especial entre el colectivo de víctimas del terrorismo.

Especialmente llamativos fueron los recibimientos al etarra José Miguel Gaztelu, quien secuestró a José Antonio Ortega Lara y el empresario Julio Iglesias Zamora, o el de Felipe San Epifanio, recibido en Bilbao, o el homenaje tributado a Kepa del Hoyo en el cementerio de Galdakao tras su muerte por un infarto en la prisión de Badajoz. Otro homenaje destacado fue el tributado por la izquierda abertzale a la etarra fallecida, Belén González Peñalva, fallecida el pasado mes de noviembre.

La preocupación de la Delegación de Gobierno se suma a la manifestada por Covite a semana pasada

En la mayoría de ellos la secuencia se repite o es muy similar. Los asistentes al homenaje reciben con júbilo al etarra excarcelado, con música o conformando un pasillo entre los presentes en los que no suelen faltar las antorchas y las pancartas de apoyo a los presos de ETA y en favor de su acercamiento a cárceles del País Vasco. Posteriormente, es frecuente que se le baile un ‘aurresku’, danza popular de bienvenida para honrar a una persona, o se le dediquen unos ‘bertsos’ (versos). A continuación es frecuente proceder a glosar la figura del homenajeado y en algunos casos alabar su trayectoria. El acto suele concluir con unas breves palabras del preso liberado y, en su caso, con la retirada de su imagen –de entre la lista de rostros de presos del municipio aún siguen en la cárcel- de aluna pared de la Herriko Taberna o ‘gaztetxe’ (centro juvenil) del municipio.

La estética de los actos también es muy medida para evitar referencias directas a ETA que puedan ser utilizadas para una denuncia por enaltecimiento. Por ello, se evita mostrar imágenes de presos o elementos que puedan relacionarse con la banda. Así, las referncias a su pasado acostumbran a ser genéricas en apoyo a su “lucha”, a su “generosidad” con el pueblo o a las aspiraciones soberanistas.

Cambio de criterio

Hasta no hace muchos años los jueces de la Audiencia Nacional aplicaban un criterio preventivo para impedir la posible comisión del delito de enaltecimiento del terrorismo o de humillación a las víctimas en las bienvenidas que se brindaban a los etarras liberados. Así, la mayoría de “ongi etorris” solían ser prohibidos. Posteriormente se primó la celebración con cautelas y bajo estricta vigilancia de las Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Actualmente, lo habitual pasa por permitir estos actos y en su caso emitir informes a posteriori por si pudieran haberse producido hechos delictivos.

Desde hace más de un año las prohibiciones apenas se dan y el archivo de las denuncias para solicitarlas es constante. Así sucedió con el homenaje a Kepa del Hoyo, el preso de ETA fallecido en la prisión de Badajoz. La Audiencia Nacional consideró que el homenaje que le iba a ser tributado este verano sólo era “la expresión o deseo de libertad” y que el acto no buscaba “ensalzar o justificar las acciones que le llevaron preso”.

Hasta hace algo más de un año los jueces de la Audiencia Nacional venían aplicando un criterio ‘preventivo’ para evitar delitos de enaltecimiento

Un argumento que contrasta con el empleado hace apenas dos años. En agosto de 2015 el juez de la Audiencia Nacional, Pablo González, impidió la celebración de un homenaje a un etarra ante la posibilidad de que en el mismo pudieran realizarse “actos que supongan enaltecimiento, homenaje o justificación de acto o elemento terrorista”. En 2013 el magistrado Eloy Velasco prohibió un homenaje a un etarra en Llodio por la posible comisión de un delito de enaltecimiento y por celebrarse siguiendo “indicaciones de la organización terrorista”.

Poco antes, en junio de 2015, la Audiencia Nacional absolvió a ocho jóvenes vascos y navarros de un delito de enaltecimiento del terrorismo por los actos de homenaje al jefe de ETA Javier López Peña, Thierry, tras su fallecimiento el 30 de marzo de 2013 cuando. La Sección Cuarta de lo Penal consideró que la jurisprudencia del Tribunal Supremo impedía su condena pese a que en los actos se mostraron pancartas con el anagrama de la banda, fotos del terrorista fallecido y se profirieron gritos de apoyo a la organización, pero que no quedó probado que fuera por parte de los acusados, pertenecientes en su mayoría a la organización juvenil abertzale Ernai.

Actos medidos

El año en el que ETA anunció el cese de su actividad armada, 2011, la Audiencia Nacional también impidió el acto de reconocimiento al etarra Jon Agirre a su salida de prisión “por poder suponer un delito de enaltecimiento del terrorismo contemplado en el artículo 578 del Código Penal”. En esa ocasión el magistrado aseguró que en un acto así sólo se pretende “ensalzar y homenajear” a una persona cuyo currículum conocido es “ejercer el terrorismo causando muerte a personas”.

Desde 2009 el entorno de ETA y la izquierda abertzale comenzó a medir con más precisión el contenido y la escenografía de este tipo de homenajes.

En 2009 los argumentos volvieron a repetirse. Ismael Moreno evitó el homenaje a la salida de prisión de la etarra Maite Aranalde secundando el argumento de la Fiscalía que había esgrimido que este tipo de actos se celebraban para cumplir la “directriz de ETA de tributar homenajes a sus militantes con ocasión de su excarcelación”.

El entorno de ETA y la izquierda abertzale comenzó a medir con precisión el contenido y la escenografía de este tipo de homenajes. Todo cambio a partir de 2009 con el Gobierno vasco liderado por Patxi López. Aquel Ejecutivo del PSE, con el apoyo del PP, priorizó lo que denominó un plan para recuperar las calles para la sociedad y eliminar “los espacios de impunidad” que ocupaba ETA y su entorno, en referencia a las imágenes de presos y proclamas en pancartas y carteles que inundaban las calles de Euskadi. A ello se sumó un cambio de estética y contenido, con la práctica desaparición en muchos de los actos de las imágenes de los presos, hasta entonces muy presentes o las proclamas de apoyo expreso a ETA.