Inés Arrimadas está en campaña electoral, aunque aún no sepamos seguro hacia dónde. Salir en portada de El País SemanalTelva la misma semana es lo más parecido que ha hecho a actuar como la ganadora de las elecciones. Tres meses después de haber renunciado, pese a la victoria del 21-D, a cualquier protagonismo en la política catalana, parece que la de Ciudadanos empieza a creérselo a nivel nacional. Y una no sale en Telva para reforzar su perfil de jefa de la oposición en Cataluña, sino para gustar a la España tradicional.

Inés Arrimadas y el poder, titula la revista de moda en el que ha sido, sin duda, el reportaje fotográfico más polémico que ha dado la política jerezana. Porque es discutible que posar en el Parlament subida a unos Jimmy Choo, con un vestido largo de satén, entre cortinas de terciopelo rojo, sea acertado mientras los pensionistas toman la calle en protesta por la precariedad de sus pensiones. Está claro que se arriesga a que muchos la tachen de frívola.

Una no sale en Telva para reforzar su perfil de jefa de la oposición en Cataluña, sino para gustar a la España tradicional

Acostumbrada a que la llamen «cerda y fascista» cuando pasea por Barcelona, sin embargo, puede que un exceso en el boato no sea el reproche que más le ofenda. Es más, seguramente le beneficie si la suya es una estrategia a largo plazo. Lo que Arrimadas parece buscar con este posado de lujo prestado, en unas páginas donde habitualmente desfilan los aristócratas, sea incrementar el glamour de su caché. La jerezana no necesita una sesión fotográfica vestida de Zara para parecer una más porque ya se la percibía como tal, aunque no le habría venido mal un pelín más de naturalidad al atrezzo de alguna de las instantáneas en las que se nota que hasta los post-it de la oficina los ha colocado el estilista.

Arrimadas, según todas las encuestas, cae bien. Según la última encuesta Adecco sobre mejores jefes, ella es el líder político percibido como el jefe favorito de los españoles. Lo que a la de Ciudadanos le falta es aplomo y sofisticación. Y ahora quiere que la perciban como presidencial. De ahí el posado versallesco entre columnas de mármol. Busca transmitir una autoridad que su juventud le resta ante parte del electorado. Natural ya era, poderosa no.

No hace falta que los votantes tengan unos Jimmy Choo, sino que les guste la idea de una presidenta que no tenga reparos en calzarlos

En las fotos de Arrimadas en Telva no hay sexualización ni banalidad. Pero sí una elegancia abiertamente femenina con la que podría identificarse parte de la clase media a la que Ciudadanos aspira a seducir. La estrategia no está en parecer una más. Esa baza la juega Irene Montero en su recta final a encabezar la lista de Podemos para las Generales. Arrimadas, sin embargo, apuesta por gustar a quienes en el poder buscan inspiración. No hace falta que los votantes tengan unos Jimmy Choo, sino que les guste la idea de una presidenta que no tenga reparos en calzarlos.

El mayor escollo para la estrategia que Arrimadas se está fabricando con entrevistas como la de Telva no solo es resultar creíble, algo que los post-it de laboratorio ponen bastante difícil, sino que todo esto a Albert Rivera le parezca buena idea.