Ninguno los agredió. Casi nadie habló con ellos. Y varios de los acusados ni siquiera estuvieron en el lugar ni a la hora en la que se produjo la paliza. Tampoco muestran signos de animadversión contra la Guardia civil, ni están vinculados a movimientos que pidan su salida de Alsasua. De lo escuchado hoy en la Audiencia Nacional, aquella noche ninguno de los acusados participó en la paliza ni ha dado detalles significativos de su existencia siquiera. Así ha sido el relato de hechos de los ocho acusados, casi irreconocible respecto al que hizo la Guardia Civil y la Policía Foral en sus informes durante el periodo de instrucción de la causa y más aún con el que la Fiscalía hace en su escrito de acusación.

La primera sesión del juicio por la agresión de dos guardias civiles y sus parejas en el bar ‘Koxka’ de Alsasua ha dejado clara la estrategia de las defensas de los ocho jóvenes que se enfrentan a un total de 375 años de prisión por varios delitos de carácter terrorista: negar su participación, en algunos casos incluso rechazar su presencia en el lugar y en la hora de la agresión y siempre afirmar que no tienen ninguna animadversión por la Guardia Civil ni problemas con los cuerpos policiales. Todos ellos se han desmarcado de las plataformas como Alde Hemendik (Fuera de aquí) y el movimiento Ospa que en Alsasua reclama la marcha de la Guardia Civil y que anualmente organiza diversas jornadas reivindicativas. Varios de los jóvenes se han descrito como “pacíficos”.

Sólo uno de los acusados ha reconocido que tuvo un encontronazo con uno de los agentes pero “por unas multas” y que no le agredió

Testimonios todos ellos que sin embargo no han querido contrastar con la Fiscalía ni con los abogados de la acusación al negarse a responder a sus preguntas y limitarse a exponer su versión de los hechos ante el tribunal de la Audiencia Nacional que los juzgará hasta el próximo día 27 sólo a preguntas de sus respectivas defensas. Los testimonios de los tres acusados de los delitos más graves, y que permanecen en prisión desde días después de la agresión ocurrida la madrugada del 15 de octubre de 2016, han buscado desmontar por completo el relato de hechos en los que se basa la acusación que pesa sobre ellos.

Como el resto de los encausados, el primero en declarar, Jokin Unamuno, ha sido el único que ha reconocido que tuvo un encontronazo con uno de los guardias civiles. Ha señalado que lo hizo para reprocharle que le habían puesto varias multas en las últimas semanas. Ha descrito cómo el agente le llamó por su nombre de pila en el interior del local y eso le molestó de modo importante. Ha añadido que se encontraba “bastante borracho” pero que en su conversación con el sargento en ningún momento lo insultó ni atacó a la Guardia Civil, “ni dentro ni fuera” del bar. Ha detallado que cuando salió del ‘Koxka’ sí vio al teniente en el suelo y a una mujer protegiéndole con el cuerpo. Ha llegado a lamentar que aquella conversación “bastante corta” que mantuvo pudiera haber sido el detonante de la agresión posterior, en la que como todos los demás ha negado haber participado.

Desmarque de ‘Alde Hemendik!’

Adur Ramírez, otro de los acusados que se encuentra en prisión, ha negado incluso que se encontrara en el bar en el momento de los hechos. Ha señalado que se enteró al día siguiente, que en el momento en el que se produjo la paliza, en torno a las cinco de la mañana, ya dormía en casa de sus padres. Preguntado por la campaña del Ospa Eguna (Día de la marcha), que reclama la salida de la Guardia Civil de Alsasua, ha señalado que jamás ha sido ni portavoz ni ha participado de la misma, salvo en la edición de 2015 pero como música de una de las charangas que intervino.

Adur Ramírez de Alda, el tercero de los acusados que sigue en prisión ha afirmado que el no acostumbra a ir “preguntando a alguien si es madero o guardia civil” y que desconocía por completo que aquellos dos hombres que estaban en el bar eran agentes de la Benemérita. Ha puntualizado que cuando salió del local él se quedó en la puerta y no agredió a nadie. incluso ha subrayado su disposición a “colaborar con la justicia”.

Entre el resto de acusado, dos de ellos, Jon Ander Cob y Julen Goikoetxea, que como seis de los acusados se enfrentan a una pena de 50 años de cárcel, -los otros dos lo hacen a peticiones de 62,5 y 12,5 años respectivamente- han afirmado que no están interesados en la política. También han detallado que el borrado de mensajes que poco después hicieron de los mensajes de Whatsapp de sus móviles es una práctica habitual que llevan a cabo en el mantenimiento de sus terminales. Goikoetxea sí ha reconocido que frecuenta el ‘Koxka’ pero “para bailar, echar unas risas con los amigos o intentar ligar”. Como Cob, amigos desde la infancia, los dos se han definido como personas “pacíficas”. Ambos han recordado que se presentaron voluntariamente a la Audiencia Nacional y han puesto en cuestión las rondas de reconocimiento tras las cuales fueron detenidos.

Mañana será el turno de escuchar la versión de los agentes agredidos y sus parejas. Declararán como testigos protegidos

Otro de los acusados, Aratz Urrizola ha señalado que el tiempo que permaneció en el bar “todo estaba tranquilo”. El acusado Iñaki Abad ha asegurado a preguntas de su defensa que conocía al teniente de la Guardia Civil ya que junto a su pareja era cliente habitual de un bar en el que trabajaba.

Por último, Ainara Urquijo, la acusada para la que se pide la menor pena, 12,5 años, ha asegurado que no llegó a entrar en el bar y que cuando llegó al lugar al teniente ya se lo habían llevado al hospital. Ha negado que se dirigiera al sargento y su novia y que aunque se pudo haber “alterado un poco” ante los agentes de la policía foral no profirió amenazas.

Mañana, en la segunda sesión del juicio, se escuchará los testimonios de los dos agentes de la Guardia Civil y sus parejas agredidos. Se trata de testigos protegidos por los que lo harán con medidas de seguridad para no ser identificados.

Por la tarde, diversos colectivos de víctimas, culturales y sociales de Pamplona han convocado un acto de apoyo a los dos guardias civiles y sus novias para contrarrestar la marcha multitudinaria que se celebró en Pamplona en pasado sábado y que contó con la presencia de decenas de miles de personas que reclamaron “Justicia. No es terrorismo”, según rezaba el lema del acto. El Gobierno vasco secundó la manifestación.