Carles Puigdemont debía haber anunciado este viernes -y no el jueves por la tarde- el nombre de Quim Torra como plan D o cuarto candidato de JxCat a la investidura. Esta era la previsión de JxCat, para que la investidura se debatiera el lunes en primera vuelta, el miércoles en segunda, y Torra pudiera nombrar a su gobierno a finales de la próxima semana. Pero el manejo del calendario y la información se ha convertido también en campo de batalla entre las formaciones que integran el bloque independentista catalán, con consecuencias inesperadas.

Una indiscreción de Artur Mas precipitó el anuncio de Puigdemont, obsesionado en evitar a toda costa una filtración que pudiera deslucir su designación y cuestionar, por tanto, a quien correspondía la decisión en exclusiva. El ex presidente anunció en una cena en Madrid, la noche del miércoles, que Quim Torra sería el elegido. Y el diputado ex convergente Jordi Xuclà lo ratificó al día siguiente en TVE, aunque lo hizo fuera de micro.

A partir de aquí, Puigdemont optó por precipitar el anuncio. Y lo hizo dejando en evidencia a la actual dirección del PDCat, a la que había convocado a Berlín para una reunión que debía celebrarse en la mañana del viernes como preludio al gran anuncio. El resultado: Marta Pascal, Neus Munté y Mercé Conesa volaban camino de Berlín con los móviles apagados mientras JxCat anunciaba la comparecencia de Puigdemont en 20 minutos. Nadie esperaba que la coordinadora, la presidenta y la presidenta del Consejo Nacional del partido fueran a torcer la voluntad de Puigdemont, pero el resultado final es el de una dirección del PDCat totalmente superada por el líder electoral y su círculo de confianza, en el que Elsa Artadi sigue teniendo un peso determinante.

Torrent impone su calendario

Otro tanto ha sucedido con la convocatoria del pleno de investidura. Eduard Pujol y el propio Torra se apresuraron a anunciar el pasado lunes que la investidura se celebraría entre el lunes y el miércoles, cosa que molestó enormemente al presidente del Parlament, Roger Torrent. El cambio de planes oficializado con la convocatoria de la primera vuelta para este sábado responde oficialmente a la voluntad de Esquerra de no agotar los plazos -el miércoles Toni Comin comparece ante la justicia belga, y si ésta desestima su extradición cambiará su situación procesal, lo que pondría en cuestión el voto delegado del diputado republicano-.

Al argumento oficial de no agotar los plazos se ha sumado, sin embargo, la voluntad de Torrent de marcar terreno. El presidente del Parlament lleva mal las imposiciones del equipo de Puigdemont, que en los últimos meses ha marcado la agenda parlamentaria con iniciativas como la petición de amparo de Puigdemont a Torrent el pasado enero, sin previo aviso, o las presiones para adelantar la investidura de Turull antes de su comparecencia ante el Tribunal Supremo.

El pleno que debatirá hoy en primera vuelta la investidura de Torra es fruto de ese malestar. Aunque tanto los partidos del bloque independentista como la oposición son conscientes de que se trata de un trámite a la espera de la segunda vuelta y, sobre todo, de la asamblea de la CUP mañana. Entonces se decidirá le futuro de Torra. Si se impone la tesis de la dirección antisistema, Torra será president, si triunfa el malestar de las bases, JxCat y ERC tendrán que pisar el acelerador para investir a un quinto candidato en ocho días.

Torra ha matizado que los nombres del Govern «se tienen que perfilar» aunque Tardà anunció el jueves las consejeras de Esquerra

El propio Torra ha empezado a mostrar su incomodidad por el modo en que unos y otros marcan las cartas de la partida en la que se ha convertido la investidura y formación de gobierno catalán. «Hemos hablado de nombres que se tienen que perfilar», aseguró  Torra en TV3 cuando le preguntaban por la formación de gobierno. Un gobierno cuyos consellers han sido avanzados entre otros por el diputado republicano en el Congreso Joan Tardà, quien este jueves confirmaba la designación de sus compañeras Ester Capella y Teresa Jordà como consejeras de Justicia y Agricultura, respectivamente.

Tras semanas aceptando sumisamente que Esquerra no tenía nada que decir sobre el nombre del candidato a la investidura, los republicanos necesitaban dejar claro que la designación de quien debía ocupar «sus» consejerías correspondía solo a ellos. Aun a costa de restar un poco más de autoridad a un president que llega designado a dedo y con la condición de actuar al dictado de Puigdemont en un «mandato provisional».