Las controvertidas opiniones de Quim Torra sobre los españoles y el uso del castellano se han convertido en un arma arrojadiza en el Parlament.

Al igual que ocurrió en la primera sesión de investidura, en la sesión de este lunes la oposición ha vuelto a sacar a la luz algunos de los ataques que el candidato a president ha lanzado en un pasado no tan lejano. Inés Arrimadas ha echado en cara a Torra un artículo publicado en El Mon, en el que carga contra el castellano.

Por su interés, reproducimos la versión íntegra y traducida del texto difundido en el diario catalán:


En casa de mis padres había un ejemplar de un libro que todos mis hermanos, y yo mismo, habíamos leído: De cuando las bestias hablaban, de Manuel Folch y Torres. Mi padre era inflexible y, como en La Rosa y el Anillo de Thackeray, consideraba que uno no podía hacerse mayor sin haberlos leído. Era un libro delicioso donde lechuzas, osos, elefantes, cervatillos y abejorros hablaban, una colección de fábulas destinadas a la educación de los niños.

Ahora miras a tu país y vuelves a ver hablar a las bestias. Pero son de otro tipo. Carroñeros, víbores, hienas… Bestias con forma humana que, sin embargo, desprenden odio. Un odio perturbado, nauseabundo, como de dentadura postiza con moho, contra todo lo que representa la lengua.

Están entre nosotros. Les repugna cualquier expresión de catalanidad. Es una fobia enfermiza. Hay algo de Freud en estas bestias, un pequeño bache en su cadena de ADN. ¡Pobres individuos! Viven en un país del que lo desconocen todo: su cultura, sus tradiciones, su historia. Se pasean impermeables a cualquier evento que represente el hecho catalán. Les crea urticaria, les rebota todo lo que no sea español y en castellano.

Las bestias tienen nombre y apellidos, todos conocemos alguna. Abundan. Viven, mueren y se multiplican. Una de ellas protagonizó el otro día un incidente que no ha llegado a Cataluña y merece ser explicado, como un ejemplo extraordinario de la bestialidad de estos seres. Pobres bestias, no pueden hacer más.

Una de las escasas compañías aéreas que vienen aceptando con normalidad el catalán es Swiss Air. Si han cogido alguno de sus vuelos, habrán comprobado como se viene utilizando nuestra lengua a la hora de despegar o aterrizar. Una excepción, ya que con el resto de compañías venimos siendo tratados exactamente como lo que somos, la última colonia en tierras europeas.

Pues bien, hace un par de semanas viajaba en un vuelo de Swiss una de estas bestias. Al llegar al destino, se anunció en catalán la información previa al aterrizaje. La bestia segregó de su boca agua rabiosa. Un hedor de cloaca salía de su asiento. Se removía, inquieta y desesperada, horrorizada por oir cuatro palabras en catalán. No tenía escapatoria.

Hay que imaginarse a la bestia, ellas que pueden vivir en un mundo español sin ningún problema, escuchando cuatro palabras en una lengua que odia. Indignada, decidió escribir una carta en un periódico alemán de Zurich, quejándose del trato recibido ya que se «violaban sus derechos» al ser el castellano la «primera lengua oficial de España». La queja de la bestia salió publicada a toda página.

Gracias a Dios, los buenos amigos del Casal Catalán de Zurich respondieron y dejaron las cosas claras (Tantas embajadas y consulados y, mira tú, un pequeño Casa Catalán es quien se ha movilizado gracias a la decendia y dignidad de sus miembros).

Pero, ¿por qué hay que movilizarse cada vez? ¿Cuándo acabarán los ataques de las bestias? ¿Cómo podemos, en 2008, aguantar tanta vejación, humillación y tanto desprecio?