Han permanecido en silencio todo este tiempo. Lo han hecho mientras en el exterior el ruido en apoyo a los agresores crecía cada día a la misma velocidad que el olvido y el silencio se imponía sobre ellos, las víctimas. La noche del 15 de octubre de 2016 ocho jóvenes agredieron a dos guardias civiles y sus parejas y por ello han sido condenados por la Audiencia Nacional a penas de entre 2 y 13 años de prisión. Hoy siete de ellos cumplen la condena en prisión.

Juan Francisco llegó a Alsasua hace veinte años. Lo hizo junto a su mujer y sus hijos en busca de una vida mejor. Creía haberla encontrado. Su mujer regentaba el local del Hogar del Jubilado y él trabajaba en una fábrica cercana. Con mucho esfuerzo habían logrado comprar un piso y la familia se había adaptado bien a su nueva vida en la pequeña localidad navarra. Hasta que aquella noche todo cambió.

María José, su hija, la novia del teniente agredido, abandonó hace meses Alsasua. Lo hizo para huir de la presión e intentar recuperarse del daño psicológico que le ha provocado todo lo sucedido y que le ha obligado a seguir un tratamiento. Ahora son sus padres los que han decidido marcharse, los que han optado por vender su casa, volver a hacer las maletas y emigrar por segunda vez.

Nos iremos, sí, pero con la cabeza alta y el convencimiento de que sólo hemos defendido, a capa y espada, la verdad”

Juan Francisco ha escrito una carta a la que ha tenido acceso El Independiente y en la que habla por primera vez de lo sucedido. “Los vecinos del pueblo que nos acogió nos obligan a hacer las maletas y a empezar de nuevo”, asegura dolido y con tristeza. Afirma que se van “con la cabeza alta” y con el convencimiento de que sólo han defendido a capa y espada una cosa, “la verdad” de lo que sucedió esa noche en el exterior del bar Koxka: “Hemos preferido poner a la venta nuestra casa antes que nuestra dignidad”.

“Sólo si te pliegas a sus ideas”

En la misiva afirma que no se van por propia voluntad, sino que les “obligan” a hacerlo tras una campaña de acoso. Reprochan a las familias de los ocho agresores que llevan meses asegurando que en Alsasua “se vive bien” y que inviten a residir en la localidad a ponerse en su lugar. Juan francisco les recuerda que “se les olvida” añadir que “sólo se vive bien si piensas como ellos, si te pliegas a sus ideas”.

Denuncia que a su hija María José se le ha forzado a abandonar Alsasua, donde sólo podría seguir residiendo “si hubiera dejado a su novio”: “Pero yo la eduqué en la libertad de elección, la misma libertad que ellos nos niegan. Hoy ni mi familia ni yo somos libres. Vivimos con miedo y desde que salió la sentencia vivimos escoltados”.

Recuerda que desde que ocurrió la agresión su vida en Alsasua, a donde llegaron hace veinte años, no ha sido la misma. Subraya que ha sido su hija María José la que se ha llevado la peor parte de la campaña de acoso que han sufrido. “Mi hija pasó la peor época de su vida sola: tuvo que irse de Alsasua para que pudieran empezar a darle tratamiento psicológico”, recuerda.

Añade que, en su caso y el de su esposa, las consecuencias las sufrieron en el pueblo en forma de destrozo del material del bar que regentaban, ataques a su vehículo, pancartas en la puerta de casa o gritos “desde la acera como traidores, fuera de aquí o el pueblo no perdona”: “Nos hicieron el vacío”.

A las familias de los agresores se les olvida decir que en Alsasua sólo se vive bien si piensas como ellos, si te pliegas a sus ideas”

Lamenta que apenas una pequeña parte del pueblo le haya mostrado su apoyo y que además lo tenga que hacer en silencio: “Yo les comprendo, lo que estamos viviendo no se lo deseo a nadie”.

En su relato detalla cómo el pueblo del que ahora tienen que salir es el mismo que un día les acogió cuando llegaron de Ecuador en busca de una vida mejor y llenos de ilusiones. Un municipio en el que han crecido sus hijos y que sienten como propio porque “Alsasua es su pueblo”.

La vida que su familia ha llevado a cabo en la localidad siempre ha estado “al margen de las cuestiones políticas”: “No nos involucrábamos en nada, simplemente hacíamos nuestra vida como cualquier otra familia”.

Los hijos de tus vecinos

Lo sucedido el 15 de octubre de 2016 jamás imaginó que terminaría por forzar su salida de Alsasua. En realidad, todo comenzó a cambiar un poco antes, cuando su hija comenzó a salir con un teniente de la Guardia Civil. El clima hostil que en el municipio existe contra la presencia del Cuerpo es una realidad de la que María José era consciente pero que decidió asumir para defender su libertad de elección. Fue a partir de entonces cuando comenzaron “las miradas y los comentarios, pero pensé que eran cosas de pueblo”, recuerda.

Aún no se explica cómo aquel día, el de la agresión, quienes pegaron a su hija –y a los dos agentes y la pareja de uno de ellos- “eran nuestro propios vecinos”, algunos incluso compañeros de escuela de María José, y menos aún, que lo hicieran por el mero hecho de ser “la novia de un guardia civil”.

Nunca pensé que nuestros propios vecinos pudieran pegarle a mi hija por ser novia de un guardia civil”

Se pregunta qué haría cualquier otro padre al ver cómo “los hijos de tus vecinos” golpean en masa a su hija. Juan Francisco responde en la carta que su opción fue intentar mantener la calma “y seguir viviendo de la mejor manera posible”. Nada volvió a ser lo mismo. Su vida en Alsasua cambió para siempre y enfiló su epílogo: “Ella y nosotros nos hemos llevado la peor parte de todo lo que paso”.

Ahora, preparan su nueva vida fuera del pueblo de sus hijos y el que un día les acogió. Juan Francisco y su familia preparan de nuevo las maletas. Esta vez repletas de dolor, rabia e impotencia pero “con la cabeza alta” y la “dignidad” intacta, sabedores de que se les expulsa por haber defendido “la verdad” de lo que sucedió la noche que cambió sus vidas.