La amenaza y la coacción han logrado su propósito. Los padres de María José, una de las víctimas de la agresión de Alsasua, la novia del teniente que sufrió la rotura de la tibia y el peroné, han decidido poner a la venta su casa. El cartel de “Se vende” cuelga de la vivienda desde anoche, horas después de que el municipio se movilizara contra el ingreso en prisión de los cuatro condenados que aún permanecían en libertad provisional. El matrimonio, que acumula 18 años viviendo en Alsasua, ha sufrido numerosas coacciones y presiones desde que se produjo la agresión la madrugada del 15 de octubre de 2016, cuando su hija y su pareja, el teniente de la Guardia Civil, así como sus amigos, otro agente y su novia, fueron agredidos en el interior y exterior del bar ‘Koxka’ de la localidad.

 

Los hechos se han precipitado después de que tras conocerse el auto de ingreso en prisión sin fianza en Alsasua se organizara una manifestación multitudinaria en protesta por la decisión de la Audiencia Nacional de decretar el ingreso en prisión de Jon Ander Cob, Julen Goikoetxea, Aratz Urrizola e Iñaki Abad, que habían sido arrestados horas antes en una tensa operación policial en la que se empleó un importante despliegue de agentes de la Guardia Civil. Pese a que la sentencia no es firme y ha sido recurrida, siete de los ocho condenados por la agresión de Alsasua ya están en prisión o apunto de ingresar en ella. Tan sólo Ainara Urquijo, condenada a la menor pena -2 años- continúa en libertad.

Por la tarde, tras la celebración de una rueda de prensa para rechazar la decisión, las familias y el entorno de los condenados organizó una manifestación que recorrió las calles del municipio. A su paso por la vivienda de los padres de María José se encendieron bengalas y se gritó “Alde hemendik, utzi bakean!”, (¡Fuera de aquí, dejadnos en paz!) y “Herriak ez du barkatuko” (El pueblo no perdonará). Por la noche, en el municipio se produjeron incidentes con la quema de contenedores y la aparición de nuevas pintadas y pancartas de apoyo a los condenados.

En el acceso al bloque de pisos de los padres de Maria Jose se instalaron varias pancartas reclamando la puesta en libertad de los siete jóvenes en prisión. Por la noche, otra de las pancartas se instaló frente a la vivienda con el lema “Alde hemendik y el dibujo de un tricornio tachado con una línea roja. Pancarta colocada sobre otras pintadas anteriores realizadas en el muro en las que se hacía referencia al carácter “terrorista” del Estado y a la libertad de los condenados.

Acoso intensificado

El acoso que han padecido estos últimos días se ha ido incrementando hasta el punto de que desde que salió la sentencia que condenó a los ochos acusados, a penas de entre 2 y 13 años de prisión, la Guardia Civil activó un protocolo de seguridad en torno a los padres de María José, que regentan el bar del hogar del jubilado de Alsasua. Una protección que se decidió habilitar ante el riesgo de que el local sufriera algún tipo de agresiones tras las amenazas y pintadas aparecidas frente al establecimiento.

El ambiente ayer se tensó de modo importante desde primera hora de la mañana, cuando unidades de la Guardia Civil accedieron a Alsasua para proceder a la detención de los cuatro jóvenes condenados. La operación se llevó  a cabo por orden de la Audiencia Nacional que consideró que existía riesgo de fuga. Tras su traslado a Madrid y la celebración por la tarde de la vistilla, la Sala decretó que debían ingresar en la cárcel. La sala consideró que los indicios de criminalidad existentes contra los acusados se han visto consolidados en una sentencia condenatoria en la que se les ha impuesto penas de al menos 9 años de prisión por “lo que hace temer, fundamentalmente que de ser mantenida la libertad provisional pudieran darse a la fuga”. Entiende el Tribunal que el arraigo personal y familiar de los condenados no “desvirtúa el riesgo de fuga”.

Ayer los padres de María José cerraron el local ante el riesgo de que se pudieran producir algún tipo de coacciones y abandonaron Alsasua, siempre bajo protección. A su regreso a última hora de la noche, y tras comprobar que las pintadas y carteles no sólo no habían desaparecido sino que se habían incrementado, decidieron poner a la venta la vivienda y abandonar definitivamente Alsasua. La pareja llegó al municipio hace ahora 17 años, procedente de Ecuador en busca de una vida mejor. Con una niña de apenas 3 años, María José, lograron salir adelante fundamentalmente gracias al local que regentaban en el hogar del jubilado del municipio y cuya licencia renovaron poco antes de que se produjeran los incidentes en el bar ‘Koxka’ que terminaría por cambiarles la vida. A partir de ahora iniciarán una nueva etapa fuera de Alsasua y probablemente de Navarra, en busca de trabajo y un entorno más amable para vivir.

Un año y medio angustioso

La vida de la familia en este año y medio ha sido muy complicada. Su hija, María José, sufrió estrés postraumático a consecuencia de la agresión y la presión que sobre este caso ha ejercido el entorno afín a los condenados. Varias psiquiatras declararon en el juicio celebrado en la Audiencia nacional que la joven llegó incluso a mostrar síntomas de comportamiento suicidas en un intento por terminar con la situación angustiosa que ha vivido. María José continúa en tratamiento. Durante la celebración del juicio su testimonio fue el más duro de los escuchados durante la vista. Relató cómo desde aquella noche su vida cambió para siempre para convertirse en “un infierno” que le llevó a no regresar a Alsasua hasta pasados siete meses. “Me veía sola, humillada, traicionada; llegué al límite de no ver salida y tratar de quitarme del medio; era la única forma de acabar con esto”, relató.

Detalló como durante la agresión nadie acudió a socorrerles, más aún les insultaban “putos ‘pikoletos’ es lo que os merecéis”, aseguró. Aseguró que conocía a varios de los agresores, no en vano vive en Alsasua desde que tenía 3 años. Fue consciente de que iniciar una relación con un guardia civil podría acarrearle problemas “pero no puedes dejar que te impongan lo que tienes que hacer ni con quién debes estar, por eso seguí adelante a pesar de que muchos me retiraron el saludo. Entendía que era cotilleo del pueblo es indiscreciones”. Jamás imaginó que la situación y la presión llegaría al punto al que ha llegado y que le obligaría a abandonar Alsasua, primero a ella, y ahora a sus padres.