Pedro Sánchez ha rescatado una página del pasado con su decisión de viajar en avión oficial de la Fuerza Aérea para saludar a la alcaldesa de Castellón durante unos minutos, reunirse de manera informal con el presidente de la Comunidad Valenciana (Ximo Puig) durante media hora y… acudir al concierto de la banda estadounidense The Killers en el Festival Internacional de Benicàssim (FIB) junto a su esposa.

La polémica suscitada por el uso de Pedro Sánchez del avión presidencial para este fin -«agenda cultural», según la vicepresidenta Carmen Calvo- trae al recuerdo otras polémicas de altos vuelos que obligaron a sus protagonistas a dar explicaciones ante las críticas de la oposición y que quedaron inmortalizadas en el diario de sesiones del Congreso de los Diputados.

  • Alfonso Guerra y el ‘Mystère’. El 3 de abril de 1988, Domingo de Resurrección en el calendario, Alfonso Guerra protagonizó un episodio que le persiguió durante toda su carrera política e inspiró a articulistas y humoristas gráficos. El entonces vicepresidente del Gobierno trataba de regresar a España tras pasar sus vacaciones de Semana Santa en el Algarve (Portugal) y, para evitar soliviantar a los compatriotas que llevaban horas esperando el ferry para cruzar el paso fronterizo que separa Vila Real de Santo Antonio de Ayamonte, se dio la vuelta y ordenó que un avión de la Fuerza Aérea española -modelo Mystère– se desplazara a Faro para recogerlo y volver a España. «Llegando a la frontera, las autoridades portuguesas dirigieron el vehículo que yo ocupaba, un automóvil, hacia la zona que ellos creían que era el aparcamiento. Cuando yo me percaté dónde estaba aparcado y pude ver que había un número importe de vehículos que estaban esperando, manifesté inmediatamente que no me parecía correcta la forma de hacer el paso, porque sabía que podría incomodar a los que lógicamente tienen una exasperación después de una, dos o tres horas de espera para atravesar el río (…). Creí que podría desembocar en un conflicto entre la policía portuguesa y ciudadanos españoles que no tenía justificación, y entonces tomé la decisión de abandonar el muelle y dirigirme a Faro, solicitar un avión y volver», explicó Guerra en respuesta a una pregunta que el diputado de IU Nicolás Sartorius le formuló en el pleno del Congreso del 13 de abril de 1988, como recoge el diario de sesiones de la Cámara Baja. En contra de lo que le afeó el parlamentario Manuel Renedo (PP), el número dos del Gobierno de Felipe González  no consideró desacertado recurrir al avión oficial y tan sólo admitió como error «la forma de preparar los viajes privados». «Probablemente haya que tener otros vehículos y otras personas que ayuden, pero, claro, eso significa más gastos y parece que puede ir en el sentido contrario al de las críticas que se han suscitado en estas dos semanas», apostilló. Según detalló el entonces ministro para las Relaciones  con las Cortes y de la Secretaría del Gobierno, Virgilio Zapatero, cada hora de vuelo del Mystère tenía un coste de 201.676 pesetas (algo más de 1.200 euros al cambio actual).

 

Alfonso Guerra subiendo al Mystère

Alfonso Guerra (con traje claro en cabeza) se dirige al ‘Mystère’ en la tarde del 3 de abril de 1988.

  • Borrell, a los mandos de un F-18. El 9 octubre de 1995, el ministro de Obras Públicas y Transportes probó la experiencia de volar en un cazabombardero F-18 de la Base Aérea de Zaragoza. La polémica estaba servida. Josep Borrell tuvo que dar explicaciones en el Parlamento, donde justificó el vuelo como una manera de demostrar su «admiración» hacia el Ejército del Aire. Fue una forma de estrechar lazos entre esta arma y el Ministerio de Obras Públicas y Transportes, responsable entonces de la circulación aérea civil. La oposición recriminó duramente a Borrell -hoy de nuevo en el Gobierno como responsable de la cartera de Asuntos Exteriores- por su decisión de viajar en un F-18 y censuró al titular de Defensa, Gustavo Suárez Pertierra, por activar «la cadena de mando del Ejército del Aire para que su compañero de gabinete pudiera dar satisfacción a un capricho», como afeó el diputado José Manuel Fernández Norniella (PP).
  • Zapatero, en ‘Falcon’ a un mitin. En su segunda legislatura, José Luis Rodríguez Zapatero asoció también su nombre al uso discutible de los aviones oficiales para actos ajenos a su condición de presidente de Gobierno. Ocurrió en la tarde del 28 de mayo de 2009, cuando el entonces jefe del Ejecutivo viajó en un Falcon de la Fuerza Aérea a Asturias para apoyar a la candidatura socialista con vistas a las elecciones europeas de aquel año. En concreto, Rodríguez Zapatero viajó hasta Oviedo, donde le esperaba un vehículo para trasladarlo a la localidad de Langreo. Llovía sobre mojado, puesto que el sucesor de Aznar en la Moncloa había utilizado el mismo medio el domingo anterior para dirigirse a Dos Hermanas (Sevilla) para asistir a un acto electoral. «Una burla» y «una prueba de prepotencia impropia de un gabinete democrático en el siglo XXI», defendió entonces Mariano Rajoy.