El Pablo Iglesias que vimos en la rueda de prensa tras su reunión de más de dos horas y media con el presidente del gobierno no era el político eufórico de otras ocasiones. Su gesto era apesadumbrado, aunque, como buen vendedor, quiso sacarle a su comparecencia toda la rentabilidad posible.

La clave de intervención se resume en una frase: «Cogobernar juntos desde el Parlamento». El líder de Podemos, un partido que languidece en las encuestas, quiere hacer creer que Pedro Sánchez y él dirigen los destinos de España al mismo nivel, como si fuera un vicepresidente sin cartera, sin ministerio, pero como el único que puede garantizar la supervivencia de un gobierno apoyado por sólo 84 escaños.

Con habilidad de prestidigitador mezcló en su presentanción ante los periodistas los acuerdos, las propuestas y los deseos. Sin embargo, el resultado del encuentro fue más bien escaso: bajada del IVA a autónomos y a bienes de primera necesidad -sin concretar-; la creación de un museo de la memoria, y la retirada de la medalla y la pensión a Billy el niño. El resto, una carta a los reyes magos.

Aunque, por lo que parece, en la reunión se trataron temas de la máxima altura, como la prohibición de armas nucleares o el reconocimiento del Estado palestino, el objetivo central de la misma era avanzar en un acuerdo para sacar adelante los presupuestos generales del Estado. Sobre ese asunto no se ha concretado nada en absoluto. Buenas intenciones y mucho feeling, pero poca chicha. Ni siquiera se ha avanzado en la subida del IRPF a rentas superiores a 140.000 euros o en el impuesto a la banca, por no hablar del techo de gasto o del objetivo de déficit.

Iglesias se esforzó en demostrar que la única posibilidad que tiene Sánchez de sobrevivir es «cogobernando» con Podemos

El problema que tiene Iglesias con Sánchez es que el presidente necesita quedar bien con Pierre Moscovici y eso es incompatible con sus condiciones para apoyar las cuentas públicas. El comisario europeo para Asuntos Económicos le recordó por la mañana al presidente del gobierno sus ineludibles deberes: presentar un proyecto de presupuesto antes del 15 de octubre con un objetivo de déficit acorde con los compromisos pactados.

Sánchez necesita a Iglesias, pero, al mismo tiempo sus condiciones para apoyarle le complican la existencia, no sólo en relación a la UE, sino a la marcha de la economía.

Un presupuesto expansivo, con un fuerte aumento del gasto social y subidas de impuestos puede serle útil para encandilar a una parte del electorado socialista (aunque ese tanto se lo apuntaría Podemos), pero sería letal para una economía que necesita seguir creciendo a tasas por encima del 2% para crear empleo. Si cede a los deseos del líder de Podemos, el mensaje que mandaría a los inversores internacionales sería nefasto y, como recordó Moscovici, «España no puede repetir errores del pasado».

El gran reto del presidente del gobierno es despegarse de la demagogia, lo cual le obliga a separarse de Podemos. Puede jugar con la idea del impuesto a los ricos o a la banca, pero tiene que pensar en las consecuencias de sus decisiones. José Antonio Álvarez, consejero delegado del mayor banco español, el Santander, recordó ayer en el Congreso que la entidad lleva perdiendo dinero seis años en España y que, a pesar de ello, tributa más de 1.100 millones.

El presidente lo tiene difícil. Para llegar hasta 2020 necesita a Podemos. Hasta ahora, las únicas concesiones reales al populismo de izquierdas han sido simbólicas y casi sin coste: exhumación de Franco, museo de la memoria, retirada de la pensión a Billy el niño… Pero en el presupuesto Iglesias va a exigir un fuerte aumento del gasto, algo que Sánchez no se puede permitir si no quiere frustrar la recuperación económica.

La de este jueves fue una primera aproximación. Iglesias quiso vender optimismo. Desde Moncloa echaron bastante agua a ese adulterado vino. La solución la veremos en poco más de un mes: el documento que envíe el gobierno a Bruselas pondrá de manifiesto si Sánchez prefiere ganarse la confianza de Moscovici o mantener su idilio con el líder de Podemos.