Política

Podemos, rehén de su pacto con Sánchez ante los incumplimientos del Gobierno

El líder de Podemos ha abanderado el acuerdo presupuestario, pero el optimismo inicial se ha ido desdibujando en las últimas horas

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Podemos, rehén de su pacto con Sánchez ante los incumplimientos del Gobierno

El presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, y Pablo Iglesias, el pasado 11 de octubre en La Moncloa. MONCLOA

Resumen:

Jueves, 11 de octubre. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias posan con amplias sonrisas en la Moncloa. El ambiente es distendido. Después de intensas negociaciones que se alargaron hasta la madrugada, el secretario de Podemos ha acudido al complejo presidencial, donde es recibido por el líder del Ejecutivo para firmar un acuerdo presupuestario con una medida estrella: la subida del salario mínimo interprofesional a 900 euros. Ninguno de los dos oculta su satisfacción. Iglesias inicia una ronda mediática para promocionar el acuerdo, presume de su influencia sobre el Gobierno y abre negociaciones con los partidos independentistas arrancarles el ‘sí’ a las cuentas. Acude a la prisión de Lledoners para ver a Oriol Junqueras, habla con el ex president Carles Puigdemont, en Waterloo, y visita al presidente vasco, Iñigo Urkullu. Iglesias defiende que todos ellos “tendrán muy difícil explicar” su oposición a la subida salarial.

Miércoles, 24 de octubre. No han pasado ni dos semanas desde la firma del pacto. El líder de Podemos se ha erigido como embajador oficial del acuerdo. El presidente, que deja hacer, ha marcado sus posiciones ante el malestar de su equipo -«En nombre del Gobierno sólo negocia el Gobierno»-. Los partidos de oposición ya han advertido de la subida de impuestos y de la cuota de los autónomos. Podemos lo ha desmentido. Hay pleno en el Congreso de los Diputados. Sánchez defiende mantener los contratos de venta de armas a Arabia Saudí, contra la opinión de Podemos. El ministerio de Trabajo anuncia además una subida a la cuota de los autónomos. «Esto no es lo que acordamos», protestan los morados. «Rectifique», exige Pablo Iglesias en ambos casos. Pero ya no puede dar marcha atrás. Podemos es rehén de su propio pacto.

La escenificación inicial de Iglesias y su aparente poder de influencia insufló oxígeno en las filas moradas. Podemos se reconocía por primera vez como una formación útil que veía en los presupuestos la justificación de su existencia, después de dos años de política estéril bajo la presidencia del PP. En el partido pasaron por alto las muchas renuncias que asumían en el acuerdo y se agarraron a la subida del SMI para defenderlo a bombo y platillo.

La euforia inicial de Podemos se ha ido desdibujando con los incumplimientos del Gobierno

Pero el optimismo se ha ido desdibujando en las últimas horas, y Podemos ha pasado de la exaltación a la prudencia después de los primeros pasos del Ejecutivo. El apretón de manos de Sánchez amenaza con convertirse en un abrazo del oso hacia su socio de Gobierno, que asiste expectante a los próximos pasos del presidente. La defensa que hizo Sánchez de la venta de Armas al reino saudí cayó como un jarro de agua fría en la bancada morada, que no pudo hacer más que clamar en el desierto, lanzando peticiones desoídas por el Gobierno: «Le pido que no haga usted como el Partido Popular, que rectifique y que dé una lección», retó Iglesias desde la tribuna el pasado miércoles. Lo mismo ocurrió con las cuotas de los autónomos: el líder de Podemos exigió una rectificación que de momento no ha llegado.

Los morados no pueden más que oponerse a la acción de Gobierno, puesto que no cuentan con ninguna moneda de cambio. Han cedido sus votos al proyecto económico socialista por unas contrapartidos que ahora aparecen en entredicho y, al mismo tiempo, no pueden dar marcha atrás en su decisión. El ‘no’ de Iglesias a los presupuestos a estas alturas de presenta como un imposible después del papel ejercido de emisario sin cortapisas del pacto.

Podemos tendría difícil la tarea de explicar un voto contra la subida del SMI, más aún después de que éste haya sido el argumento principal para convencer a las fuerzas independentistas. «Es muy difícil que los partidos catalanes puedan explicar que están en contra de subir los salarios, las pensiones, o que se aumente un 40% la dependencia», defendía el secretario general de Podemos, Pablo Echenique, la semana pasada. Un razonamiento que podría volverse contra Podemos, que por el momento transige con los sinsabores del Gobierno.

Los primeros desplantes han descolocado a la formación de Iglesias, que busca fórmulas para intentar reconducir la actuación del Gobierno. Esta semana han propuesto al Ejecutivo abrir una mesa de seguimiento del acuerdo, y hacerlo «cuanto antes». «Hemos visto que se decía algo en el acuerdo y finalmente no se cumplía», reconocía la portavoz adjunta de Unidos Podemos, Ione Belarra, que zanjaba: «Eso ya no va a pasar más». La intención de Podemos es abrir esta mesa de «trabajo conjunto» incluso antes de que salgan adelante las cuentas en el Congreso. Quieren que la vigencia del pacto no dependa de la aprobación de los presupuestos, y de esta forma intentarán que el Gobierno saque adelante cuanto antes algunos acuerdos extrapresupuestarios y poder arrogarse el éxito de estas propuestas.

La segunda fórmula que plantean para «obligar» a Sánchez a cumplir es la movilización social. Desde Podemos han llamado en los últimos días a «empujar» en las calles exigiendo el cumplimiento del acuerdo. Y sin embargo, en el llamamiento de Iglesias a la manifestación de este sábado en Madrid, el dirigente cargaba contra PP y Ciudadanos, despojados de poder desde la moción de censura. Ninguna alusión al Ejecutivo, evitando el choque frontal con un Partido Socialista que ha ofrecido a Podemos una oportunidad histórica para adquirir relevancia política a nivel nacional.

El futuro de Iglesias depende de su relación con los socialistas. El líder de Podemos ha fiado su continuidad política a la vicepresidencia de un Gobierno de coalición con Sánchez, un cargo que ha ejercido de facto estas semanas y que aspira a conseguir tras las próximas generales. Una ruptura política frustraría no sólo su aspiración de Gobierno sino las expectativas de su electorado, que por primera vez ve cómo algunas medidas sociales podrían empezar a aplicarse.