Theresa May ha ganado una batalla pero no la guerra en la que ha derivado el Brexit. La primera ministra británica ha logrado que su gabinete secunde el principio de acuerdo de retirada de la Unión Europea. “Es un paso crucial. Esta decisión es en defensa del interés nacional”, ha declarado May ante los medios.

“Habrá días difíciles pero la elección era este acuerdo, que nos permite recuperar el control y construir un mejor futuro para nuestro país, o retroceder a la casilla uno, con más división, más incertidumbre y el fracaso de hacer realidad lo que se decidió en referéndum”, añadió ante el 10 de Downing Street.

“Creo que debo a este país adoptar decisiones en defensa del interés nacional. En mi corazón y en mi cabeza estoy convencida de que es lo mejor para el país”, señaló May, que reconoció que la mayor dificultad ha tenido que ver sobre la salvaguarda de Irlanda del Norte. No dijo que hayan actuado por unanimidad sino “de forma colectiva”.

Ahora debe ser el Parlamento británico el que se pronuncie sobre el texto. El jueves comparece May para explicar ante los parlamentarios lo que el Gobierno acaba de aprobar. Hay quienes, en sus propias filas, se plantean presentar una moción de censura contra ella, más que para ganarla como una señal de advertencia para que May sepa que en el Parlamento no podrá sacar adelante el acuerdo.

El Consejo de Ministros, convocado en sesión de urgencia, respaldó a May, quien les aseguró por activa y por pasiva que el acuerdo respeta las condiciones del referéndum de salida y permite que el Reino Unido recupere el control de sus fronteras, de su dinero y de sus negociaciones comerciales. La reunión fue muy viva y hubo muchas intervenciones, lo que llevó a que se prolongara cinco horas.

La premier repite como un mantra que el Brexit cumple lo votado en referéndum, pero sus detractores, encabezados por el ex ministro de Exteriores Boris Johnson, le recriminan que su Brexit blando deja al Reino Unido convertido en “un vasallo de la UE”. El texto del acuerdo consta de 585 páginas. Junto a los ministros y la premier May ha estado el fiscal general del Reino, Geoffrey Cox, que ha cobrado especial protagonismo en esta fase de las negociaciones del Brexit.

Poco antes de la reunión, el ex líder conservador William Hague, habló en la BBC para que los ministros tuvieran en cuenta de que “si no respaldan a May, el Brexit nunca tendrá lugar”. En su opinión, el acuerdo logrado por May minimiza el impacto comercial. “Los acuerdos implican cesiones”, puntualizó Hague.

Satisfacción en Irlanda

Sobre la controvertida cuestión irlandesa, se introduce una salvaguarda (backstop) con el fin de que no haya una frontera dura entre Irlanda e Irlanda del Norte. El Reino Unido quedaría en la Unión Aduanera durante el periodo transitorio y sería un mecanismo británico-europeo con supervisión independiente el que decidiera cuando puede salir sin que suponga la creación de una frontera entre las dos Irlandas.

En julio de 2020, a seis meses del final del periodo de transición, se haría una evaluación para determinar si el Reino Unido podría ya dejar la Unión Aduanera y tener una frontera comercial propia o bien ampliar un año más su permanencia, según los detalles que ha filtrado The Guardian

El primer ministro irlandés, Leo Varadkar, explicó ante su Parlamento que el principio de acuerdo era satisfactorio para su país. “La salvaguarda (que afecta a la cuestión de la frontera) no puede ser eliminada de forma unilateral, ni tener una fecha límite”, dejó claro ante el Dail. Varadkar aseguró que el texto respeta los términos de los Acuerdos de Viernes Santo, que pusieron punto y final a los llamados Troubles. Son las premisas fundamentales que defiende Dublín.

Irlanda se opone a que haya frontera física con Irlanda del Norte. Los unionistas norirlandeses, sostén del gobierno en minoría de May, quieren que Irlanda del Norte tenga las mismas condiciones que el resto del Reino Unido. Lo que se llama la cuadratura del círculo que suscribe el preacuerdo a futuro.

La batalla crucial en el Parlamento

En un anticipo de lo que será el debate parlamentario sobre el Brexit, la primera ministra se enfrentó a la habitual sesión de preguntas. Al líder laborista, Jeremy Corbyn, le recriminó: “Cuando no hacíamos avances, nos lo reprochaban. Ahora que hay avances, y que tenemos un acuerdo sobre la mesa, también se quejan. Ustedes quieren frustrar el Brexit”. Corbyn aseguró que su partido respeta el resultado del referéndum, pero culpó a May “del lío que han creado, del que no saben cómo salir”.

Más duro ha sido si cabe el ex primer ministro laborista Tony Blair, defensor de un segundo referéndu. En una conferencia, Blair dijo: “Por lo que conocemos el acuerdo no es un compromiso sino una capitulación. Seguiremos la política comercial de la UE y la UE tiene poder de veto a la hora de que la dejemos”.

Incluso los parlamentarios más europeístas dentro del Partido Conservador, como Ken Clarke, pidieron a la premier que hiciera una declaración ante el Parlamento, con los detalles del acuerdo, una vez que concluyera su reunión con el gabinete. May prometió comparecer y el speaker, John Bercow, dijo que era posible que lo hiciera el jueves, como será, según confirmó Downing Street.

Los líderes de los cinco partidos de la oposición, el laborista Jeremy Corbyn, Ian Blackford (SNP), Vince Cable (Liberal Demócratas), el escocés Ian Blackford (SNP), la galesa Liz Saville Roberts (Plaid Cymru) y Caroline Lucas (Verdes), habían pedido a la primera ministra que comparezca ante el Parlamento después de la reunión con su gabinete en lugar de dar una rueda de prensa. Finalmente lo lograron y se anuló la rueda de prensa de la premier. May comparece el jueves ante el Parlamento.

May se ha entregado a fondo para que el núcleo duro de su gobierno respaldara el texto acordado por los negociadores de la UE y el Reino Unido. Ha mantenido reuniones individuales y ha dejado claro que si no le daban su apoyo ahora deberían dejar el Gobierno. Desde el martes por la tarde, les ha explicado el documento y les ha dejado verlo pero sin poder llevárselo a casa.

Mientras tanto, en los medios los defensores del Brexit duro, o incluso sin acuerdo, como Boris Johnson o Jacob Rees-Mogg dejaban claro que harían todo lo posible para que el texto que suscribe ahora el Gobierno reciba un rechazo rotundo. “La confianza en los políticos empieza a ser escasa. Si fracasamos a la hora de lograr el Brexit tal y como se votó minará la poca confianza que nos queda. Una respuesta rotunda puede comenzar a restablecerla”, decía el rival de May, Rees-Mogg en The Daily Telegraph.

Ian Duncan-Smith, también brexiter duro, aseguró que los días del gobierno están contados por respaldar algo que es contrario a lo aceptable por su partido. Asimismo, los unionistas, en los que se apoya el gobierno conservador por no contar con la mayoría en el Parlamento por diez votos, desconfían de las garantías dadas a Irlanda y el trato diferencial de Irlanda del Norte. “No podemos aceptar las reglas que adopten en Bruselas, en lugar de Westminster o Belfast”, dijo el jefe del grupo parlamentario del Partido Unionista Democrático (DUP) en Westminster, Nigel Dodds.

La líder del DUP, Arlene Foster, ha retuiteado: “La política es el arte de lo posible pero también la ciencia de que sumen los votos”. Advertencia dirigida directamente a May, a quien no le salen las cuentas.

Sin embargo, el mundo de las finanzas ha dado un espaldarazo a los esfuerzos de May por negociar una salida con Bruselas, según avanza Channel 4. En su último informe el FMI asegura que la economía británica crecerá a mejor ritmo que ahora, pero que podría sufrir los efectos negativos de una salida brusca durante más de una década.

También los conservadores escoceses recelan de que los derechos pesqueros en el futuro favorezcan a la UE. Han anunciado que su voto dependerá de cómo se contemple la cuestión pesquera.

En Bruselas, los embajadores de los Veintisiete celebraron un encuentro sobre los últimos acontecimientos vividos en Londres. Tenían previsto que la agenda versara sobre las opciones de un Brexit sin acuerdo, pero se centraron en la última opción que hay sobre la mesa. Al terminar la reunión de Londres con la luz verde del gabinete de May, el negociador de la UE, Michel Barnier, saldrá a saludar este paso tan importante.

Uno de los analistas españoles que mejor conoce el Brexit, el investigador del Real Instituto Elcano Ignacio Molina, escribía en su Twitter: “Ironías de la vida: los británicos que votaron salir de la UE porque no querían búlgaros o rumanos en su país ahora tendrán que acatar las líneas del Mercado Único y la Unión Aduanera decididas por rumanos y búlgaros, entre otros, y sin que los británicos tengan voz ni voto”.

Una vez superado el primer escollo del gabinete de May, serán los jefes de gobierno y de Estado de la UE los que se pronuncien en una cumbre extraordinaria del 25 de noviembre. Hacia el 10 de diciembre será la gran cita en el Parlamento británico. May ni siquiera cuenta con todos los miembros de su partido para sacar adelante el texto. Tampoco con los unionistas, y la oposición laborista no parece dispuesta a salvar a la premier. En caso de convocarse elecciones, tienen la oportunidad de tocar poder.

Si May demuestra que tiene tantas vidas como un gato en política, y supera la votación en Westminster antes de las Navidades, serán los parlamentos nacionales de los 27 los que se pronuncien. El 29 de marzo se daría paso al periodo de transición. Parece que la fecha no llegará nunca.

Brexit es todo menos Brexit. Es división, es caos, es la historia interminable de un divorcio imprevisible.