La primera ministra británica, Theresa May.

La primera ministra británica, Theresa May. EFE

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Semana decisiva para una May atrincherada

Política CRISIS DEL BREXIT

Semana decisiva para una May atrincherada

Cinco ministros piden a la premier que renegocie el principio de acuerdo del Brexit, al menos una veintena de diputados conservadores reclama una moción de confianza y la oposición demanda elecciones, con los sondeos a favor

Después de unas jornadas de pesadilla, la primera ministra británica encara una semana decisiva para su supervivencia. Theresa May está dispuesta a luchar hasta el final por el principio de acuerdo sobre la salida de la UE pactado con Bruselas. «Es en interés del país. No lo hago por interés partidario, ni por mi propio interés político», ha declarado.

En una entrevista este domingo en Sky News, May ha insistido en esta idea. «No se trata de mí, sino de lo mejor para el país. Cambiar el liderazgo no haría la negociación más fácil, sino que aumentaría la incertidumbre y retrasaría la salida. La gente quiere que salgamos el 29 de marzo de 2019».

Cambiar el liderazgo no haría la negociación más fácil, sino que aumentaría la incertidumbre y retrasaría la salida»

«Nada me distrae del objetivo final. La política es dura. He vivido buenos y malos tiempos. Estamos aquí por la gente de este país. Es lo que me motiva y me hace seguir en las negociaciones», añadió May a la periodista Sophie Ridge. «Lo que me hace seguir es que tenemos el deber como gobierno y como Parlamento de escuchar a la gente. Es lo que la gente ha votado. Es fundamental que lo hagamos. Lo que importa es que implementemos el Brexit. No quiero que se pare ni que se retrase».

May encara un triple frente. Dentro de su gobierno, el llamado grupo de los cinco ha decidido quedarse para lograr que May introduzca cambios en el controvertido texto con el que se orquestará el Brexit. Algunos medios, como el Daily Telegraph, lo plantean como un ultimátum de estos brexiters a May. Otros, como The Guardian, lo presentan como una forma de lanzarle un salvavidas.

Grupo de los cinco ‘brexiters’

Encabeza este grupo Michael Gove, ministro del Medio Ambiente, a quien May habría ofrecido ser titular del Brexit. Finalmente, se encargará de la cartera más explosiva del Gobierno británico Stephen Barclay, ex director del Barclays Bank. Tiene buenas conexiones con la City pero carece de perfil político. Apostó por el Leave, pero será leal a May, quien le ha catapultado sin ser apenas conocido.

Junto a Gove, forman parte de este grupo de ministros brexiters Liam Fox (Comercio Internacional), Penny Mordaunt (Cooperación Internacional), Chris Grayling (Transportes) y Andrea Leadsom (portavoz en los Comunes). Lo que más les preocupa es lo que concierne a la salvaguarda (backstop) irlandesa. Van a presionar esta semana para conseguirlo. Según Leadsom, «hay mucho por hacer para cumplir con el mandato de 17,4 millones de británicos».

Según esta garantía defendida por Irlanda para evitar una frontera dura con Irlanda del Norte, todo el Reino Unido permanecería en la Unión Aduanera un tiempo no definido una vez que empiece el periodo transitorio, el 30 de marzo de 2019. Londres no podrá decidir unilateralmente dejar este marco arancelario.

A los brexiters les parece una forma de seguir sometidos a las normas comunitarias sin tener voz ni voto. Pero no se ha encontrado otra fórmula de momento para que no se implante una frontera entre las dos Irlandas.

La República de Irlanda es miembro de la Unión Europea mientras que Irlanda del Norte, que forma parte del Reino Unido y votó contra la salida, dejará la UE el 29 de marzo de 2019. El galimatías es aún más complicado porque apoyan al gobierno de May 10 diputados unionistas, que están en contra de que Irlanda del Norte tenga un trato distinto que el resto del Reino Unido.

“Nadie ha presentado alternativas viables que den solución a la cuestión irlandesa y cumplan con lo que votaron los británicos”, se defiende May. En una entrevista con el Daily Mail, May subrayó: “Hay quienes dicen que podemos adoptar el modelo de Canadá o de Noruega, sin la salvaguarda… pero es que hemos de contemplar la salvaguarda”.

El domingo, en Sky News, insistió en que «esta salvaguarda se introduce como garantía pero que la idea es no tener que aplicarla y que en todo caso sería temporal». Asimismo ha subrayado que el borrador no es el acuerdo final, porque «nada está acordado hasta que todo está acordado». May ha asegurado que los equipos negociadores siguen trabajando y que irá a Bruselas a continuar avanzando hasta que haya un texto definitivo tras la cumbre del 25 de noviembre.

Presión para renegociar

Esta semana se reunirá este grupo de ministros con May para intentar que vaya a Bruselas a introducir modificaciones sustanciales a lo previamente acordado por los técnicos. Estos ministros están convencidos de que si May acepta renegociar lo que concierne a la salvaguarda evitará la moción de confianza que se está gestando en su partido y tendrá posibilidades de ganar el voto en el Parlamento, a partir del 10 de diciembre.

El problema es que May no ve que haya margen de maniobra. Y Bruselas ha advertido de que prefiere que este texto salga adelante, pero si no es posible, habrá que prepararse para una salida sin acuerdo.

Desde que se reveló el principio de acuerdo entre la UE y Reino Unido, May ha tenido que emplearse a fondo para conseguir un primer visto bueno de su gobierno el miércoles. Había disensiones que May quiso pasar por alto en su declaración esa noche. Habló de un «apoyo colectivo» a la propuesta, pero pronto se supo que hubo notables discrepancias.

A primera hora del jueves se conocieron porque dimitieron hasta siete miembros del Gobierno, dos de ellos ministros. La renuncia más relevante fue la de Dominic Raab, ministro del Brexit. Raab dejaba el puesto apenas cuatro meses después de que lo hiciera su antecesor David Davis. Ha sido muy crítico con May, a quien acusa de haberse «rendido al chantaje de la UE», aunque ha reconocido que si se pone en cuestión su liderazgo hay riesgo de división en el partido.

A su vez su Gobierno se tambalea y puede caer si los unionistas dejan de prestarle su apoyo. Tras las elecciones de junio de 2017, los conservadores gobiernan gracias al apoyo de los 10 diputados del grupo que lidera Arlane Foster.

May se sometió a las preguntas de los parlamentarios el miércoles y volvió el jueves, una vez lograda esa luz verde con dimisiones. En el debate el tono fue agrio y desde su partido le llovieron críticas feroces por aceptar un principio de acuerdo que contradice lo que ella misma defiende y pone en peligro la integridad del Reino Unido. Se lo dijo el diputado Jacob Rees-Mogg, quien le pidió razones para no escribir una carta al comité 1922 pidiendo una moción de confianza. May no le convenció.

Moción de confianza en ciernes

En el segundo frente que encara la primera ministra está su partido, donde más de una veintena de diputados ha secundado a Rees-Mogg y ha escrito al presidente del Comité 1922, Sir Graham Brady, para que se proceda a una votación entre los conservadores sobre su liderazgo.

Si a Brady le llegan 48 cartas de diputados tories, ha de convocar la moción de confianza. Representan el 15% del número total de miembros del Partido Conservador en los Comunes. No hay un plazo para llegar a este número pero esta semana será critica para saber si la ira de Rees-Mogg es compartida por suficientes parlamentarios conservadores. May dijo en Sky News: «Hasta dónde yo sé Sir Graham Brady no ha recibido las 48 cartas».

Para seguir adelante May necesitaría que 159, la mitad más una de los 316 diputados tories, le den su respaldo. Ganaría así 12 meses de paz en el partido. Si perdiera, dejaría de ser primera ministra al haber perdido la confianza de su partido. Dado que apenas quedan cuatro meses para que el Reino Unido deje la UE, el Partido Conservador debería elegir a su nuevo líder con rapidez.

Hay varios nombres que aspiran a la sucesión, desde el propio Jacob Rees-Mogg, hasta el ex ministro de Exteriores Boris Johnson, o el recién dimitido Dominic Raab. Entre las mujeres destaca Esther McVeigh, que dimitió el jueves como ministra de Trabajo y Pensiones.

Los laboristas, por elecciones

El tercer frente lo libra May con la oposición, sobre todo con los laboristas, liderados por Jeremy Corbyn. El líder laborista, que quiere que todo este caos derive en la convocatoria de elecciones, anunció el jueves en el Parlamento que su grupo votaría contra el principio de acuerdo del Brexit. Las encuestas soplan a favor de Corbyn: según el último sondeo del domingo de The Observer, los laboristas aventajan por tres puntos a los conservadores (39%/36%).

Corbyn, también entrevistado por Sky News, descartó de momento la celebración de un segundo referéndum. «Es una opción de futuro, no es algo que manejemos como posibilidad ahora y habría que ver qué se pregunta». Más de 700.000 personas pidieron hace un par de semanas en Londres que los británicos vuelvan a votar sobre el Brexit.

Un 60% de los británicos prefiere el Brexit de May, aunque no les guste del todo, a que no haya ningún acuerdo», según una encuesta de YouGov

De acuerdo con la última encuesta de YouGov, al 42% de los británicos no les gusta el Brexit de May , y un 19% lo rechaa, pero un 39% no opina. Si bien es cierto que la mayoría, un 60%, prefiere este Brexit blando a que no haya acuerdo (40%). Sobre una segunda consulta crece el apoyo a volver a las urnas: 56% a favor y 44% en contra. Un 46% de los británicos coincide con May en que un cambio de liderazgo no implica que se mejoren las condiciones del Brexit.

Defendió que se convoquen elecciones porque, a su juicio, «este gobierno no controla el Parlamento. Podemos ir a elecciones si el gobierno dimite. El país necesita estabilidad y alguien que quiera reconducir las negociaciones. Este gobierno no ha negociado honestamente. Vamos a pagar mucho dinero para no controlar nada».

Los laboristas no cuentan con votos suficientes para plantear una moción de censura pero si hay disensiones en los tories pueden hacer imposible que el Parlamento apruebe el Brexit blando de May. A su juicio, perjudica gravemente los derechos de los trabajadores y pone en riesgo los negocios británicos por la incertidumbre que despierta el hecho de que no quede clara su relación comercial con la UE ni con el resto de los países, aunque esta cuestión corresponde al acuerdo sobre la relación futura, no sobre la salida.

En principio los jefes de Estado y de Gobierno tienen previsto celebrar una cumbre sobre el Brexit el 25 de noviembre. Todo pendiente de que sobreviva May a los embates desde su gobierno, su partido y la oposición. May ha insinuado que quizá habría que ampliar unos meses el periodo de transición, pero Bruselas mantiene que tendría que ser un año y que costaría a Londres otros 10.000 millones de libras, según The Guardian.

Habría que sumarlos a los 39.000 millones que cuesta ahora el divorcio. Rees-Mogg y los brexiters duros mantienen que no hay obligación legal de pagar esta factura. Sería más tiempo durante el cual el Reino Unido seguiría en la Unión Aduanera sin voz ni voto en Bruselas.

May llegó al poder de forma imprevista tras la dimisión de David Cameron, motivada por su fracaso en la gestión del referéndum del Brexit del 23 de junio de 2016. Convocó elecciones de forma anticipada un año después, en junio de 2017, y su victoria pírrica parecía el principio de su fin.

Ha demostrado una resiliencia excepcional. Heather Stewart, jefa de política en The Guardian, se pregunta:«May the force be with her? (¿Le acompañará la fuerza?, en un juego de palabras con el apellido de la premier, May, y la conocida frase de la Guerra de las Galaxias)” . Subraya la periodista cómo “su resistencia política está lejos de cualquier estándar”.

Quienes han trabajado con ella dicen que mejora exponencialmente cuando afronta las adversidades. No hay duda de que estamos viendo a la mejor May. Una May atrincherada y convencida de su misión. Para sobrevivir necesitará una fuerza galáctica.