En las elecciones andaluzas del 2 de diciembre todas las miradas están puestas en quién va a quedar el segundo, va a ser lo más parecido a ganar. Aunque la más votada, de confirmarse las encuestas, volverá a ser la presidenta Susana Díaz, Ciudadanos es el único partido que aspira a crecer. La cuestión es cuánto.

El PSOE aparece en Andalucía por delante en todas las encuestas con entre el 30,5 y el 37%. Si Susana Díaz bajara del 35% sería el resultado más bajo de la historia socialista en Andalucía desde el 82. Y en medio de estas cábalas, Cs es el único partido que cosecha buenas noticias y avanza de media en los sondeos unos 10 puntos, que es lo que retrocede el PP. La clave va a estar en si se da o no el sorpasso y, de lograrlo, cómo afectaría a la estrategia del partido de Albert Rivera a nivel nacional.

De lo que suceda el próximo domingo dependerá en gran parte si partido de Albert Rivera continúa lo que cada vez más analistas coinciden en denominar como ‘derechización’ o si Ciudadanos optará por reubicarse como alternativa de centro que también vuelva a atraer a votantes descontentos del PSOE que nunca votarían al PP.

Desde Ciudadanos defienden que el partido no ha cambiado su orientación, sino que desde que Pedro Sánchez ha llegado a  La Moncloa con el apoyo de los independentistas han cambiado las prioridades y les ha obligado a poner en el centro la unidad nacional. Otras voces descontentas dentro el partido dejan entrever una fisura y reconocen en privado que les incomoda que Ciudadanos esté centrándose únicamente en el discurso de la unidad de España, así como en las medidas liberales económicas.

Medidas en el cajón

La nueva estrategia de Rivera, exacerbada desde que empezó la cuenta atrás para la cita andaluza, se ha centrado en arrebatarle votos al PP y dejar de lado otras cuestiones que, según reconocen ex militantes socialistas que pasaron a  militar en el partido naranja, «son parte de su seña de identidad y nos convertían en un partido de centro, e incluso centro izquierda, en lo relativo a los derechos sociales». Las mismas fuentes lamentan que «Ciudadanos le esté regalando el centro al partido socialista».

¿Por qué durante la campaña andaluza han estado prácticamente ausentes del debate cuestiones como la gestación subrogada, los derechos LGTBI, el aborto y la eutanasia? «En Andalucía, salvando el voto joven, el porcentaje de votos que obtiene Cs se resta del bloque conservador del PP», afirma Juan Montabes, catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Granada e investigador en el Centro de Análisis y Documentación Política y electoral de Andalucía (CADPEA). «Los temas que pueden suponer una factura entre los votantes de derechas quizás no les salen rentables».

«Estas cuestiones de derechos sociales no le suman en esta campaña andaluza», coincide Pepe Fernández Albertos, investigador politólogo del CSIC. «Con la crisis catalana, Cs ha recibido un aluvión de votantes del PP, sobre todo en Andalucía. Y ese tipo de votante es menos permeable a las propuestas liberales en lo social que defiende Ciudadanos».

A diferencia de otras partes de España, el PP en Andalucía tiene éxito en zonas urbanas (en el resto de España los partidos tradicionales del bipartidismo son más fuertes en zonas rurales). «Y en estas elecciones esto les afecta especialmente a los intereses de Cs porque en Andalucía Cs bebe sobre todo del PP», confirma Montabes. Eso hace más rentable en términos electorales centrarse en el votante conservador.

“El electorado más urbano y de clases medias ilustradas entre aquellos municipios con más de 100.000 habitantes han desertado del partido socialista desde los 2008 en adelante”, explica el politólogo Pablo Simón, profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de El Príncipe Moderno (Ed. Debate). “Los datos muestran que el partido socialista de Susana Díaz en Andalucía es un partido más rural que el de Griñán o el de Chaves. Básicamente porque la emergencia de nuevos partidos segmentan a la izquierda y se van sobre todo a nuevos partidos: Podemos y Cs”.

¿Adiós al centro?

¿Está renunciando Ciudadanos definitivamente a ser un partido de centro para tratar de convertirse en el partido hegemónico de la derecha? «Hay cierta defensa de los derechos civiles que todavía violentan a cierto electorado de derechas», apunta Fernández Albertos. «Fue parte de su éxito de Ciudadanos para penetrar en capas de votantes jóvenes y urbanos. Pero ahora que empieza a fidelizar este voto, que en parte venía del PSOE pero también de descontentos con el bipartidismo en general,  están ampliando horizontes. Y su causa ya no es atraer a los jóvenes. La competición, y para el 2 de diciembre es clarísimo, es cómo consolida su poder en el centro derecha, para cuyos votantes debatir la gestación subrogada o los derechos de la mujer no son tan atractivos».

Mientras Teresa Rodríguez, la candidata de Adelante Andalucía (nueva marca de Podemos), trata de esquivar el tema de la unidad territorial, porque la posición nacional de Podemos le perjudica en Andalucía, el candidato de Ciudadanos, Juan Marín, lo saca a relucir siempre que puede.

Ciudadanos mantiene escondido en la campaña andaluza precisamente las cuestiones que puedan ofender al voto conservador. «En la campaña andaluza, Ciudadanos quiere aglutinar descontentos. Y evita centrarse en lo que les diferencia del PP que les ubiquen en un espacio que no le permita llegar a una derecha tradicional», afirma Simón.

La estrategia daría sus frutos si el 2 de diciembre Marín desbanca a Moreno Bonilla o, mejor dicho, si Rivera desplaza a Casado, porque ambos líderes nacionales han aglutinado todo el protagonismo en la campaña andaluza.

De lograr el sorpasso, daría la razón a los que se sienten más cómodos en la nueva estrategia de suplantar al PP como principal opositor al Gobierno consolidar. Pero puede agudizar las tensiones dentro del partido naranja entre quienes se sentían más cómodos en la función de partido bisagra que intermedia entre PP y PSOE, que se va diluyendo desde la marcha de Mariano Rajoy del poder. 

«Presentarte como un partido de centro progresista de izquierdas que quiere corregir desigualdades retiene menos recorrido desde que el Gobierno lo ocupa un presidente socialista», afirma Albertos. «Y Ciudadanos ya no tiene la capacidad que tenía de atraer votantes de PSOE».

Si abandona la búsqueda del centro como referencia, el partido de Rivera perderá algo de apoyo de aquel votante joven urbano acomodado y liberal. Pero puede salirle rentable en términos electorales centrarse exclusivamente en el voto del centro derecha. 

«En entornos de polarización es normal que no se sostenga en el tiempo la búsqueda del centro», dice Fernández Albertos. También le pasó a Podemos cuando hasta hace un par de años, qué lejos queda ya Vistalegre II, decía que no era ni de derechas ni de izquierdas. «Una vez que tus adversarios políticos te obligan a posicionarte, los partidos van encajando en su sitio natural», añade el politólogo del CSIC.

“Si algo ha aprendido Cs últimamente es que en diferentes comunidades autónomas hay temas que es mejor no tratar”, afirma Carlos Barrera, director del Máster en Comunicación Política de la UNAV. “También le ha pasado a Ciudadanos con los fueros en Navarra. Sacó cero escaños en las últimas elecciones porque estaba contra los fueros. Eso en Navarra ya lo ha ido modulando y ha dejado de ser una línea roja, ha cambiado el discurso. Ahora las encuestas le dan entrada al Parlamento foral”.

Para Barrera, modular el discurso es síntoma de madurez política. «Cs es un partido pragmático», opina el catedrático. «Igual que Podemos lleva cuatro años instalado en el mapa político español y tienen que jugar con las realidades del sistema, modular sus discursos y jugar con la ambigüedad para ganar más votos. El pragmatismo es signo de la maduración de los partidos emergentes. Si eres inflexible estás condenado a la marginalidad. Todo partido que aspire al poder tiene que hacer concesiones a sus planteamientos originales».

Cuando pasen las elecciones andaluzas Cs tendrá que abordar el dilema que divide a parte de su militancia. Si logra el sorpasso al PP, algo que a una semana de las elecciones a juzgar por las encuestas no parece sencillo,  tendrá que preguntarse si quiere seguir aspirando a convertirse en el partido hegemónico de la derecha pareciéndose al PP o marcando la diferencia con un discurso más progresista en lo relativo a los derechos civiles. 

Sin embargo, cada vez hay menos indicios de que Ciudadanos vaya a cambiar discurso después del 2 de diciembre: «De cara a las próximas elecciones de mayo lo que les interesa es polarizarse contra el Gobierno», dice Simón. «Hacerse visible como el partido más opuesto al PSOE juega a su ventaja porque no tiene escándalos de corrupción a diferencia del PP. Es más fácil para Rivera crecer a costa de polarización».

El gran cambio en el sistema de partidos empezó curiosamente en las anteriores elecciones andaluzas de 2015. Entonces quedó claro que el bipartidismo estaba en declive. Tres años después los nuevos partidos, con Cs esta vez como protagonista, vuelven a tener su prueba de fuego en el mismo terreno de juego. Está claro que han venido para quedarse. La cuestión es dónde.