«En nombre de Unidos Podemos: alerta antifascista». El pasado domingo 2 de diciembre, Pablo Iglesias afrontaba así los malos resultados obtenidos en las elecciones andaluzas. En una comparecencia en la sede de Podemos en Madrid pasadas las once de la noche, el secretario general del partido llamó a todos los colectivos a «movilizarse» contra Vox, que irrumpió por primera vez en las instituciones con 12 escaños en el Parlamento andaluz. Poco después de haberse pronunciado, y ante la polémica generada por sus palabras dentro y fuera del partido, el líder de Podemos reconoció el error del llamamiento y desterró al olvido la consigna de «alerta antifascista». Ninguno de los miembros del partido ha vuelto a utilizarla desde esa misma noche.

«Alerta antifascista. Quiero hacer un llamamiento al movimiento feminista, organizaciones de trabajadores, plataformas de afectados por hipoteca, al movimiento estudiantil, al colectivo LGTBI, a organizaciones de pensionistas: toca movilizarse para defender las libertades, la justicia social y la fraternidad y en última instancia la democracia. Lo vamos a decir muy claro», proclamó Iglesias, que calificó al partido de Santiago Abascal como una «fuerza de extrema derecha, postfranquista sin complejos, neoliberal, y machista, que va contra las mujeres».

Este llamamiento fue cuestionado poco después entre las filas de su propio partido. Desde Sevilla la candidata de Adelante Andalucía, Teresa Rodríguez, evitó sumarse a estas palabras y rebajó las proclamas a su intención de «hacerle frente a la extrema derecha». Poco después de terminar su comparecencia y después de recibir las primeras críticas, Iglesias hizo autocrítica y reconoció a su entorno más cercano el error de haber empleado unas expresiones que otorgaban todo el protagonismo político a Vox, contribuían a polarizar aún más el escenario y que podrían interpretarse como una llamada a la movilización violenta.

Ésta última es la interpretación que hizo el líder de Vox, que en la resaca electoral advirtió que responsabilizaría a Iglesias de «toda la violencia» que pudiera producirse contra su partido. «“Quiero decirle a Pablo Iglesias que le haremos responsable de todos los ataques, de toda la violencia que se haga contra esta fuerza política. No tendremos ninguna duda en señalarles”, señaló Abascal. «Pablo Iglesias es responsable directo de atizar el odio y las manifestaciones ilegales para intentar alterar el veredicto de las urnas», advertía el dirigente en Twitter.

En los días posteriores a la proclama de Iglesias se produjeron movilizaciones contra Vox convocadas por distintos colectivos en las principales provincias andaluzas. Algunas de estas concentraciones terminaron con detenidos después de que se produjeran quemas de contenedores, lanzamientos de objetos a la Policía, cortes de tráfico y se lanzaran bengalas. En Cádiz estos hechos obligaron a la intervención de las unidades antidisturbios de la Policía Nacional.

Pero las de Abascal no fueron las únicas críticas que recibió la consigna de alerta antifascista. Desde sus propias filas, algunas voces cuestionaron la contraposición entre Podemos y Vox y se opusieron a otorgarle tanto protagonismo en el discurso. » Colocarles en el centro les permite centrar la agenda y los temas. Elevarles a monstruos les victimiza», sostenía un miembro de la dirección. Otro de los puntos más cuestionados consistió dirigirse únicamente al sector «antifascista» de la población, en una manera de encerrarse en los lugares habituales de la izquierda tradicional.

El diputado catalán Raimundo Viejo también hizo un llamamiento a través de las redes en el que pedía abandonar los discursos de bloques y las contraposiciones entre fascistas y antifascistas. «En Andalucía no hay 400.000 fascistas. La inflación discursiva solo agranda la derrota. Sabemos ganar. Lo hicimos. Podemos volver a hacerlo. Pero para ello hay que volver a entender que no va de izquierda y derecha, de fascistas y antifascistas, sino de la oligarquía y el pueblo», advertía en las redes.

Miguel Álvarez-Peralta, profesor de Periodismo en la Universidad de Castilla-La Mancha vinculado a Podemos en sus inicios, lamentó la expresión del líder del partido. «Adelante Andalucía pierde 284.000 votos respecto a Podemos + IU por separado. Esto exige reflexión profunda. Si no la hacen ellos se la harán otros. El mensaje desde Madrid, «alerta antifascista, no tenemos miedo», sirve para quedar a gusto, no para recuperar su proyecto original».

Iñigo Errejón, actual candidato de Podemos en la Comunidad de Madrid y ex número dos de Iglesias, se desmarcó de esta proclama unos días después, en un desayuno de Vanity Fair. «VOX es un síntoma pero no es el mal.No hay 400.000 andaluces fascistas. Y por tanto, hay que escuchar, hay que tener humildad», defendió el diputado, que señaló que en los orígenes de Podemos «era difícil que salieran fuerzas reaccionarias porque había un alternativa contra los problemas y la corrupción y mirar hacia adelante». En este sentido, Errejón llamó a una reflexión en Podemos y a demostrar su «utilidad» frente a los llamamientos discursivos: «Lo importante es si los españoles te perciben como una fuerza política útil. Cuando no te perciben, no hay que regañarles, hay que hacer autocrítica». Una autocrítica que Iglesias ha aplicado de puertas para adentro.