// TODO: Revisar qué hace the_post_thumbnail_creditos Un taxi con una bandera del Reino Unido pasa delante de una ventana con una bandera de la UE.

Un taxi con una bandera del Reino Unido pasa delante de una ventana con una bandera de la UE. EFE

PolíticaCRISIS DEL BREXIT

Reino Unido, quo vadis?

Escenarios para el Brexit a 100 días de la salida británica de la Unión Europea

El reloj del Brexit avanza imparable hacia el 29 de marzo de 2019. “Necesitamos iluminación divina”. Así veía el panorama el primer ministro portugués, António Costa, antes de la última cumbre extraordinaria del año sobre el Brexit. Acudía a los Veintisiete, en demanda de rescate, una Theresa May cada vez más atrapada en la trampa que tendieron los ultranacionalistas al Partido Conservador con el referéndum de 2016. Entonces 650.000 votos decantaron el resultado. Ahora son los británicos los que buscan la llave para salir del laberinto.

“Nuestros amigos británicos han de decirnos qué quieren en lugar de preguntarnos qué queremos nosotros”, dijo el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker a May. “Nos presentan un debate impreciso y nebuloso”, añadió Juncker.  La imagen del tenso encontronazo entre May y Juncker dejaba claro que a May no le gusta que le acusen de estar en las nubes.

Ni iluminación divina,  ni regalos navideños,  ni milagros. May regresó a Londres el viernes con el Acuerdo del Brexit que ya tenía, con la aclaración de que nadie quiere que entre en vigor la salvaguarda para evitar la frontera interirlandesa. Poco que ofrecer a los partidarios de un Brexit duro o un Brexit a las bravas en el Parlamento.

Desde que asumió como primera ministra británica, tras la dimisión de David Cameron por la victoria del sí en el Brexit, May parece cargar con una roca como Sísifo y una y otra vez sube la montaña y vuelve a bajarla. A una semana horrible le sucede otra peor. El tiempo pasa, May sobrevive a duras penas, pero su partido está dividido, el Parlamento también, y lo que es peor, el Reino Unido sufre la mayor fragmentación que se recuerda.

Esta semana que ahora termina debería haberse votado el Acuerdo de Salida en el Parlamento. El martes 11 era la fecha prevista, pero la víspera  May cambió los planes. Sabía que perdería de forma abrumadora y al recuperar los Comunes el control del proceso no habría forma de votar de nuevo enmiendas. Tendría que haber dimitido. Superó el match ball  retrasando el partido.

Sin embargo, no pudo evitar la moción de censura de sus propios compañeros de filas. Ofreció a los tories que no lideraría al Partido Conservador en las próximas elecciones de 2022 y consiguió superar otra bola de partido. Sus detractores fueron muchos más que los 48 necesarios para promover la moción. Hasta 117 diputados conservadores votaron contra May, un 37% del grupo parlamentario.

Aún así, con el partido dividido y el Parlamento airado por no saber cuándo se vota el Acuerdo, y los Veintisiete afianzados al Acuerdo, May sigue delante de momento. Las casas de apuestas, tan británicas, no creen que sobreviva a 2019. Quizá no llegue si los laboristas lanzan un órdago y se unen euroescépticos de todo pelaje. May lleva sentenciada desde que convocó las elecciones de forma anticipada en junio de 2017 y los conservadores se quedaron a diez escaños de la mayoría, dependientes de los unionistas norirlandeses.

Y ahora, ¿qué pasará? ¿Cuándo se votará en los Comunes? ¿Habrá moción de censura de los laboristas? ¿Es la única alternativa el Acuerdo actual al no deal, es decir, una salida a las bravas? ¿Es el segundo referéndum una posibilidad real más allá del deseo de los proeuropeos? ¿Activará el Gobierno británico el freno al artículo 50 y se quedará en la Unión Europea?

La única certeza que tenemos es que la Cámara de los Comunes tendrá un protagonismo efectivo en las decisiones sobre el Brexit”, dice Carlos Campillos

“La única certeza que tenemos es que la Cámara de los Comunes tendrá un protagonismo efectivo en las decisiones que se tomen sobre Brexit a partir de ahora y que, pase lo que pase, el reloj sigue corriendo y el 29 de marzo de 2019 está cada vez más cerca”, señala Carlos Campillos, experto en Relaciones Internacionales y cofundador de Con Copia a Europa.

La incertidumbre es tal que lo que parecía una utopía, como el segundo referéndum, ahora es la salida a la que apela el ex primer ministro laborista Tony Blair, el escritor Timothy Garton Ash o el editorial de The Economist, titulado La mejor manera de salir del lío del Brexit.

Las portadas con aviones en caída libre o acantilados con trenes descarrilando hablan a gritos de los riesgos de una salida sin acuerdo, el escenario más apocalíptico. Prever lo que pasará es política ficción, pero a día de hoy se manejan diversos escenarios.

Votar ahora o en 2019

La primera ministra británica no ha puesto fecha a la votación del Acuerdo en los Comunes, pero tendría que ser antes del 21 de enero para que se cumplan los plazos. Tras el rechazo de Bruselas a renegociar el Acuerdo, May y su equipo tienen que buscar soluciones imaginativas. La ministra de Trabajo y Pensiones, Amber Rudd, demanda este fin de semana en las páginas del Daily Mail que parlamentarios de todas las formaciones busquen un consenso. “Hay riesgo de que el Brexit se quede estancado”, señala Rudd. Es una señal a los laboristas moderados para evitar una salida caótica.

Mientras tanto, los laboristas liderados por Jeremy Corbyn, y los euroescépticos tories presionan para votar la próxima semana. Están intentando que no haya receso navideño. May cuenta con aplazar el examen en los Comunes hasta pasado el 7 de enero. Ganar tiempo vuelve a ser su objetivo.

En teoría, May contaría con los 200 tories que la respaldaron en la moción de confianza. Incluso alguno más, a los que se sumarían una decena de laboristas. De acuerdo con las cuentas que realiza John Rentoul, jefe de política de The Independent, en total serían unos 214. Los que rechazan el plan categóricamente, aunque ello suponga una salida sin acuerdo, serían unos 120.

Los defensores del statu quo, remainers, que  apostarían por un segundo referéndum serían, de acuerdo con este recuento, 305. Es decir, hoy por hoy May tendría las de perder, pero podría convencer a parte de los que apuestan por el referéndum de que apoyen su vía para evitar el abismo. Esa llamada al consenso de Rudd tiene ese fin. Es lo que Rentoul llama el Brexit trilema.

 

“May va a luchar por su Acuerdo hasta el final y va a intentar sacarlo adelante. Tiene una oportunidad. Si consigue que se apruebe, entra en vigor el periodo transitorio y podrán negociarse las relaciones futuras. Pero tendría que atraer a muchos de los remainers”, señala Belén Becerril, profesora de Derecho de la Unión Europea y y subdirectora del Instituto de Estudios Europeos en la Universidad San Pablo CEU.

Para ganar esta partida, puede que intente agregar al Acuerdo ya pactado lo que se denomina opción Noruega plus, con el fin de garantizar que el Reino Unido está en el mercado único pero sin aceptar la jurisdicción de la Corte Europea de Justicia. Formar parte del Espacio Económico Europeo supone aceptar la libertad de movimiento podría invocar el artículo 112 y suspenderlo temporalmente. Es la tesis que maneja el diputado Nicholas Boles, abanderado de la campaña Noruega por Ahora.

También podría poner sobre la mesa lo que hasta ahora para ella ha sido anatema: un segundo referéndum. O apoyáis este Acuerdo o pedimos al pueblo que hable, dado que el Parlamento está bloqueado. Pero si todo se precipita y los Comunes votan la semana que viene saldrá derrotada. O bien dimite y deja paso a un nuevo líder conservador, algo a lo que hasta ahora se ha resistido, o abre la vía a nuevas elecciones. Si los laboristas hacen cuentan y ven que tienen posibilidades, también pueden plantear la moción de censura antes de Navidad.

Elecciones anticipadas

Como dijo May en el Parlamento, el riesgo de que los laboristas recuperen el poder está ahí. “Hay algo peor que la salida de la UE y es que los laboristas nos gobiernen”. O bien podría repetirse el actual bloqueo tras el resultado, con un reparto de escaños similar, y se retrasaría la entrada en vigor del Brexit. Reino Unido tendría que pedir un aplazamiento a Bruselas.

Los laboristas están intentando forzar una moción de censura a May. Están haciendo números, pero tendrían que contar con el apoyo de los conservadores brexiters duros, los unionistas, y los nacionalistas escoceses, para que la moción saliera adelante. Sobre el Brexit, los laboristas están tanto o más divididos que los conservadores. Tampoco tienen un plan alternativo viable.

Sería suicida que para derrotar a May y hacer que fracase su Acuerdo del Brexit facilitaran una victoria laborista. Pero todo lo que concierne al Brexit se mueve en el campo de las emociones,  no de la razón. Las encuestas, en una situación política tan volátil, son poco indicativas, y todo podría pasar en las urnas. Blair lo ha dicho claramente: “Si ningún Brexit tiene el apoyo del Parlamento, estamos en crisis. Reino Unido y Europa han de prepararse para un segundo referéndum”.  Sin embargo, Corbyn prefiere elecciones generales.

Asegura que podría negociar un acuerdo mejor. Sin embargo, los Veintisiete no parece que vayan a cambiar de posición aunque sea otro el interlocutor.

Salida sin acuerdo

El Parlamento británico está dividido en tres facciones, y la menos numerosa sería la partidaria de un Brexit sin acuerdo. Los “extremistas”, como los ha denominado el ministro de Economía, Philip Hammond, entre los que se encuentran Jacob Rees-Mogg o Boris Johnson.

Su mensaje a la población es que simplemente las relaciones comerciales serían otras y recuperarían el control de verdad, pero el caos sería tremendo, y afectaría a la economía europea, pero sobre todo a la británica.

El peor escenario posible sería la retirada sin acuerdo y podría tener lugar, aunque sus partidarios en el Parlamento no sean ahora mismo mayoría”, explica Belén Becerril

“El peor escenario posible sería la retirada sin acuerdo y podría tener lugar, aunque sus partidarios en el Parlamento no sean ahora mismo mayoría. Los remainers pueden preferir el riesgo de una retirada desordenada antes que apoyar el acuerdo, pues creen que es mucho peor que el statu quo. Muchos están dispuestos a asumir el riesgo, esperando forzar así un segundo referéndum y la revocación del artículo 50″, explica Belén Becerril.

Las consecuencias económicas en el Reino Unido de una salida sin acuerdo serían devastadoras. El Banco de Inglaterra ha advertido de que la crisis sería peor que la sufrida en 2008. Habría una reducción del PIB de un 8%, bajarían los precios de la vivienda hasta un 30% y la inflación se dispararía un 6,5. Los ciudadanos serán los que más sufran este desastre. El Parlamento británico y su Gobierno ha de ser consciente de lo que está en juego.

La inseguridad jurídica afectaría gravemente a las inversiones. “En caída libre”, titulaba The Economist, poco dado a exageraciones. Incluso se podría llegar hasta al no deal “por accidente”, si se deja correr el reloj sin hacer nada. Parece impensable en una democracia tan sólida como la británica. May podría jugar con esta baza y en el último minuto forzar concesiones de Bruselas por temor a que saliera perjudicada Irlanda. Sería un órdago peligroso.

El Tribunal de Justicia de la UE permite al Reino Unido echar el freno del Brexit unilateralmente, es decir suspender su salída y que todo se quede como estaba. Algunos defensores de la permanencia creen que si el Gobierno británico viera el riesgo de Brexit sin acuerdo activaría esta palanca. O pediría tiempo a la UE para llamar de nuevo al pueblo a votar.

Según Carlos Campillos, “la UE ha sido clara desde el principio, ha estado dispuesta a evitar un impacto económico y social ofreciendo varias soluciones (un modelo a la noruega, a la suiza, una unión aduanera…) y ha sido el Reino Unido quien ha ido descartando esas soluciones sin tener muy claro qué era lo que realmente quería. Lo único que la UE se ha limitado a decir es ‘si queréis volver, estamos dispuestos a acogeros’, y ahora el Tribunal de Justicia de la UE le ha dado incluso más instrumentos al Reino Unido para poder hacerlo”.

Becerril se se plantea qué sería lo mejor para la Unión Europea, que salga adelante el Acuerdo de May o que el Reino Unido se quede como hasta ahora. “La UE está siendo muy pragmática, muy realista, no se ha dejado llevar por el orgullo herido. Pero también es cierto que la permanencia de un Reino Unido con una opinión pública tan polarizada sería conflictiva. Por eso, algunos comienzan a señalar que para la integración europea lo mejor sería que el acuerdo firmado entrara en vigor… más tarde podrían volver a solicitar la adhesión”, explica la experta en Derecho de la UE.

Segundo referéndum: ¿Brexit de May o permanencia?

May podría amenazar a los rebeldes con la consulta para que los ciudadanos eligieran entre su acuerdo o el statu quo. Pero los brexiters duros se opondrían a que se planteara así, porque no estaría reflejada su opción de una salida a las bravas. Sería previsible una campaña tan feroz como la previa a la consulta del 23 de junio de 2016.

Campillos también argumenta que solo los liberaldemócratas han sido claros defensores del segundo referéndum. Pero es una opción que gana adeptos en la calle, gracias a campañas como People’s Vote and Best for Britain, y entre la opinión publicada. Esta semana han abogado por una nueva consulta The Economist, Financial Times, el ex primer ministro laborista Blair y el escritor Garton Ash, entre otros.

En un artículo del jueves 13 en The Guardian Timothy Garton Ash asegura “el mejor Brexit es que no haya Brexit”. El escritor británico invoca “a los amigos europeos” para que “nos digan que nos quedemos”. Garton Ash asume que un referéndum puede desembocar en otra victoria de los que quieren dejar la UE pero que incluso así es preferible ese riesgo.

Es ridículo sugerir que no sería democrático que una democracia parlamentaria volviera a consultar al pueblo”, escribe Timothy Garton Ash

“Es ridículo sugerir que no sería democrático que una democracia parlamentaria volviera a consultar al pueblo. El referéndum de 2016 fue el resultado de una campaña divisiva y basada en el odio. Hay que sopesar el riesgo a corto plazo contra los riesgos a largo plazo para el Reino Unido y para Europa. Un referéndum sería un dolor a corto plazo para salir ganando a largo plazo”. Y en el caso de derrota, según Garton Ash, “no estaríamos peor que ahora”.

Un experto en estas consultas como es Matt Qvotrup, autor de Government by Referendum, defiende que sería democrático y que no sería la primera vez que se realiza una doble consulta. En realidad, si se tiene en cuenta la participación, tan sólo el 37% apoyó en el Reino Unido la salida.

En Irlanda se repitió la consulta sobre el Tratado de Lisboa en 2009, un año después, y en Dinamarca sucedió con el Tratado de Maastricht en los 90. Para organizarlo, como sugiere Garton Ash, sí que se necesitaría una prórroga que facilitaran los Veintisiete.

El argumento a favor de una consulta cobra mayor peso aún si se considera que el germen de la Unión Europea fue un acuerdo comercial, “en el que hacían realidad una aspiración”. El objetivo era evitar más guerras.

Los británicos votaron un deseo pero obviaron la herramienta para conseguirlo”, escribe Elena Alfaro sobre el referéndum de 2016

Elena Alfaro expone esta tesis en Letras Libres en un artículo titulado La parábola del hijo pródigo. Un final para el Brexit. “El referéndum del Brexit siguió el proceso inverso: votaron un deseo pero obviaron la herramienta para conseguirlo. Parece que olvidaron que la mera expresión de un deseo no perfecciona el contrato. La realidad es que se pedía a los ciudadanos que se manifestaran sobre una compleja decisión societaria”.

De esta manera, los ciudadanos habrían votado por un deseo irrealizable, sin conocer las consecuencias de su sueño, y sin saber que lo que estaban haciendo era romper un contrato con las correspondientes consecuencias jurídicas, económicas, políticas y sociales. Como si un banquero nos pregunta si nos gustaría comprar una casa y nos hace firmar un contrato en el decimos “sí, quiero la casa”, sin saber que ese deseo supone que aceptamos las condiciones del préstamo.

La argumentación del contrato societario abre la vía a que pueda defenderse una consulta real porque la primera sería nula. Sería como una pesadilla de la que nos despertamos con el reloj en el 22 de junio de 2016. Cuando no se sabe hacia dónde ir suele ser mejor volver a casa. Un sueño recurrente para muchos europeos y británicos europeístas.

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