El gobierno ha cerrado el año político con un gatillazo en toda regla en Barcelona. Tras haber hecho un esfuerzo digno de mejor causa convirtiendo el Consejo de Ministros en una especie de cabalgata de reyes magos (subida del SMI a 900 euros, del salario de los funcionarios un 2,25%,… y otras medidas especialmente dedicadas a los anfitriones, como inversiones en carreteras, cambio de nombre del aeropuerto del Prat y ¡oh sorpresa! restitución de la dignidad del president Companys) el resultado ha sido frustrante. No sólo porque los CDR mantuvieron en vilo a la ciudad durante toda la mañana del viernes, sino porque la respuesta del Govern a la generosidad del ejecutivo fue fría y distante. «Para cambiar el nombre del Prat no hacía falta venir a Barcelona», dijo secamente la consejera de presidencia de la Generalitat, Elsa Artadi. Así que la pasión que ha puesto Pedro Sánchez por contentar al independentismo ha servido de poco. Imaginen la cara del esforzado amante tras el acto («¿Te ha gustado, cariño?»): «Para esto no hacía falta que vinieras».

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