El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha abierto la precampaña electoral este sábado en Sevilla, donde ha participado junto a Susana Díaz en la presentación de Juan Espadas como candidato a repetir alcaldía en la capital andaluza. «Quiero que sepa todo el mundo que estamos juntos y estamos unidos, lo estamos», ha lanzado el líder socialista para cerrar filas ante la carrera hacia el 28 de abril.

La cita no podía tener más morbo y el público respondió con cariños divididos. Mientras Verónica Pérez -la autoproclamada «máxima autoridad del PSOE» en el Comité Federal de 2016- introducía el acto, los militantes la interrumpían con gritos de «presidente, presidente», dirigidos a Sánchez. Un instante después, como una reacción, otro coro se arrancaba con el «Susana, Susana». Hace unos meses también la habrían llamado presidenta, pero ya no.

Sánchez y Susana han estado juntos, sonrientes y con mensaje compartido: evitar la abstención a toda costa

Sánchez elige Sevilla como primera etapa de su maratón electoral con ese contexto en la cabeza. El resultado electoral andaluz es el precedente más directo respecto a lo que puede suceder en España tras el 28 de abril. En los comicios del 2 de diciembre el electorado socialista se desmovilizó en niveles históricos y favoreció una abstención que propició la mayoría absoluta de Partido Popular, Ciudadanos y Vox, contra la que Sánchez y la expresidenta de la Junta han azuzado el discurso del miedo tras poco más de un mes de gobierno en Andalucía.

«Si nosotros no vamos, ellos volverán», arrancó su intervención Susana Díaz, que azuzó el temor a la abstención en las generales para evitar el escenario andaluz: «Tres derechas, dos gobiernos y un guirigay». Habló de la España en blanco y negro, de maletas de cartón, de pueblos vaciados para mayor gloria de la burbuja turística, del aborto, de las cunetas, de «la verdad» histórica como antónimo de la concordia.

Como tratamiento, Díaz recetó «mucha unidad», como la que le ha prometido en las últimas horas a Sánchez en las próximas campañas electorales. Durante el acto le llamó «Pedro», «compañero» y «amigo». Hasta el 26 de mayo su futuro está asegurado, después será el resultado de las urnas quien de o quite legitimidad a Ferraz para propiciar un cambio en el PSOE andaluz.

Los Presupuestos como bandera

Sánchez también aceptó la tregua. Tras dar las gracias a Susana Díaz por su «compromiso» con Andalucía y con el PSOE andaluz, lanzó el mensaje de unidad: «Quiero que sepa todo el mundo que estamos juntos y estamos unidos, lo estamos». El presidente del Gobierno confió en que las urnas «den la espalda a la crispación» y criticó el «cordón sanitario» que en su opinión le plantean PP y Ciudadanos: «Quieren una sola España en la que sólo caben ellos».

El dirigente del PSOE ha reivindicado su acción de gobierno y ha insistido en la idea de que su primera medida si repite como presidente será aprobar los Presupuestos rechazados esta semana en el Congreso y cuya caída precipitó el adelanto electoral. Durante el acto se subrayó varias veces en el mensaje de la ‘pinza’ entre la derecha y los independentistas para tumbarlos.

«Que se lleven la vergüenza de que los parados de larga duración de más de 50 años no puedan contar con subsidio por su ‘no’ a los Presupuestos», ha dicho Sánchez, que se ha confesado «testarudo» y ha prometido que el subsidio se aprobará antes de las elecciones aunque sigan en vigor los Presupuestos prorrogados del último gobierno de Mariano Rajoy. Lo mismo ha prometido respecto a las cotizaciones a la Seguridad Social de las cuidadoras de personas dependientes. Sobre Cataluña, el presidente del Gobierno ha pasado muy de puntillas y apenas ha hecho referencia a «una España abierta».