La fulminante convocatoria de elecciones generales oficializada el viernes por Pedro Sánchez ha abierto un nuevo frente en la guerra entre PDeCat y la Crida por hacerse con la herencia de Convergencia. Cuando todavía no está resuelta la fórmula de relación entre el partido que preside David Bonvehí y la organización liderada por Carles Puigdemont, Jordi Sánchez, Quim Torra y Elsa Artadi, ni qué hacer con las candidaturas a Barcelona y el Parlamento Europeo, las dos organizaciones deben decidir ahora cómo presentarse a las elecciones generales.

Unos y otros afirman que la batalla de las generales es obligada para que el independentismo siga siendo decisivo en la formación de mayorías en el Congreso. Y pese a ello, aseguran también que la candidatura a las generales no se trató en la reunión de coordinación celebrada ayer en el Parlament, en la que participaron Torra y Puigdemont -por videoconferencia- junto a Bonvehí, los miembros del Govern neoconvergentes y la dirección del Grupo de JxCat. «La candidatura a las generales no está todavía sobre la mesa», aseguran con inusitada unidad desde la Crida y el PDeCat.

David Bonvehí aseguró el viernes que su objetivo es concurrir a los comicios del 28 de abril con «el máximo espíritu de unidad». La formación propondrá una lista «amplia y transversal», añaden desde el que todavía es el partido de Carles Puigdemont. Pero tienen claro que no aceptarán repetir la fórmula de las elecciones autonómicas, en las que el ex president confeccionó una lista a placer, al margen del partido que puso a su disposición estructura, subvenciones y espacios electorales.

El PDeCat planta cara

«Empezaremos los trámites dentro del partido para analizar la mejor forma para presentarnos, que tiene que pasar desde el máximo espíritu de unidad», defendió Bonvehí. Desde la formación son más contundentes a la hora de dejar claro que, esta vez, será el PDeCat el que decida el cómo y con quién, y después en todo caso estudiará la coalición con la Crida.

No en vano el PDeCat es el propietario de la marca electoral «Junts» y el titular de los grupos parlamentarios en las Cortes -ocho diputados y cuatro senadores- con los beneficios que de ellos derivan en términos de subvenciones y espacios electorales para la campaña. Un patrimonio político que esta vez la parte de la ejecutiva más incómoda con las exigencias de Puigdemont y sus fieles, que representan el propio Bonvehí o  Ferran Bel, quieren hacer valer.

La experiencia del Parlament, donde el PDeCat se ha visto arrollado por los fieles a Puigdemont hasta el punto de que diputados como Marc Solsona o David Font, llamados a tomar el relevo generacional en el partido, están desaparecidos, no se debe repetir, advierten. Los «independientes» de Puigdemont han copado el poder en el Govern -solo la consellera Angels Chacón puede contarse como fiel a la dirección del PDeCat- y el Grupo parlamentario, presidido por Albert Batet y con Eduard Pujol y Gemma Geis como portavoces, todos comprometidos con la Crida.

La dirección de JxCat se ha resistido a compartir con el partido los 3,8 millones de subvención anual del Parlament, y el PDeCat no quiere que se repita en el Congreso

No es sólo una cuestión de nombres. La batalla por el poder entre partido y puigdemontistas llegó a su punto álgido en los meses previos a la formación del Govern, cuando Elsa Artadi presidía el Grupo por delegación de Puigdemont, y controlaba por lo tanto sus finanzas. Se abrió entonces una disputa por el acceso a la subvención parlamentaria, que en el caso de JxCat ascendía a 3,8 millones de euros. Auténtico maná para las maltrechas arcas de los ex convergentes, que Artadi se negó a compartir con el partido que había puesto todos sus medios en la campaña.

Tras meses de grifo cerrado, PDeCat y puigdemontistas pactaron un reparto de los fondos de dos tercios para el grupo y uno para el partido. Pero la dirección del PDeCat no olvida la experiencia, todo un escarmiento en términos de dinero y de los puestos de poder.

Desde la Crida se argumentará, sin embargo, que ellos reúnen hoy por hoy a los principales pesos electorales del entorno posconvergente. Es el caso del propio Puigdemont, Jordi Sánchez o los ex consellers procesados por el 1-O, pero también de Elsa Artadi y miembros del Govern actual. Aunque desde este entorno se insiste en que todavía es muy pronto para hablar de fórmulas electorales, lo cierto es que tras el anuncio de Pedro Sánchez el calendario se les echa encima sin tener todavía cerrada una fórmula de relación.

Bonvehí se comprometió a presentar una propuesta al partido, pero tres semanas después del congreso fundacional de la Crida sigue sin haber fórmula. El presidente del PDeCat juega con la desventaja de que buena parte de los impulsores de la Crida conservan carné del PDeCat, desde Puigdemont a Albert Batet o los consellers Miquel Buch, Damià Calvet y Jordi Puigneró, sin olvidar el papel siempre difuso de los procesados Josep Rull y Jordi Turull.

Si los actuales pesos pesados en el Govern y el entorno de Puigdemont se imponen, será difícil ver de nuevo en el Congreso a hombres como Carles Campuzano y Jordi Xuclá, que en los últimos meses han maniobrado a favor de acuerdos con el PSOE y Podemos, desoyendo los mandatos de Waterloo. Pero la partida está todavía por jugar.