Quim Torra desoirá al Parlament e intentará prolongar la legislatura catalana. La moción aprobada ayer por el Parlament con el apoyo de PSC, Cs, Comunes y PP y la aquiescencia de la CUP, que se abstuvo, no tendrá consecuencias en el corto plazo, pese a que el Govern hace aguas a ojos vista, por su incapacidad de aprobar presupuestos, pero también por la salida de figuras de peso como Elsa Artadi. Hace apenas unos meses el independentismo hablaba abiertamente de una legislatura corta y un nuevo adelanto de las elecciones catalanas en otoño de 2019, coincidiendo probablemente con la sentencia y con el aniversario del referéndum independentista. Pero el adelanto electoral de Pedro Sánchez y las dificultades en el nacimiento de la Crida han trastocado esos planes.

El propio Torra dejó claro, tras el Pleno, que no piensa acatar la decisión del Parlament. En una publicación en su canal oficial de twitter el presidente catalán apelaba a la «mayoría parlamentaria escogida el 21-D» para rechazar la moción de los socialistas. Y se acogía a los argumentos de Josep Costa para rechazar la votación ganada «con el voto de calidad de Llarena» en referencia a la suspensión de los diputados procesados por el instructor del caso sobre el referéndum independentista, que ha dejado a Carles Puigdemont, Jordi Sánchez, Josep Rull y Jordi Turull sin opción a votar por negarse a ser sustituidos  por un diputado de su grupo, como sí han hecho Oriol Junqueras y Raül Romeva.

Más allá de la reacción inmediata de Torra, el Govern se ha esforzado en las últimas semanas por demostrar su voluntad de permanencia con dos mensajes: por un lado, el plan de contingencia prometido hace dos semanas para hacer frente a las urgencias en materia de políticas sociales que quedarán desatendidas por la prórroga presupuestaria. La ampliación de crédito aprobada esta semana para pagar la ampliación de plantillas en sanidad y educación, la paga extra pendiente de 2013 y las subidas de sueldo a los funcionarios es el primer paso.

La segunda pista es la instancia del vicepresidente económico, Pere Aragonés, en que tras el ciclo electoral se plantea volver a abrir negociaciones para la aprobación exprés de los presupuestos de 2019. Aunque el martes hablaba también de la posibilidad de abrir ya el proceso de elaboración de las cuentas para 2020. Un discurso que contradice la intención explicitada hace unos meses por el propio Torra de responder a una sentencia condenatoria del Tribunal Supremo a los líderes del procés con un gesto contundente que muchos interpretaron como un nuevo adelanto electoral para volver a demostrar la fuerza del independentismo.

Sánchez desmonta el calendario independentista

En el cambio de planes del independentismo tiene mucho que ver el adelanto electoral de Pedro Sánchez. El doble ciclo electoral vuelve a arrancar en Cataluña con Esquerra encabezando las encuestas y serias dificultades del PDeCat y el entorno de Carles Puigdemont para pactar las listas, que finalmente se han hecho de nuevo a voluntad del inquilino de Waterloo. La prespectiva de unas elecciones locales y europeas no era tan complicada para los neoconvergentes, puesto que sigue siendo la fuerza con mayor representación local y una fuerte estructura territorial en Cataluña.

Pero en las elecciones generales Esquerra y el PSC se disputan el primer puesto en Cataluña, con JxCat a mucha distancia, según todas las encuestas. Y una derrota en el campo independentista a manos de los republicanos se convertirá en la mejor garantía de que no habrá elecciones catalanas en otoño. Quim Torra es el único que puede convocar elecciones, y si éstas benefician a Esquerra Carles Puigdemont impondrá la continuidad del Govern por muy tentadora que sea la opción de llamar a los catalanes a las urnas en plena digestión de una sentencia condenatoria contra los líderes del procés.

La resistencia de amplios sectores del PDeCat a subsumirse definitivamente en la Crida lanzada por Puigdemont, Jorid Sánchez y Ferran Mascarell -un ex convergente que siempre fue crítico con su partido, un ex militante de ICV y otro ex socialista- también ha puesto en cuarentena los planes iniciales de Puigdemont y su entorno más próximo. De momento, el ex president se ha impuesto de nuevo a la dirección del PDeCat en la confección de las listas, barriendo a los moderados de la candidatura al Congreso.

Pero ese sector que aspiran a liderar Marta Pascal, Carles Campuzano o Jordi Xuclà, todos damnificados por el hiperliderazgo de Puigdemont, no renuncia a dar la batalla por la pervivencia del partido que, jurídicamente, sigue siendo el único componente de la candidatura de JxCat, a la que los numerosísimos nombres de la Crida de han sumado formalmente «a título personal». Los resultados de las elecciones generales y municipales serán el barómetro que decida si este sector plantea batalla el próximo verano o da por perdido el partido heredero de Convergencia.