Los movimientos de Pablo Casado en Castilla y León, feudo del Partido Popular desde hace 32 años y caladero de escaños para el partido con sede en la calle de Génova, están desquiciando la formación a nivel interno. No solo se trata ya de la división en tres de las derechas que dejarán al PSOE en primer lugar en muchas de las circunscripciones -tanto en las elecciones generales como en las autonómicas- tradicionalmente conservadoras de Castilla La Vieja; sino de los movimientos del presidente del PP -oriundo de Palencia- colocando a afines y relegando a históricos o a dirigentes que han sido avalados por la militancia en primarias.

El caso más sonado fue la salida de la hasta hace un mes y medio presidenta de las Cortes autonómicas, Silvia Clemente, quien se pasaría a Ciudadanos y protagonizaría un escándalo en forma de pucherazo todavía más peliagudo que su marcha del PP; pero más allá de Clemente, la tensión entre la Ejecutiva nacional y los dirigentes provinciales ha sido constante desde Navidades. Este lunes las listas al Ayuntamiento de Valladolid y a la Junta quedaron completamente trastocadas tras el dedazo de Génova: el hasta ayer número dos al Consistorio pucelano y presidente de la Diputación provincial, Jesús Julio Carnero, pasó a liderar la lista por Valladolid a las autonómicas, encabezadas por el ex alcalde de Salamanca Alfonso Fernández Mañueco.

Carvajal, fichaje de NNGG

La razón del cambio hay que encontrarla en Madrid: Casado ha ordenado que una persona de su confianza, Borja García Carvajal, se presente en puestos de salida en las locales. Se da la circunstancia de que Carnero se impuso holgadamente a Carvajal hace justo dos años en las primarias por liderar el PP de Valladolid. Carvajal y Casado se conocen de Nuevas Generaciones. El lenguaraz regidor vallisoletano, el socialista Óscar Puente, no ha desaprovechado la ocasión de tildar al nuevo fichaje del PP de «concejal irrelevante».

El movimiento de Pablo Casado ha tenido consecuencias imprevistas. Según la prensa regional, la directora general de Universidades y candidata a las Cortes Pilar Garcés; el secretario general del PP en Valladolid Luis Miguel González Gago y el delegado territorial de la Junta en Zamora, Alberto Castro, habrían presentado su dimisión la semana pasada. En la ciudad del Pisuerga tal ha sido el desbarajuste que la candidata a la alcaldía, la moderada Pilar del Olmo, ha salido públicamente a pedir perdón. Su segundo en la lista pasa ahora a ser  José Antonio de Santiago-Juárez, conocido como El Pica, alguien leal a Juan Vicente Herrera, que ayer ofició su último acto institucional como presidente castellano-leonés tras 18 años al mando.

Cascada de dimisiones

Varios militantes han puesto el grito en el cielo porque se han quedado descolgados dirigentes como el portavoz del PP en las Cortes Raúl de la Hoz, el mencionado González Gago o el histórico Ramiro Ruiz Medrano, actual presidente en funciones de las Cortes y alguien que lo ha sido todo en la política autonómica. Figuras tenidas por valiosas cuyo rastro ha desaparecido a última hora: el pasado 13 de abril Casado visitó Valladolid y ofició un mitin. Todos los ahora afectados allí presentes jamás imaginaron que su posición como candidatos iba a variar apenas una semana después. Ni siquiera Carnero, que se dejó ver con el líder del PP junto a la Iglesia de San Pablo.

Además, no es el primer choque entre la dirección nacional y los territorios de Castilla. En diciembre, Génova impuso como candidato a alcalde de Segovia a Pablo Pérez. Supuestamente, el candidato de consenso era José Luis Sanz Merino, pero Casado prefirió tirar de Pérez, nacido el mismo año que Carvajal (1984) y también procedente de la rama juvenil del PP. Simultáneamente sucedió lo mismo en Ávila, donde se ordenó nombrar a Sónsoles Sánchez-Reyes candidata a la alcaldía frente al presidente de la diputación abulense Jesús Manuel Sánchez Cabrera, favorito de las direcciones provincial y autonómica. Sánchez Cabrera lamentó que se hubiera «hecho mal todo».

Otro de ‘Nuevas’ en Ávila

Atrás han quedado las peleas entre el presidente saliente Juan Vicente Herrera y Mariano Rajoy, dos dirigentes enfrentados internamente a pesar de no estar tan alejados en lo ideológico. También se reprodujo el conflicto entre Soraya Sáenz de Santamaría -sostén de Fernández Mañueco- y Dolores de Cospedal, respaldada entonces por Silvia Clemente: Cospedal ha caído vinculada con casos de espionaje para los que quiso contratar al comisario Villarejo y Soraya se ha pasado a la empresa privada. Ahora la guerra interna la entablan los viejos contra los jóvenes casadistas.

Si Casado logra un mal resultado en el mayor feudo del PP, donde José María Aznar se impuso por la mínima al PSOE en 1987 -fecha desde la cual los populares gobiernan-, los cuchillos volverán a aflorar. En esta comunidad los dirigentes populares son silentes y aplicados, una fórmula que le ha valido al PP de Castilla y León para ser hegemónico más de tres décadas y coleccionar mayorías absolutas. Un estilo del que Juan Vicente Herrera es paradigma. Y aunque en los mentideros del partido se recela de la receta liberal de Ciudadanos -una región en franca despoblación, necesitada de ayudas y medidas sociales como subvenciones al transporte escolar-, Vox, suspiran muchos cuadros, Vox puede ser otra cosa el 28-A.