Ya pasó con la irrupción de Ciudadanos y Podemos. Más si cabe ahora con Vox. El bipartidismo ya no existe y la política española la ha sustituido por la bicefalia de bloques. De cara a las elecciones generales de este domingo, tanto encuestas como votantes acuden a las urnas con una misma idea: lo que dirimirá el escrutinio será una batalla entre izquierda y derecha en la que las siglas se diluyen.

Históricamente, la suma de estos bloques ha tendido claramente al equilibrio. Así fue en las primeras elecciones de la democracia, especialmente en las de 1979, cuando izquierda (42,98%) y derecha (43%) registraron un empate casi total. Las posteriores presidencias de Felipe González consolidaron un dominio socialista en escaños y votos, aunque la única vez que la izquierda superó el 50% de papeletas en las urnas fue en su mayoría absoluta de 1982.

La derecha, durante muchos años encarnada sólo en el Partido Popular, nunca ha llegado a esas cotas. Lo rozó con la victoria de Rajoy en 2011, tras siete años de zapaterismo, pero perdió más de siete puntos en cuatro años. El nacionalismo, durante estas cuatro décadas de elecciones, ha mantenido una tendencia muy estable. Especialmente entre 1989 y 2004, cuando se mantuvo muy estable alrededor del 10%. En los últimos comicios, sin embargo, el voto nacionalista encontró un refugio en Podemos -que ganó en Cataluña y País Vasco- y cayó hasta el 6,93%.

Así evolucionaron las encuestas

Este domingo, las encuestas pronostican una clara victoria de Pedro Sánchez, que podría repetir presidencia pese a que la izquierda, según las últimas encuestas publicadas antes de la prohibición que establece la Ley Electoral, se situaría poco por encima del 43%, contando la suma de PSOE y Podemos. Sánchez sería el presidente socialista menos apoyado ideológicamente en las urnas, lejos de los registros de Felipe González y también de los de José Luis Rodríguez Zapatero.

Y eso pese a que la expectativa electoral del PSOE es la que más ha mejorado en los últimos meses. Tras el fracaso de Susana Díaz en Andalucía el pasado 2-D, la media de encuestas situaba al PSOE en el 23,7% de intención de voto a nivel nacional. Sin embargo, las apelaciones de Sánchez al voto útil «contra la ultraderecha» se han ido reforzando durante estos meses, y especialmente tras el anuncio oficial de la convocatoria electoral. Este lunes, al cierre de todas las encuestas, había consenso en situar al PSOE alrededor del 29 y el 30%. Un resultado enorme para el PSOE en un escenario de ‘pentapartidismo’, pero que consigue a costa de la caída de Podemos. Queda por ver cómo han afectado los dos debates de esta semana en el ánimo de los votantes.

En la otra parte del tablero, el mayor pinchazo ha sido el de Ciudadanos, que en cinco meses ha pasado de estar por encima del 20%, e incluso ser primera fuerza según algunas encuestas, hasta batallas por mantener el 15%. Al cierre de encuestas se situaba en empate técnico con Podemos e incluso dentro del margen de error para ser superado por Vox. El partido de Santiago Abascal, que creció rápidamente tras las andaluzas, registró sin embargo un estancamiento en todas las encuestas, que no le han llegado a poner por encima del 13% en ningún momento.

Participación alta, pero no histórica

Unos y otros apelan a la movilización como herramienta decisiva para decantar el resultado de este domingo. Aunque no hay visos de que la asistencia a las urnas vaya a ser histórica. La mayor parte de las encuestas proyectan una participación del 70%, muy en la línea de la participación habitual en elecciones generales. El dato parece alto en comparación al 57% de las andaluzas, pero queda lejos del 80% de la primera victoria de Felipe González y del 77,38% del primer triunfo de José María Aznar.

En ese sentido, hay varios sectores sobre los que cabe analizar una potencial desmovilización. Por un lado, la izquierda desencantada con Podemos, que constituye una de las mayores bolsas de indecisos: dudan entre Iglesias, PSOE como voto útil o quedarse en casa. Otro de los principales segmentos conflictivos es el del centro-derecha, tal y como reflejó el sondeo realizado por DYM para El Independiente. Entre estos votantes hay no sólo indecisión, sino también una enorme fluctuación de voto e incluso riesgo de desmovilización si da por descontada una victoria inevitable de Sánchez. En este sentido, tanto PP como Vox llevan días agitando una cierta sensación de euforia y sorpresa para tratar de evitar precisamente eso.

Fragmentación del voto

Los partidos de la derecha, sin embargo, continúan tirándose los trastos a la cabeza a cuenta del voto útil y la amenaza de que la fragmentación del voto acabe favoreciendo al PSOE en la mayoría de provincias, especialmente las más pequeñas. Sin embargo, no está ni claro ni confirmado que esto vaya a suceder así: el PSOE debería superar ampliamente el 30% en la mayoría de esas circunscripciones para conseguir doblar al tercer o cuarto partido, dejándoles sin escaños. Complicado, especialmente si se confirma el repunte de Podemos en la última semana del que advierten los analistas.

Pese al interés demoscópico de esto, no obstante, el grueso de la elección seguirá estando en las grandes circunscripciones como Madrid y Barcelona, del que dependerán, por ejemplo, el despegue o no de Vox, el mantenimiento o no de Ciudadanos y la hegemonía dentro del independentismo entre ERC, Junts per Catalunya o el Front Republicà de Albano Dante-Fachin.