Manuel Valls, candidato a la alcaldía de Barcelona con una plataforma liderada por Ciudadanos, confía en el “tirón” electoral de Inés Arrimadas para despegar en las encuestas en la recta final de la campaña a las municipales. Pero no en el líder del partido, Albert Rivera. Consciente de que Arrimadas sigue siendo el referente naranja en Cataluña y de que Rivera es visto ya como un líder centrado en arrebatar el liderazgo de la derecha al PP, el equipo del candidato está convencido de que la clave para recuperar el voto que dio la victoria a Cs en Barcelona en las elecciones autonómicas de 2017 está en la ya ex líder de la oposición en Cataluña.

La explicación es sencilla. En su puja por el liderazgo del centro-derecha, Rivera poco puede actuar como reclamo electoral en los distritos de Nou Barris, Sant Andreu y Sant Martí, que el equipo de Valls considera claves para las aspiraciones del candidato naranja. Distritos tradicionalmente socialistas, que en 2015 apoyaron masivamente a Ada Colau, certificando la derrota del PSC, y que en las autonómicas se decantaron por Cs como garante contra el independentismo.

En esas elecciones, los naranjas se impusieron en Nou Barris, Sant Martí, Sant Andreu o Sants, bastiones tradicionales del socialismo que se pasaron a Ada Colau en las anteriores municipales. Y en ese componente contrario al independentismo confía Valls en los distritos más poblados de la ciudad para frenar las aspiraciones de ERC y Barcelona En Comú. Lo hará en dura competencia con los socialistas, aupados por la victoria de Pedro Sánchez en las generales.

Corbacho, la otra baza contra el PSC

En esos barrios, Valls prepara una campaña con mucho protagonismo de Arrimadas y el ex ministro socialista Celestino Corbacho, su otra baza para deshacerse de la etiqueta de “pijo” y “candidato de las élites” que Colau y el independentismo le han colgado. En 2015, Gerardo Pisarello fue la baza de los Comunes en los barrios con más inmigración latina, y Carmen de Andrés la de los socialistas en los distritos populares. Corbacho y Arrimadas lo serán esta vez de Cs. “No hemos dicho que no queramos a Rivera” advierten desde la candidatura, pero no tiene el mismo tirón en los barrios en los que se dará la batalla clave.

El ex primer ministro francés que aterrizó en la campaña barcelonesa con el objetivo de frenar el paso al independentismo en la capital catalana mejora las expectativas de voto de Cs, según las encuestas, pero no obtiene de momento el respaldo esperado. Las encuestas dibujan un escenario muy parecido al de los resultados de las generales, aunque mejoran las expectativas de Ada Colau, a la que sitúan como segunda por detrás de Ernest Maragall y por delante de Jaume Collboni (PSC) y el propio Valls. Todos separados por un regidor de diferencia, de ahí la importancia de esta recta final de campaña.

En las generales del 28-A Barcelona quedó dividida a este y oeste entre republicanos y socialistas, mientras Cs, que creció respecto a las generales de 2016, se contentaba con ser cuarta fuerza por detrás de Podemos. ERC logró imponerse en Sants-Montjuïc (25%), Les Corts (23,3%), Sarrià-Sant Gervasi (18,7%), Eixample (25,5%) y Gràcia (28,3), los socialistas lo hicieron en Ciutat Vella (25%), Horta-Guinardó (24,6%), Nou Barris (31,4%), Sant Andreu (24,5%) y Sant Martí (24,7%).

El gran resultado de Esquerra en los bastiones tradicionalmente de CiU, y por tanto de derechas, es el otro factor que inquieta a Valls. Esta por ver si ese voto, explicado básicamente por el eje independentista, se mantiene en las elecciones municipales, aunque la apuesta de los republicanos por Maragall, un candidato que remite irremediablemente a su exitoso hermano, favorecer a priori que se mantenga el trasvase de votos ex convergentes.